¿QUÉ BENEFICIOS SE OBTIENEN AL MATRICULARSE EN UN TALLER LITERARIO?

Preguntas como esta, o tales como:
- ¿Es bueno matricularse en un taller literario?
- ¿Qué me aporta el matricularme en un taller literario?
- ¿Seguro que se puede aprender a escribir en un taller literario?

Preguntas similares y muchas más las he estado escuchando los últimos seis años, los que tiene de vida el taller.
A quienes me las hacían, bien por correo electrónico, bien por teléfono, traté de sacarles de dudas lo mejor que supe o pude.
He de decir que, como tallerista que fui durante más de ocho años en uno de los más antiguos aparecidos en la ciudad de Madrid, más dos cursos en una escuela de prestigio diré que:
1.- Los genios literarios, salvo muy raras excepciones no nacen, se hacen a base de esfuerzo y trabajo constante (al igual que cualquier trabajador en la disciplina que sea: para ser realmente bueno es preciso constancia y trabajo).
2.- En todas las universidades anglosajonas, los talleres literarios son una asignatura más en las facultades de letras.
3.- Cualquiera que sepa redactar medianamente bien, y que tenga inquietudes literarias, puede ser un magnífico alumno.
4.- A un taller literario hay que llegar con humildad y con el pensamiento de que se va a aprender, no creyéndose de entrada un Cervantes o mejor que el insigne alcalaíno porque será un pésimo alumno que no se dejará corregir, se aburrirá y entorpecerá las clases.
5.- Quizá este punto debí ponerlo en el 1º o 2º lugar. Escribir es: CORREGIR, CORREGIR, CORREGIR y CORREGIR, de tal modo que el texto quede pulido, tanto como una pista de patinaje por la que, el lector, deslice la vista y no se encuentre obstáculo alguno que le haga desechar la obra que tiene entre manos bien por aburrimiento, falta de comprensión, exceso de rimas...
6.- Y por último, para no aburrir como pongo más arriba, quien desee escribir, llegar a tener un estilo propio, debe leer mucho y bien, es decir: beber de los autores clásicos y contemporáneos pero no sólo ir a conocer el argumento, sino ver las figuras retóricas empleadas, el tono, el estilo, las formas de lenguaje... Es necesario hacer un estudio en profundidad e, incluso, intentar parecérsele (con los ejercicios de intertextualidad) y, cuando menos se lo espere, habrá llegado, si no a la cumbre, sí a empezar la escalada de esa montaña que, aunque parezca que no, se conseguirá con tesón.

Un saludo, Juana Castillo


viernes, 7 de mayo de 2010

V Concurso de Relato Breve "José Luis Gallego" 2010 - Finalista Categoría Adulto

Javier Molina Palomino, tras recoger su diploma,
dirige unas palabras al jurado
EL VISITANTE
Javier Molina Palomino -
Madrid (España) - Categoría Adulto

Miro el calendario y compruebo que hoy me toca a mí. Así que salgo de casa para limpiar la barbacoa de la comunidad, como me corresponde según el cuadrante que hicimos en la última reunión de vecinos. Y enseguida noto un olor como a farmacia cuando paso por el rellano de la escalera. No se debe al desinfectante que llevo en el cubo. Tampoco a ese ambiente de plegaria y almas errantes que, según dice mi novia, se me impregna en la ropa por mi trabajo en la funeraria. Es tal vez algo más dulzón y embaucador. Pero cuando vuelvo la cabeza para detectar su origen, veo una sombra que ya ha doblado la esquina, escaleras arriba. Así que vencido por la curiosidad, dejo el cubo en el suelo y subo tras ella. A los pocos segundos la alcanzo pero decido mantener la distancia sin dejarme ver cuando distingo las ropas que viste esa persona tan extraña: encapuchada y con una larga túnica negra que le arrastra por el suelo; y a su espalda, colgada en bandolera, una guadaña de hoja afiladísima y sin muescas. Un latigazo de aire gélido me recorre la espina dorsal. Porque no sé si es un bromista que se ha tomado vísperas con tiempo, dado que es mañana el entierro de la sardina y no hoy; o bien, es que es cierto que la imagen de la muerte con que siempre se la ha representado durante siglos, se ajusta a la realidad que acabo de ver. En cualquier caso, la sigo con sigilo.
Falta un tramo de escalera para llegar al tercer piso y entonces me acuerdo de esos días de vino y rosas que viví junto a Elvira en el 3º C. Tiempos felices y tiempos lejanos. La relación no funcionó por esos caprichos que a veces tiene la vida: un capricho de nombre Ángela y con domicilio en el 5º A de este mismo bloque. Y uno, que es débil, sucumbe a la tentación. Elvira no lo soportó y después de años de depresiones la semana pasada intentó desaparecer de este mundo con una ingesta de fármacos, suficiente para anestesiar a toda una manada de elefantes. Ahora entiendo que es posible que la muerte haya acudido a una nueva cita con Elvira, porque el olor a medicina que la cosechadora de almas exuda con el esfuerzo físico al subir las escaleras, se agudiza cuando nos aproximamos a su puerta. Después de todo, siento compasión por ella, y un enorme alivio por que termine de una vez esta absurda agonía.
Pero cuando llegamos al rellano de la tercera planta, el siniestro visitante enfila sin titubeos el siguiente tramo de escaleras en busca de la cuarta. Estoy a punto de tirarle de la capa y señalarle el camino al 3º C, pero en el último momento decido no entrar en cuestiones que no me atañen, no vaya a ser que cambie de parecer y desenfunde la guadaña para segar mi alma. Desde luego, tiene una determinación a prueba de escalones y no entiendo por qué demonios no ha tomado el ascensor. Yo apenas le sigo con la lengua fuera. Estamos a punto de llegar al rellano de la 4ª planta y ahora sé que ha venido a llevarse el alma de Baltasar, que vive en el 4º B. O mejor dicho, que sobrevive allí tras la apoplejía que lo postró en la cama hace seis años. Ahora tiene ochenta y dos y muy poco ya que aportar a su familia y sus vecinos, salvo mucho sufrimiento y todavía más gasto a la seguridad social. Se ha detenido al llegar a la cuarta planta y parece dudar. Yo me sitúo seis escalones detrás, parapetado tras la baranda. Le veo sacar una hoja de papel de la manga, como si buscase confirmar la dirección de su víctima antes de cumplir su trabajo. Desde luego, es un profesional porque sabe que cuando termine de hacerlo, ya no habrá vuelta atrás.
Entonces, para mi sorpresa, guarda la hoja de papel y encara el tramo de escalera que lo llevará al quinto y último piso de la comunidad. El corazón se me viene a la garganta y ya no me importa hacerle notar mi presencia. Es más, subo los escalones de dos en dos y voceo el nombre de Ángela (¡Ángela de mi vida!), para avisarla de que no abra la puerta a nadie. Sé que es ella quien está ahora en peligro, pues la suya es la única vivienda que está ocupada en el último piso. Un aire gélido me zarandea el cuerpo cuando llego al rellano de la quinta planta. La puerta de la casa de Ángela está abierta de par en par y no hay rastro del visitante de la túnica negra, que ya ha debido entrar en la casa como alma que lleva el diablo. Entro yo también y grito con todas mis fuerzas.
- ¡¡Ángela, Ángela!!
Recorro toda la casa, habitación por habitación, pero no da señales de vida. He buscado en todos los rincones, salvo en la terraza, a la que se llega desde el salón. Veo que la puerta está abierta y voy hacia allá, rezando para encontrarla sana y salva. La terraza está acristalada y no es muy grande, así que sólo necesito una ojeada para ver a Ángela recostada junto al ventanal. Quiero creer que duerme plácidamente en espera de mi calor y mi beso para resucitarla. Corro hacia ella, pero tropiezo en una de las sillas (ya le dije que no me gustaban cuando las compró) y pierdo el equilibrio. Me voy sin remisión contra el ventanal, que no soporta el choque y cede a mi peso.
Ahora que estoy cayendo desde veinte metros de altura escucho la voz de Ángela, que se ha despertado con el estruendo. La oigo gritar mi nombre y lo mucho que me quiere. Miro hacia abajo. Junto a la barbacoa, el hombre de la túnica negra parece sonreír mientras saca brillo a la guadaña, con la misma parsimonia con que el psicópata hace sufrir a su víctima antes de asestarle el golpe de gracia. El olor a medicina se va haciendo más insoportable.
Intuyo que hoy será otro quien limpie la barbacoa.
Nota.- Los relatos están copiados tal y como llegaron al concurso, sin corrección ortográfica ni estilística.

V Concurso de Relato Breve "José Luis Gallego" 2010 - Finalista Categoría Adulto

Imagen obtenida en Internet
Olga y Juan
Fernando Ros Marí - Madrid (España)


Queridos hijos:
Si estáis leyendo ahora esta carta es que por fin Olga se acuerda de las cosas; que no ha perdido la memoria completamente, como muchas veces vuestra madre y yo pensábamos que iba a suceder y que gracias a Dios los dos seguís llevándoos bien. Obligamos a Olga a que nos prometiese, como hermana mayor que era, que cuando pasaran exactamente 25 años, es decir, en marzo del año 2.010, te llamaría a ti Juan, y sólo y únicamente cuando estuvieseis juntos los dos, abriríais esta carta. Os tengo que decir que se me hace raro que me estéis leyendo cuando probablemente, nosotros dos ya estemos muertos, pero a la vez me da cierto cosquilleo el pensar que al menos habremos encontrado una forma de comunicarnos. Si os parece, vamos al grano: Vuestra madre se enteró hace un par de semanas, de que la Asociación de vecinos, había convocado un pequeño concurso literario en el que se animaba a la gente a escribir sobre el futuro del barrio. Nada más llegar a casa esa noche, me lo contó entusiasmada. Durante el postre, me aclaró lo que pensaba y cómo creía ella que iba a ser nuestro barrio dentro de 25 años. A mí, a pesar de lo poco que le gusta a vuestra madre que le lleven la contraria, se me ocurrió abrir la boca. Le dije que yo veía el barrio en el futuro, casi de una forma completamente opuesta a como lo veía ella. Le dije, que el barrio en el que iban a vivir nuestros hijos y nuestros nietos no tenía nada que ver con lo que a ella le gustaría, sino con lo que realmente será. Pero lo dije mirando al periódico, os lo juro. La dirección de la mirada poco sirvió esta vez… y se montó el follón. Total que a las dos de la madrugada todavía estábamos discutiendo. Dios no lo quiera, pero yo le decía que no esperara nada bueno. Los inmigrantes serán cada vez más y eso desatará las envidias latentes hacia todo lo que viene de fuera. La historia se repetirá y no será fácil para ellos la convivencia. Serán huérfanos de cariño, menospreciados y tratados injustamente la mayoría de los casos. Si se buscan culpables, ellos serán los primeros en aparecer en las quinielas. No todo acabará ahí. Leía esta mañana en el periódico, que tardaremos más en morirnos. Ya me estoy imaginando las calles llenas de viejitos, sin poder sortear a penas las cacas de los perros que poco a poco van adueñándose de las calles, sin oír a penas las voces de los niños un domingo por la mañana, que es el termómetro que marca cuánto de vivo está un barrio. La charcutería de Lolo habrá desaparecido, ya hoy se está quejando de que no puede competir con las grandes superficies, además su hijo no quiere saber nada del negocio. Trabajar tantas horas para ganar tan poco, no es una herencia agradable. Me gustaría pensar que son nuestros jóvenes los que nos salvarán de todo esto, pero al parecer sólo se comunican con una pantalla de por medio y así será difícil.
Ella insistía en que nuestro barrio se convertirá en una encantadora mezcla. Los chinos tendrán abiertas las tiendas para que las cosas que antes se te olvidaban, ahora puedas tenerlas con sólo acercar tu mano al bolsillo. Conoceremos fiestas y costumbres que antes sólo veíamos en películas y eso nos hará ser mejores personas y más comprensibles con lo que le pasa al mundo. Que si tardamos más en morirnos, dice que será para disfrutar más de nuestros nietos. Que entonces la figura de los mayores estará mucho más valorada, como en las tribus de África del libro que ahora está leyendo. Que no, que me dice que no desaparecerá la charcutería del Lolo. Que sí. Que está pasando por un bache, pero que se recuperará. Que la gente sabrá apreciar lo que te da el Lolo, no por el chope que lo tiene buenísimo, sino porque sabes que además puedes contar con él, y no te hace falta ver su nombre en una chapita, porque ya lo conoces desde hace más de diez años y eso dice, que la gente lo valorará. Y que los jóvenes gracias a esas pantallas de las que yo tanto me quejo serán capaces de conseguir cosas que nosotros no somos capaces de imaginarnos. De repente, a vuestra madre, se le ocurrió una solución al importante conflicto familiar desatado. Y como sabéis que siempre ocurre, me convenció. Se trataba de que cada uno, escribiera su propia carta, donde contaría su idea sobre cómo sería el barrio en el futuro, para que fuera el jurado del concurso el que dirimiera quién de los dos, se acercaba más al verdadero futuro del barrio. Y ahora viene lo más gracioso. Al día siguiente concluía el plazo límite para entregar las cartas. Yo había quedado con vuestra madre en que al salir del bar del Ernesto, donde había quedado con los amigos para celebrar el cumpleaños del tío Julián, me pasaría por la Asociación de vecinos y entregaría nuestras cartas. Pero se me olvidó. De vuelta a casa, no hacía más que pensar en qué le iba a decir a vuestra madre... menudo disgusto para ella. Menuda bronca para mí. Afortunadamente el hada de la inspiración bajó a rescatarme. Cuando llegué a casa, aparentando una febril excitación cogí a vuestra madre de la mano y la llevé hasta el salón. Allí, justo debajo de la lámpara que nos regalaron vuestros abuelos, le dije que había tenido una idea más bonita para las cartas. ¿Por qué no las guardamos hasta que las puedan leer los niños y que sean ellos los que decidan quién se ha acercado más a la realidad? Y como siempre que se le hablaba de sus niños, el milagro y mi salvación se consumaron. Ahora tenéis en ese sobre que acabáis de abrir, otros dos sobres uno, con la carta de vuestra madre y otro con la mía. Pagaría por veros, en el momento exacto que os asoméis a la ventana, después de haber leído las cartas, para decidir quién ha sido el ganador. Estaba dándole vueltas a cómo sería posible que nosotros nos enteráramos del resultado y se me ha ocurrido una tontería pero que a vuestra madre le ha hecho mucha ilusión. La carta que haya ganado, la atáis a un globo y la dejáis que suba hacia arriba. Ya la intentaremos recuperar nosotros. Ha sido muy bonito volveros a decir cosas, sentiros tan cerca y tan unidos. No os olvidéis nunca de que os queremos mucho.


---o0o---

Nota 1.- Los relatos están copiados tal y como llegaron al concurso, sin corrección ortográfica ni estilística.

Nota 2.- Como el autor no pudo estar en la entrega de premios, envió esta carta. Fue leída durante el evento y la añado a continuación:


"Hola Juana:
Gracias por el mensaje. Ya sólo ser finalista te hace sentirte un poquito más cerca de ser escritor, y eso me gusta mucho.
Lamentablemente no podré estar el día 22 porque tengo un trabajo al que no puedo faltar.
Me encantaría disfrutar esa tarde con vosotros y ten por seguro que me estaré acordando de que estáis juntos y de que hay gente que disfruta contando historias a los demás. Mi agradecimiento sincero por haberme propiciado una bonita ilusión.
Soy de Valencia, vivo aquí con mi primo, la única persona con la que tengo suficiente confianza en Madrid como para pedirle que fuera a la entrega... pero tampoco puede, con lo que... misión imposible.
Lo dicho, muchas gracias de verdad y ha sido un placer participar en vuestro concurso.
Si que te querría pedir un favor. Me gustaría poder leer los relatos ganadores... ¿los publicaréis en algún sitio? ¿Cómo podría acceder a ellos? Lo dicho, muchas gracias por todo.
Lunes, 19 de abril, 2010 Fernando Ros. Autor de Olga y Juan".

V Concurso de Relato Breve "José Luis Gallego" 2010 - Finalista Categoría Adulto

Iquitos (Perú) - Imagen obtenida en Internet
CAUSA DE ADHESION
Javier-Alejandro Mariscal Crevoisier - Surco (Lima - Perú)



Fue de Lidia de quien yo escuché la palabreja, si bien Fernanda y el muchacho de los recados, el del nombre siempre escurridizo, miraban de una forma que era más palpable que si hablaran a voz en cuello. Yo voy por la adhesión, y lo que haya que ver, eso vi. Carmela terminó de repantigar sus dudas y dejarlas allí, allanadas en el tibio olvido de aquello en lo que preferimos no escarbar tanto que hallemos algo que a la larga no nos guste. Rómulo Gracián había dejado en un par de frases las cosas bien en claro, acaso añorando algún rezago de su espíritu socialista y rebelde, ajeno a las canas que adornaban sus sienes y algunos mechones sueltos; creí entonces de inmediato que Lidia lo oyó de él y se encargó de confirmarlo.
Tito (eso es, Tito ¿o Lito? ¿Fito?, qué ingrata la memoria) me había dejado el periódico en el zaguán, poco antes de aquello. No he querido comentarlo, pero desde la noche anterior yo arrastraba un pálido presagio; sé que a posteriori es fácil recordar vaticinios sobre lo ya ocurrido, pero puedo jurar por los clavos de Cristo que esa noche mi reflejo en el ventanal del segundo piso me estremeció de pies a cabeza. Soledad, mi nieta, volvía a casa de una cena de amigas, no adiviné que mi angustia repentina nada tenía que ver con ella; con alguna ansiedad la esperé en la calle. Me estoy distrayendo, ya sé, pero a mi edad las ideas se entrecruzan como rutas de trenes incesantes; decía que el muchacho pálido se dirigía a la casa de enfrente, a lo de Carmela, que esperaba en la puerta envuelta en ese horrible pijama; ella también oyó los gritos. De mi azotea, en el segundo piso, yo recogía la ropa. Unos metros más allá, salía rauda Fernanda Gracián, la castañita que cortejaba Braulio, el muchacho de la vuelta; muchacha imposible desde que le dieran el puesto en lo del estudio. El pobre Braulio se equivocó al dejar a mi Soledad, pero los hombres funcionan de ese modo y no de otro. La mujer de Arrús alguna vez había llorado en mi casa, Soledad se había indignado por su terca resistencia a denunciar al patán que tenía por marido; yo no traté de convencerla. Tenía el miedo brotando por los poros, como un olor, una sombra; sus pasos y su voz expresaban algo más triste que el dolor. Sabe Dios de los motivos de cada uno, me dije. Era sabida la afición del marido por las mujeres de la calle, por el licor y los puños; años atrás recibió la demanda de Camilo, el de la casa de fachada gris, cuando recibiera una gratuita golpiza en la tienda del oriental amable. Habían tenido un hijo, que por eso de las modas se había dejado contagiar de manías de peluquero y otras algo más sórdidas; el padre lo echó de la casa hace tanto que ya no recordamos casi, ni yo, que he visto de críos a varios de los que hoy se pavonean en sus autos y sus trajes de domingo. Veíamos a la mujer barriendo su calle, haciendo las compras con la mirada baja y triste; a veces la ignominiosa mancha oscura en algún lado del rostro. Me cruzaba con ella en lo del oriental, a veces en el rezo; empezó a saludarme alguna tarde y yo empecé a invitarla a casa. Rómulo creía que podía intervenir, alguna vez Soledad tuvo que disuadirlo de golpear a la puerta de los Arrús, luego de ver al hombre tambaleándose al entrar a la casa , y desde el balcón gritarle a la mujer, en la calle, amenazándola; Soledad le había dicho que se refugie aquí, conmigo, pero era tal el terror y tan fuerte la angustia que prefirió el martirio y se fue a recibir los gritos y tal vez los golpes desde dentro de sus propios muros, muros de algo más que ladrillo y cemento. Ignoro por qué ella no lo abandonó a tiempo, las cosas de una mujer son siempre secretas, no importa cuánto la conozca una; esa mañana, luego de recibir el periódico, ni yo ni nadie se hubiera formado la imagen de Mariano Arrús volando por los aires, empujado por su frágil mujer desde el balcón de su tercer piso, echando a perder buena parte del cráneo desparramado sobre la acera, frente al primer piso que alquilaban. Como dije, yo recogía la ropa, y no evitaba el viento en contrario que se oyera la discusión feroz, el hombre en mangas de camisa, acodado en el balaustre, necio, casi indolente; la furia hecha mujer que surgió de dentro de la casa y de un empellón hecho de rabia y rencores largos y guardados derribó al grueso bulto que fue a salpicar la calle. Yo, ¿ya lo mencioné?, recogía la ropa. Y lo seguí haciendo, apenas si mirando de reojo a los otros, a Carmela tapándose la boca en un grito contenido, al muchacho (Tato, Tito), a la Gracián que se metía a su casa más rápida que si la persiguieran, a contarle a su padre, a Rómulo, que salió de su mano, mirando y comprendiendo de golpe; Lidia salió tras ellos y también se llevó la mano a la boca; vaya si es una manía en la gente. Después supe que a la derecha, algunos números más allá, regando el jardín, estaba Don Luciano, el policía retirado; no había visto la caída pero volteó el rostro en el momento del golpe y el estrépito. Y todos vimos allí, derrumbada sobre el balcón, la figura llorosa; sé que todos notaban el hilo de sangre en la boca, el labio amoratado; fue el momento en que sentí la llamada de Rómulo haciendo gestos furiosos con la mano, lo vi también llamar a Don Luciano, Carmela siguió petrificada. Después me contó Carmela que, como yo adivinara, fue Rómulo quien lo propuso diciendo algo así como esta es una causa de adhesión, señores, y lo secundó Don Luciano, su compañero eterno de ajedrez, con esa firmeza que tienen los policías que uno sabe que fueron honrados, reafirmando y anotando que pensemos rápido, que nos ve alguien más y se acabó la farsa, y Carmela con la boca en la mano o la mano en la boca, váyase a saber, que yo me adhiero, y que sea lo que Dios quiere, cuando por fin bajé las escaleras y alcancé al grupo. Me bastó mirarlos para entender, una está vieja pero algo sabe del mundo, no fue difícil entender que sería yo la que le explique a la mujer de Arrús lo que habíamos decidido, lo que en adelante sería la verdad, al menos para los que no vieron el cuerpo manoteando en un esfuerzo vano, la mujer en lo alto empezando a desmoronarse. Ella no aceptó al principio, era como si el temor la persiguiera más allá de la muerte del hombre; de a pocos le hice entender que habíamos visto todo, cómo el hombre había saltado, tal vez intoxicado, o con los rezagos de la embriaguez de la noche previa; con marcada serenidad Don Luciano se ocupó de las preguntas que hizo más tarde la policía. Yo ayudé un tantito, incluso el oriental quiso participar; algo mencionó sobre el hombre violento y arrebatado, siempre irascible, impredecible; Rómulo y su hija confirmaron y sellaron el círculo. El muchacho (Tito: eso es, Tito) demostró su talante con madurez; incluso Soledad quedó deslumbrada, si no fuera porque el muchacho es un par de años menor, bueno, quién sabe. A veces viene a cenar aquí la mujer de Arrús, (es decir, la viuda de Arrús) y conversamos de viuda a viuda, borrando de a pocos el mal recuerdo, a veces formando un esbozo de sonrisa, una mueca de dicha en su rostro; Fernanda me saluda siempre tan amable y Don Luciano nos dejó hace un año, lo cual sentí en el alma; su corazón falló antes que el mío.
En esta época, Braulio anda de la mano de Fernanda a todos lados, esperan su primer hijo; Soledad sale con un muchacho la mar de educado, atento, obsequioso. Hay días en que subo a la azotea, y me quedo viendo la estrecha calle, los nuevos rostros que se añaden a nuestra geografía de recuerdos; en esos momentos evito en lo posible mirar hacia el balcón de enfrente. A veces también veo pasar desde aquí a la viuda de Arrús, con el bolso de las compras, sin sombras oprobiosas en su rostro, caminando con firmeza. No lleva ya la mirada en el piso. Entonces, para ella pero también para mí, se me dibuja una tenue, secreta sonrisa.

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Nota 1.- Los relatos están copiados tal y como llegaron al concurso, sin corrección ortográfica ni estilística.

Nota 2.- Como el autor no pudo estar en la entrega de premios, envió esta carta. Fue leída durante el evento y la añado a continuación:

"Hola. Escribo desde el Perú, con la intención de saludar su certamen y agradecer la buena onda de permitir la participación foránea libre e irrestricta (si esto no es globalización, que me la expliquen); aquí, a la distancia continental que nos separa, reconforta saber que hay un nexo que nos une de una manera imperceptible y ubicua: el idioma, la lengua heredada y conversa, el modo puntilloso de expresión que exige nuestro amado y dúctil castellano. No sé en este momento si tendré el privilegio de acceder a un premio en el certamen que nos ha convocado a todos los que estamos pendientes del resultado (seguramente de Madrid pero también de otras ciudades y países), pero no importa realmente: la emoción (la oportunidad) de participar, el regusto que deja la sensación de saberse evaluado, comparado y criticado por un jurado, es siempre bienvenido (y el que diga que no le importa que alguien lo comente o hable de lo que escribe, que tire la primera piedra). Desde los lejanos dominios americanos desde los que escribo, les deseo continuidad y larga vida; un peruano les da las gracias.

Javier Mariscal Crevoisier"

V Concurso de Relato Breve "José Luis Gallego" 2010 - Finalista Categoría Adulto

Barrio de Aluche años 70 -Foto familiar
BARRIO
Matías-Ramón González Díaz - Sevilla (España)



Ismael hace los deberes mientras escucha en el MP3 al “Shota”. Alguna vez le han dicho que para trabajar se necesita un ambiente relajado pero él piensa que lo importante es estar a gusto. Además, lo que importan son los resultados. ¿O no?
Son las cuatro y media y a las seis ha quedado con sus amigos para jugar al fútbol. Hoy tienen que ganar porque en los dos últimos encuentros los machacaron.
“Las víctimas civiles son objetivos colaterales” grita el “Shota”.
Esta es la parte que más le gusta, le recuerda cuando, a los once años, iba con sus padres y su hermano a las manifestaciones contra la guerra.
Él no entendía muy bien de qué iba aquello pero sus padres le decían que había que estar en contra de todas las guerras y, sobre todo, en contra de aquella; aquella guerra era un pretexto para quedarse con el petróleo.
También le decían que los países deben invertir en buscar y producir energías renovables.
En una de estas manifestaciones conoció a Ahmed, un chico palestino de su edad. Al momento se hicieron amigos y ambos fueron tocando los timbales desde la Giralda hasta la Plaza España.
Disfrutaron de lo lindo. Al despedirse, Ahmed le regaló su pañuelo palestino y él le dio su braga del Betis. No se han vuelto a ver pero el pañuelo ocupa un lugar privilegiado en su cuarto.
El año pasado conoció a Reni, un finlandés, a través de Internet, estuvieron chateando durante un tiempo pero al final acabaron aburriéndose. Demasiado frío.
Suena el telefonillo. Ya está ahí Sergio.
- ¿Has llamado a los demás?
- Sí, ya van para la “sosia”.
Ismael coge el balón.
- Adiós, Bola, me voy al fútbol.
- Hasta luego, Bolina – le responde su hermano pequeño.
Siempre se despiden igual y, aunque continuamente están discutiendo, no sabría vivir sin su hermano Gabriel.
Ya en la calle saluda a Sergio sin palabras y, juntos, se dirigen a la asociación.
- ¿Qué tal la excursión?- pregunta Sergio.
Los alumnos de 4º han ido de excursión durante cinco días pero Sergio ha repetido y sigue en 3º.
- Una pasada. En Sierra Nevada estuvimos esquiando pero lo mejor fue cuando hicimos snowboard. También estuvimos en la Alhambra y en la Mezquita.
- ¿Y de tías?
- Psch, en la Alambra ligué con una francesa que estaba…
-¡Anda ya!
- Tío, a ver si te paso las fotos que nos hicimos en el móvil. Además, me ha dicho que quiere conocer la Feria y la Semana Santa. Mira ahí está el Ibra.
Ibrahim es marroquí, es el líder de “Los otros”, el equipo contrario. Desde hace un año juegan todas las semanas al fútbol. Ellos son “Barrio”. Les pusieron los nombres a los equipos en plan “coña”.
“Los otros” son: Ibra, Alberto “el Negro”, porque su padre es camerunés, Gero, un peruano que en realidad se llama Gerardo pero le dicen Gero por el jefe indio Jerónimo. Cris, un canadiense que no entiende ni papa de español y habla con ellos en inglés o francés. Soria, un tío que te partes y al que los maestros tienen “enfilao” porque está “pallá”. También están Carlos y Josema.
En el equipo de Ismael, “Barrio”, están los que se conocen desde la “guarde”: Sergio, Omar, Sebas, Poni, Rafa, un grafitero que tiene las calles marcadas con E=mc2, su grito de guerra, y a la entrada del barrio ha escrito 2πr, como diciéndole a los de fuera “gírate” o “pírate”. Para algo estudian en el Einstein.
También está el Juanan, pero éste a veces no viene porque la madre dice que en las calles sólo hay delincuentes.
- Pobre Juanan – piensa Ismael.
Ibra se les acerca:
- ¿Un tallo?
- Tío, sabes que paso de tabaco. No sé cómo puedes fumar antes del partido. ¿Y los demás?
- Todavía no han llegado. ¿Qué tal la escapada?
- De miedo.
-¿Disco?
- Un día. Pero lo mejor fue en el hotel. Como el Luisma tiene dieciocho, compró una de Cacique y nos pusimos púas. Lo peor fue que la Siesa nos trincó y nos quitó la botella a la mitad.
- Seguro que se la bebió con el Chupa.
La Siesa y el Chupa son los profesores que los llevaron de excursión. La Siesa es la de inglés, una tía ya mayor pero muy buena gente. El Chupa, es el de Historia, con tal de no dar clase se apunta a cualquier cosa.
Cris, el canadiense llega hasta ellos.
– Hi! What’s up?, Cris.
– O.K., Isma.
- Ça va? -. Al Ibra siempre le habla en francés.
- Bueno, ¿vamos a jugar o no? ¡Que son ya las siete menos cuarto!
Todos se dirigen hacia la pista, cualquiera que los viera pensaría que son todos tan diferentes y, sin embargo, son tan iguales...
Espero que esta vez ganemos.
---o0o---


Nota 1.- Los relatos están copiados tal y como llegaron al concurso, sin corrección ortográfica ni estilística.

Nota 2.- Como el autor no pudo estar en la entrega de premios, envió esta carta. Fue leída durante el evento y la añado a continuación:

"A LA ATENCIÓN DEL JURADO DEL V PREMIO DE RELATO BREVE “JOSÉ LUIS GALLEGO” 2010
Distinguidos Miembros del Jurado:
En primer lugar quisiera agradecerles el haber incluido mi relato entre los finalistas de este concurso. Por otro lado, quiero disculparme por no poder asistir al acto de entrega de premios. Lo que ha ocurrido es que obligaciones laborales y familiares me retienen en Sevilla, mi lugar de residencia. Estas obligaciones me han impedido realizar los preparativos necesarios para asistir, tal y como hubiera sido mi deseo. Por favor, no crean que es una descortesía por mi parte.
Debido a que no conozco a nadie en Madrid que pudiera asistir en mi lugar, me gustaría que leyeran esta nota pidiendo disculpas por mi ausencia.
Finalmente, y dado que en este acto se va a realizar un homenaje al gran poeta Miguel Hernández, quisiera relatarles una anécdota, una historia real que me ocurrió siendo niño y en la que yo siempre he visto presente el espíritu del gran poeta alicantino. Posiblemente para la mayoría sea una historia más de nuestra tierra, pero para mí ha tenido una importancia vital. Este hecho favoreció mi afición por la lectura y la Literatura, hasta el punto de que actualmente soy profesor de Lengua Castellana y Literatura. Espero que les agrade:
Pasé mi infancia en Rosal de la Frontera y, allí, presumíamos del triste honor de haber tenido preso a Miguel Hernández durante varios días en los calabozos del pueblo. Por ello, su nombre nos resultaba cercano y familiar y, poco a poco, me acerqué a su vida y a su poesía.
Durante las vacaciones de verano que pasaba con mi abuela en la cercana localidad de Cortegana, otro pequeño y bello pueblo de la Sierra de Huelva, le pedía que me contara historias de la Guerra, ella siempre me refería la de aquella mañana al alba cuando llegó a su huerto y encontró a un joven muerto de frío, escondido, escribiendo en unos papeles. Ella, que no sabía leer ni escribir, nada le preguntó, solamente compartió su desayuno con aquel desconocido amable y educado. Después de indicarle el camino hacia Portugal, lo vio marchar deseándole suerte
.
Mi abuela siempre deseó que ese joven consiguiera llegar a su destino y comenzara una nueva vida. Yo, en mi mente de niño, siempre soñé que ese hombre misterioso y tan cercano fuera Miguel Hernández.
Nunca sabré si ese joven, educado y amable, era realmente Miguel Hernández o si, como deseaba mi abuela, logró comenzar una nueva vida. Pero con el tiempo he comprendido que realmente era Miguel, uno de los tantos Miguel que tuvieron que huir después de haber perdido su lucha por la Libertad.

Agradeciéndoles de antemano la atención prestada y, nuevamente, pidiendo disculpas por mi ausencia, reciban un cordial saludo.
Fdo: Matías Ramón González Díaz, autor de BARRIO.
En Sevilla, a 20 de abril de 2.010"

V Concurso de Relato Breve "José Luis Gallego" 2010 - Finalista Categoría Adulto

La autora, de espaldas, recibe el diploma
de manos de Arantxa Alonso
UN MIÉRCOLES DE CADA DOS
María del Pilar Zapata Bosch - Madrid (España)


- ¡Toni! ¡Toni!
Cuando llego a Santa Isabel, tomo conciencia de que llevan un buen rato gritando a mi espalda, aunque el tal o la tal Toni no se haya dado aún por enterado. Son voces femeninas, risueñas y burlonas, como si se dirigieran a alguien que les divierte, pero a quien desdeñan en el fondo. Voces en cualquier caso muy incómodas, para andar con ellas pegadas a la espalda. Doblo la esquina, confiando en que se queden atrás, y tuerzo hacia abajo, por la estrecha bocacalle donde vive mi tía.
Mi tía es una mujer mezquina con la que mi propia madre, que era su única hermana, nunca quiso trato. Al final sin embargo, en su lecho de muerte, nos encomendó encarecidamente que nos ocupásemos de ella. "Id a visitarla", susurró sin fuerzas. "Por todas las veces que no he ido yo."
Los tres nos miramos en silencio, dudando si la habríamos entendido. "¡Pero mamá!" estalló por fin Manolo. "¿Cómo puedes pedirnos eso? ¿No nos has contado mil veces que te robó la herencia del abuelo, que iba diciendo que papá era un borracho...?"
Paloma le dio un codazo para que se callara, porque no le parecía apropiado recordar esas cosas delante de una moribunda. Mi madre alargó la mano y cogió la mía, que era la que le quedaba más cercana. "Id a verla", suplicó con el último aliento.
Desde entonces, hace doce años ya, yo voy a verla un miércoles de cada dos a su piso de Lavapiés, en un antiguo caserón que hoy está en ruinas.
-¡Toni!- llaman de nuevo a mis espaldas, entre risas.
Creía que las había dejado atrás, pero lo visto también Toni ha elegido este callejón destartalado.

Delante de mí baja la cuesta un chico negro, que silba una canción, una pareja de turistas, que hacen fotos a todos los rincones, y una mujer muy peripuesta, que cuida de no engancharse los tacones en los salientes del adoquinado. Ninguno de ellos se vuelve a la llamada, así que ésta debe de dirigirse a alguien que vendrá detrás de mí, y que será sordo o no querrá contestar. Aminoro el paso a ver si me adelanta el perseguido, y con él sus perseguidoras, y me libro de ellos de una vez.
La calle donde vive mi tía huele a cerrado y está llena de mugre, como si fuera una antesala de su propia casa. Desde mi primera visita, siempre que llego, tras haber salvado la ruinosa escalera de peldaños mordidos por el tiempo, me sale a recibir con la caja de galletas con mantequilla, la misma de doce años atrás.
-Coge una. Son muy buenas.
Yo agradezco la oferta y la rechazo, y ella entonces tapa la caja de nuevo y la guarda cuidadosamente en el aparador, para la próxima vez. Es una especie de ritual, porque las galletas están ya momificadas y exhalan una peste a rancio que se queda flotando sobre los densos olores de la vivienda. Pero sirven para iniciar la conversación. Mi tía echa la llave sobre ellas como sobre un tesoro, se la guarda en el bolsillo de la bata, se sienta frente a mí en una silla torcida y quejumbrosa, que se parece un poco a ella, y empieza a lamentarse de que mi madre le quitó la herencia que mi abuelo le había dejado, y de que mi padre era un borracho, que se gastó el fruto del robo en las tabernas.
Mientras la escucho a medias me hago el propósito de no volver.
Pero sigo yendo, porque era yo quien estaba más cerca de la cama cuando mi madre extendió la mano suplicante, así que fue la mía la que cogió, y creo que es mi deber cumplir su último encargo. Lo que no me explico es el porqué de ese encargo, que más bien parece una venganza contra quien lo tiene que llevar a cabo. A veces, durante
la visita, se me ocurre que, pese a las apariencias, las dos hermanas estaban compinchadas para amargarme a mí un miércoles sí y uno no.
-¡Toni! ¡Toni! - insisten las voces a mi espalda, jubilosas.
Entre tanto el joven negro se ha metido en un portal, los turistas han torcido por una bocacalle hacia la iglesia, y la mujer emperifollada se pierde cuesta abajo sobre sus difíciles tacones. Me vuelvo con fastidio, y me sorprendo al no encontrar a nadie tras de mí, más que a las dueñas de las voces: dos chicas, que alzan las manos en señal de saludo, y un niño, que las sigue a saltitos.
Es evidente que me han confundido con alguien, aunque ahora, que me han visto la cara, se darán cuenta de su error. Conque reanudo mi camino.
-¡Pero Toni!- exclama una de ellas, que parece realmente sorprendida.
-¡Qué despiste lleva!- comenta la otra, con una pizca de desprecio.
No hay nadie más a lo largo de la calle, así que deben de referirse a mí. Es decir, no a mí, sino a alguien que se me parece mucho, porque yo no soy Toni.
-¡A ver si voy a ser Toni!- me digo con ironía.
La simple cuestión, por absurdo que resulte, me llena de vértigo, y sigo andando con paso inseguro hacia el portal de mi tía, que está muy cerca ya. Tengo la costumbre de adivinarlo sin mirar, guiándome por el olor a pis de gato que sale de su interior. Aminoro el paso, olfateando, y las chicas se detienen también. Lo mejor es que les haga comprender que se han equivocado de persona, así que me encaro con ellas.
-¡Menos mal que por fin te has dado cuenta, hombre!- exclama la más alta.
-¿Es que no nos oías?- pregunta llena de suspicacia la otra, que lleva una inquietante bufanda amarilla, colgada al cuello con forma de interrogación.
-¡Toni! ¡Toni!- salta el niño, abalanzándose sobre mí.
-¡Pero es que yo no soy Toni!- protesto.

La bajita tira pasmada de su bufanda, que se convierte en un signo de exclamación, y la otra picotea el aire con su nariz de pájaro.
-¡Anda éste!- exclama divertida.
-¿"Éste"? ¿Cómo que "éste"?- replico ofendida. Es cierto que llevo el pelo muy corto y no me he puesto pendientes, pero nunca hasta hoy me habían confundido con un hombre. De todos modos decido rápidamente que a partir de ahora usaré falda más a menudo. -Soy "ésta", por si no te has dado cuenta- le aclaro con frialdad. -Y no os conozco de nada. Y ahora, si no os importa, voy a casa de mi tía- añado, aunque no sé por qué tengo que dar explicaciones, ni por qué estas explicaciones van a convencerlas de mi identidad, ni qué me importa a mí que se convenzan.
-¡Pero Toni...!- exclaman al unísono, asombradas.
Sin hacer caso de su perplejidad, avanzo los dos pasos que me separan del portal, y a pesar de que siempre está abierto, toco el timbre.
-¿Quién es?- pregunta mi tía al instante.
-Yo- contesto bien alto, porque es para eso para lo que he llamado, para afirmar esa evidencia. -Soy yo- repito para cerciorarme. Y sí, que soy yo, ya lo sé, pero mis perseguidoras me clavan los ojos incrédulas, convencidas de que tienen delante al tal Toni haciéndose pasar por mí.
Mi tía, que no se fía del portero automático, sale al balcón a comprobar que de verdad soy yo. Aunque parezca una estupidez, por un momento temo que no me reconozca, pero alza el brazo en un saludo que me reconcilia con la realidad. ¡Que se enteren estas imbéciles! En la otra mano lleva ya la caja de galletas preparada, y por una vez me reconforta distinguir desde aquí ese gesto tan suyo, que normalmente aborrezco, de meter una uña debajo la tapa para hacer presión y abrirla.
-¡Entra, Toni!- dice a voces. -¡Sube, hijo!


Nota.- Los relatos están copiados tal y como llegaron al concurso, sin corrección ortográfica ni estilística.

V Concurso de Relato Breve "José Luis Gallego" 2010 - Finalista Categoría Adulto

Estación de Metro de Aluche - Foto tomada de Internet
Redemption Song
Virginia Roca Morales - Madrid (España)
Finalista Categoría Adulto


No sufras. Hay redención en estas líneas.
Desperté, aterida, bajo un puente de metro en desuso, en una zona olvidada de San Ignacio de Loyola. Junto a mí, otros cuerpos hediondos, manchados de ceniza, luchaban por seguir durmiendo. Me puse en pié a duras penas, y como una ebria Karenina, atravesé el temporal que me suponía tomar conciencia. Caminé hasta mi casa, haciendo cuentas del dinero que había gastado en droga y alcohol esa noche. El balance no me cuadraba, el libro estaba sucio. No recordaba las cuatro o cinco últimas horas, no sé quienes eran los que yacían junto a mi, y esperaba no volver a verlos nunca más, no reconocer su cara en el metro, no encontrarlos vendiéndome el pan o sirviéndome el café en la cafetería del intercambiador de Aluche, donde cada mañana empezaba el periplo para llegar a mi trabajo.
Cada paso hacia el hogar me dolía, y mi ajado cuerpo exudaba un aroma acre de violencia nocturna.
Silenciosamente, entonaba una queda oración, una plegaría atea para no encontrarme con mi tía, que vivía en Aldeanueva de la Vera, y por supuesto para que mi madre no estuviera ya en casa y me viera llegar en ese estado de profunda indignidad. Una vez no tuve suerte y si que estaba, me dijo: "Hija de puta, me das pena y asco". Al llegar al portal y tras una breve pero intensa pelea con la cerradura, subí los siete pisos temblando de vergüenza. Nadie salvo mi perro estaba allí para reprobarme. Ni para socorrerme. ¡Animalito! desesperado por las horas que había pasado solo, no hizo sino alegrarse por el regreso del fantasma, del despojo de mí que cruzaba el umbral. Encendí el móvil y escuché aterrorizada los mensajes suplicantes de mi madre, que no sabía dónde estaba desde hacia horas, cuántas, demasiadas... los del trabajo, en un tono bien distinto pero igualmente ominosos.. .hice saber que estaba viva, con mensajes escritos porque me faltaba valor para llamar, y entonces, emprendí la caída.
Sentí llegar la nausea, devastadora.
Mi cuerpo queriendo expulsarse de si mismo, mudar el exterior como las serpientes y abandonar para siempre esas escamas perversas. Los estertores del vómito que me tuvo arrodillada un par de horas fueron remitiendo, y me lavé, restregando con saña, me corté las uñas, quise eliminar tanto del exoesqueleto como fuera posible. Limpiar mi memoria iba a ser mucho más difícil. Envuelta en una suave y mullida toalla, salí a la terraza, serían las tres o las cuatro de la mañana. Los aviones del aeroclub de Cuatro Vientos brillaban níveos en la negrura del Campo de la Aviación. Estaban allí, también, días antes, cuando salí prometiendo que no tardaría. Que esta vez no. Y sin embargo tarde tanto como para no saber cuánto.
El final del verano trajo un poco de viento templado a mi terraza, volví la cara hacia él y dejé que me acariciara. Me recordó otras madrugadas de verano, en que no podía dormir por el calor, y mi abuela y yo nos sentábamos en esa misma terraza a comer sandía y espantar los mosquitos.
Compré la casa al morir mi abuela y ella aún habita las esquinas de estos pocos metros de paz.
Vino aquí a vivir antes de que yo naciera, hace más de treinta años, con maletas de cartón y cinco hijas. Aluche entonces no era más que una pequeña semilla en el vivero de barrios periféricos de Madrid, y para ella supuso un cambio monstruoso salir de la corrala de Lavapiés para venir a un barrio que no tenía otro enlace con el centro de la ciudad que no fuera el "Autoaluche".
Eso sí, tenían baño dentro de la casa, y todas las niñas podrían dormir en sus propias habitaciones. La más pequeña ya no tendría que esperar a que las demás se acostaran para extender el sofá cama.
Pasó muchos años en Cuatro Vientos; sus hijas, mis tías, se marcharon a labrar sus propios barrios. Todas ellas, incluida mi madre (primero con marido y luego sin él) volvían como mínimo una vez al año a reunirse en el pequeño salón de la casa, por Navidad, que siempre era lujosa por muy poco dinero que mi abuela tuviera. El día de la Lotería -que nunca le tocó, pese a las fortunas invertidas en el sorteo- salía a la calle con sus gruesas piernas deformadas por la artrosis, para comprar la cena de Nochebuena, balanceándose con su paso lento como un fenomenal barco de guerra. Y cuando se le acababa el dinero, compraba fiado, para que no faltara nada, de lo bueno lo mejor. Mi abuelo nos daba a escondidas el aguinaldo, y luego nos lo daba a escondidas ella, nunca hubo tanto cariño, ni personas mejores en el mundo. Hasta que la muerte, que siempre es inesperada, les sorprendió. Primero a mi abuelo, luego, por último, para mi profunda desesperación.. .a ella. Lo último que vio con sus ojos grandes y acuosos de anciana, con el corazón cansado de latir, fue lo mismo que yo estaba viendo en ese momento, en esa noche aciaga. Ella nunca más oiría el zumbido de los helicópteros, no volvería a ir al mercado de San Ignacio, no habría más mercadillo en Aluche ni más torrijas en Greca. Ningún último baño a las ocho de la tarde en la piscina del polideportivo, ni más décimos de lotería en Las Cancelas. El último aguacate, las últimas fiestas en el Parque, para ella ya habían pasado. Pero yo estaba a tiempo. Y no quise que ese fuera también el último horizonte para mi.
Esta vez sí, esta vez si iba a conseguirlo.
El camino estuvo tachonado de piedras. Empecé por destruir todos los lazos que me unían con el ansia, los teléfonos, las referencias, los círculos dantescos del infierno. No pisaba prácticamente la calle, y luego los lugares dónde me sentía en peligro se fueron acotando. Cuidaba mi cuerpo, jamás llegaba tarde a ninguna parte, sané la relación con mi madre, y la pedí perdón, se lo pedí mil veces, cada noche antes de dormir se lo sigo pidiendo y en el cariño que pongo en todos mis actos está mi arrepentimiento. Nunca olvidaré esas noches, no debo olvidarlas. En mi barrio puedes encontrar droga tan fácilmente como en otros una mercería. Pero ahora yo sé dónde comprar botones. Mi nombre ya no se menciona inmediatamente después de la palabra "fiesta" y sus implicaciones, me levanto cuando sale el sol y no al revés, y dejo que me despierte cada mañana la voz de mi amante.
Porque soy digna de amar, soy libre, recorro la calle orgullosa de vivir y ser vecina, el daño que pretendía inflingirme no fue irreversible, el terreno sembrado de mi alma empezó a dar frutos y ya no tenía miedo de llamar, de decir hola mamá, de que mi voz sonara en todos los rincones.
Estoy preparada para enseñar el barrio a una nueva generación, que se gestará en mi vientre limpio. Que se parecerá a sus madres porque las que vivieron antes están conmigo, y su mera presencia en el mundo, hará de este un lugar mejor. Te espero, querida. Tu madre está lista y su mundo, también. Se bienvenida.


Nota.- Los relatos están copiados tal y como llegaron al concurso, sin corrección ortográfica ni estilística.

V Concurso de Relato Breve "José Luis Gallego" 2010 - Finalista Categoría Adulto


Un barrio y un billete de 5
César Lillo Gil - Madrid (España) - Finalista Categoría Adulto

-¿Funciona?
El viejo asintió pasando una mano por la cabeza del chico, que seguía observando minuciosamente el billete que tenía entre sus dedos.
-Pero está roto –dijo señalando a su abuelo una de las esquinas-, ¿vale así?
El anciano abrió la boca para decir algo pero no llegó a pronunciar vocablo, los padres del niño habían irrumpido en la sala; él, con una enorme bolsa de tela colgada de uno de sus hombros y ella, con las manos en el voluminoso vientre que lucía.
-Hasta luego, campeón, pronto tendrás una hermanita con la que jugar –aseguró el tipo a su hijo antes de volverse al viejo-, os llamamos en cuanto lleguemos.
Y tan rápido como aparecieron, se esfumaron. El niño volvió a mirar a su abuelo y éste se encogió de hombros.
-A esperar.
A esperar, todo quedaba en eso, en esperar. Su madre había engordado hasta casi no poder andar y ahora su padre prácticamente la empujaba para que corriera y él tuviera una hermanita. Eso era lo único que había sacado en claro, que tendría una hermana. Eso, y que un billete con una de sus puntas rotas “funcionaba”. Dos grandes misterios, sin duda. Para el primero aún tendría que esperar, ¿cómo sería tener una hermana? Esperar era, por lo visto, la solución. Pero resolver el segundo enigma podía ser mucho más rápido.
-Son seis con veinte –señaló el delgaducho dependiente de “Chuches y más”. El viejo entregó la compra al niño y sacó del interior de su abrigo el demacrado billete y un par de monedas. El tipo recogió el dinero, lo examinó ante la expectante mirada del chico y lo introdujo en la caja registradora.
Los vio partir y, de nuevo solo en la tienda, se dejó caer en la silla que tenía tras el mostrador. Aquel local que odiaba y al que estaba encadenado era lo único que tenía. Y viendo las ventas que hacía últimamente no era mucho. Sólo esos pocos metros cuadrados y él, nadie más. Y no sabía si eso se debía a que no había buscado bien o si había disimulado mal que no quería estar atado a nadie. Miró sus manos y las encontró arrugadas como pasas, ¿en que momento habían decidido volverse así? Una caja de chicles y varias tabletas de chocolate se colaron en su campo de visión al posarse en el mostrador.
-Hola.
Una voz femenina le sacó del letargo. Levantó la mirada y observó a una mujer morena de tez blanca y grandes ojos oscuros. La situó alrededor de los treinta años.
-Ocho euros –dijo tras calcular mentalmente el valor de la compra.
La mujer le entregó un billete de diez euros y guardó lo recién adquirido en el bolso. Después, tomó la vuelta de la arrugada mano del dependiente, que la observaba desde, creyó, cierta timidez.
Subió las escaleras hasta la primera planta del edificio de dos en dos. Abrió la puerta con un giro rápido de muñeca y encendió el ordenador. Su rostro se iluminó, tenía otro e-mail de él. Era corto pero conciso: Nos vemos luego, te quiero. ¡Sólo quedan dos días! Sus labios volvieron a ensancharse al imaginarle escribir aquello, parecían dos adolescentes. Se habían conocido hacía meses en Internet y por fin se acercaba el momento de verse en persona, de poderse regalar una caricia. Dos días, volvió a leer.
Acercó una silla a la mesa y se sentó frente al ordenador. Le contestó: ¡Sí, sólo dos días! ¡Qué lento corre el reloj! Esta noche te veré por aquí, sin poderte tocar, que remedio :(
Pulsó sobre “enviar” y fue entonces cuando se percató de que aún llevaba el abrigo puesto. Se lo quitó y telefoneó a un restaurante chino. Media hora después llamaron a su puerta y, al abrir, encontró a un joven de sonrisa y ojos rasgados. El tipo levantó las manos sujetando una bolsita blanca, que se contoneaba entre ellos como un péndulo.
-Son tlese con die.
La chica tomó la bolsa y vio la cuenta grapada cerca de una de las asas.
Apenas un minuto más tarde, el tipo bajó las escaleras. Una jornada laboral más, finalizada. En la puerta del portal esperaba la moto del restaurante. Presionó un interruptor cercano a una columna del recibidor y la puerta emitió un silbido. Tras aquello, tiró del pomo, el viento volvió a darle en la cara y una figura se le echó encima. En un abrir y cerrar de ojos se vio en el suelo con unas rodillas presionándole el pecho y un frío recorriéndole la garganta.
-¿Vendiste muchos rollitos de primavera? Yo me encargo de la recaudación.
La figura mantenía su identidad oculta con un pañuelo palestino.
-¡Vamos! –gritó quitándole la navaja del cuello para colocarla frente a sus ojos.
El oriental asintió y sacó de un bolsillo del chaleco que vestía varios billetes y algunas monedas.
Salió del portal lo más aprisa que sus piernas le dejaron. Dejó atrás a su víctima y a la moto, testigo silenciosa de la escena, y al doblar la esquina descubrió su rostro. Miró hacía atrás, nadie seguía su estela. Cruzó un par de calles, dobló varias esquinas más y finalmente entró en un bar.
-Hola guapa, ¿qué te pongo? –le dijo el camarero tras encontrar sitio en la barra, de espaldas a la puerta.
-Cerveza, un tercio –contestó ella echando una mirada a la calle por encima del hombro.
El camarero, un tipo orondo ataviado con un reseñable mostacho, le puso ante ella lo solicitado y ésta sacó lo sustraído. Le llamó la atención un billete de cinco euros roto por una de sus esquinas.
-Cóbrate –dijo entregándoselo.
El hombre asintió. Aquella chica le recordaba, con veinte años menos, a la mujer que había sido su esposa hasta que, hace cuatro meses, decidió cambiar drásticamente de vida empezando por él. Suspiró y dejó caer una lágrima tan intensa como invisible y muda para los parroquianos que llenaban el bar. Aquella noche cerró tarde, pero eso no le impidió madrugar. Salir de casa le ayudaba a olvidar.
El sol del domingo le calentó el ánimo y marchó hacía el campo de fútbol del barrio. Ver a chavales detrás de un balón le hacía retroceder a su juventud. Por el camino, se detuvo en el quiosco de prensa.
-¿Lo de todos los días? –Inquirió el “periodista”, que era como conocían al quiosquero. Pronto cumpliría treinta años entre diarios y revistas. Tras atender al dueño del bar se fijó que la mirada de un niño le atravesaba. A su lado, un anciano.
-Me ha dicho un pajarito que has tenido una hermanita.
El niño rió y cogió varios cuadernos para colorear.
-Se los voy a regalar. Seguro que le gustan.
-¿No es algo pequeña aún para estas cosas?
El anciano sonrió y le tendió un billete de diez euros. El niño se limitó a encoger los hombros. Nieto y abuelo se alejaron para tomar un taxi que les llevara al hospital.
-Vamos a ver cómo ha pasado Evita su primera noche –señaló el viejo observando una de las esquinas del billete que el “periodista” le había entregado con la vuelta, estaba rota. Frunció el ceño y se lo tendió a su nieto.
-Mira, ¿crees que funcionará?

Registrado

Nota.- Los relatos están copiados tal y como llegaron al concurso, sin corrección ortográfica ni estilística.

V Concurso de Relato Breve "José Luis Gallego" 2010 - Finalista Categoría Juvenil


Mi amor
Gemma Puigdomènech Reig - Torelló - Barcelona (España)
Categoría Juvenil

Querido amor;

Pienso que ha llegado la hora de despedirme. Creo que eres mi vida, mis recuerdos, mi pasado. Pero el futuro se me lleva, sin apenas tiempo a respirar. Quiero que sepas que me has dado mucho. Todo. Dicen que la vida es formada por recuerdos, así que he vivido, y mucho. Y quiero que sepas también, que en todos mis recuerdos te encuentras tú. Me has hecho vivir, y me has dado alas. Aún me acuerdo del primer día de primavera. Me tenías algo preparado. Lo sabía, aunque dijera que no. Aunque para nada me imaginaba que sería un día tan bonito, e inolvidable como el que me hiciste pasar. Corrimos. Corrimos más que nunca. Debajo los arboles florecidos de marzo. En el trayecto, agarrada a ti sobre la moto, con los ojos vendados y el corazón acelerado soñaba, y desperté en un prado. Nunca había visto un prado tan bonito como aquél. El sol matutino proyectaba rayos sobre los arboles, que dibujaban sombras a su alrededor, para hacerse ver. Estábamos perdidos en un campo, lejos de la urbanización, del mundo, de la realidad. Aún recuerdo esos cerezos en flor. Grandes y esbeltos. Y las horas que pasamos juntos debajo de ellos, con la mente perdida entre los dos. Solo el cerezo fue testigo de nuestro amor, y solo él, bajo la dulce aroma de sus flores, callará entre sus ramas para siempre nuestra historia.
La tarde pasó rápida, como un perfume concentrado de risas y amor. De ternura y pasión. De nosotros. Creó también, que ése día selló nuestra historia, y empezamos a vivir frenéticamente los dos. Juntos, sin nadie más. Ni siquiera tuvimos tiempo de contarlo, simplemente vivíamos con fuerza los dos, marcando camino, dejando señales. Los otros se daron cuenta tarde o temprano, nunca dijeron nada. Nunca esperamos que nos lo dijeran. Nunca prestamos atención.
También el verano fue a tu lado. No nos separamos. No podíamos. Huíamos del mundo real, de la sociedad, y allí, concentrados en nosotros mismos, vivíamos. En ésa barca, Freedom la llamamos, pasaron nuestras horas. Con el único mapa de nuestros sentimientos, hicimos mar. Y perdidos entre las olas, siguiendo la puesta de sol, llegamos a más de un horizonte. Las noches eran frías para ser verano, aún así, nuestra aventura no cesaba. Era un placer estar contigo.
Fueron muchas también las horas pasadas en ése tejado. Nunca nadie nos prohibió estar allí. Creo que en el fondo vivían de nosotros, encontraban sus horas perdidas en nuestros atardeceres. Des de allí arriba, se veía todo. En nuestro pulgar cabía la ciudad entera. En cambio, el cielo nunca lo pudimos coger. Era el techo de nuestra historia, el límite.
Una noche me diste una estrella, la elegiste de un cielo estelado y luminoso. La encontrábamos cada noche, nos venía a visitar. Nuestro amor era como aquella estrella, un amor fundido en un punto brillante en el cielo, a quilómetros de distancia del mundo, y el más grande, aunque nadie lo viera.
La verdad es que nunca he creído en el tiempo. El tiempo lo eliges tú. Pero siempre he creído en el destino. Por eso, ahora es a mi destino al que no le quedan hojas. Ya no hay más historia. Lo sé, me lo ha dicho. Y por eso, he decidido parar mi tiempo. La vida se me lleva y no podría soportar la idea de irme a poco a poco, y tener miedo de dormir, para no saber si al despertar podré abrir mis ojos. Tampoco podría aguantar perder tantas horas muertas, y sobretodo hacértelas perder a ti, cariño.
No sé si me entenderás, no sé si nunca me perdonarás, pero es que mi espíritu es el de la libertad, cómo nuestra barca, y lo que más me asusta en esta vida es la idea de estar encerrada.
Por todo esto, lo siento. De veras. Pero es que quiero demasiado la vida, cómo para llevarme el recuerdo de una muerte lenta, de morir a poco a poco y tener que aceptar que no podré volver al campo de cerezos en flor, ni subir a mi tejado a contar las estrellas. Ni siquiera batallar entre olas, y vivir del mar. Has dado sentido a mi vida, y te agradezco esto, y mucho más. Te quiero demasiado, para verte sufrir. Solo quiero pedirte una cosa. Quiero que vuelvas al prado en el que un día huimos, cojas la flor más bonita y la dejes en nuestra barca. La cogeré en cuanto vaya, en cuanto me pierda en el mar, esta vez pero, me toca hacerlo sola. Creo que ya es hora de ir a buscar otro horizonte.
Con el más verdadero amor, tu estrella.

Dejando Señales

Gemma Puigdomènech Reig – 16 años - Localidad: Torelló - Barcelona


Nota.- Los relatos están copiados tal y como llegaron al concurso, sin corrección ortográfica ni estilística. Leído en la emisora de radio Onda Latina (www.ondalatina.es) el miércoles 28-IV-2010.

En la foto la persona que recogió el diploma en nombre de la autora. Entrega el premio Susana Simón, vocal del Jurado.
La autora se excusó de no poder asistir al acto debido a la lejanía. Esta es la carta:
Hola soy Gemma Puigdomènech, con DNI ---, participante y finalista del concurso V Premio de Relato Breve “José Luis Gallego” 2010, con la obra "Mi amor" y seudónimo Dejando Señales.
El motivo de este mensaje, es que me es imposible acudir a la entrega de premios, debido al caos que hay estos días en los aeropuertos ya que resido en Barcelona. He delegado a una segunda persona, Josep Santacreu Tañà, para acudir a la ceremonia, pero no se si podrá acudir a este evento. Les agradecería que me comunicasen si he sido ganadora, y en ese caso, que hicieran una excepción, teniendo en cuenta el motivo de este imprevisto, y me guardasen el premio, o se hiciera cargo de él alguno de los miembros del Jurado.
Les agradezco su atención.
Atentamente,
Gemma Puigdomènech.

Miércoles, 21 de abril, 2010

lunes, 3 de mayo de 2010

V Concurso de Relato Breve "José Luis Gallego" 2010 - Finalista Categoría Juvenil

AMOR Y ODIO
Laura Gonzalo Barros - Madrid (España) - Categoría Juvenil


Hay gente que tiene poder innato, otros lo ejercitan para obtener uno muy grande. Otros, simplemente no saben que existe. De esto va mi historia.
Yo conocí a Deyanella, era mi hermana. Para muchos, ella era solo una chica más. Para otros era
una chica distinta al resto y para muchos otros, Deyanella era casi una deidad. Deyanella era una
chica un tanto especial, realmente era una chica excepcionalmente especial, y muy buena, aunque no siempre lo fue. Era rubia, de ojos azules profundos como el lapislázuli, y muy alta. Lo que más me llamó siempre la atención en ella, aparte de su magia, de la cual no descubrí nada hasta su decimoquinto cumpleaños, fue su desbordante imaginación y su capacidad de amar con todo su corazón, así como de odiar con todo su rencor.
John, un chico moreno de ojos verdes y con una tez tan pálida que parecía de porcelana, no es un
chico fácil de olvidar. Aunque no siempre a sido el mejor amigo de Deyanella, ella siempre le quiso con locura, con tanta fuerza y corazón con que llegó a odiarle, el cual luego, después de que mi hermana se volviera loca y volcara toda su magia contra él por venganza, fue capaz de perdonarla.
El poder de mi hermana, De-este era el mote de Deyanella-era muy grande. De era capaz de saber y sentir todo lo que los demás pensaban o sentían, era capaz también de inspirar temor o confianza en la gente según quisiese, doblegar a la gente a su voluntad o liberarla de la opresión de cualquier hechizo y era también capaz de, su poder, dárselo a alguien cuyo corazón fuese el más puro entre todos los corazones del mundo.
En el parque de Aluche fue donde conocimos a John. Fue una tarde de verano, cuando De y yo jugábamos con una pelota y John se nos acercó por detrás. Nos pidió que le dejásemos jugar con nosotras y De y yo nos pusimos a jugar con John.
Unos años después, De me confesó que le gustaba John. No me sorprendió, pues me lo había estado esperando casi desde que le conocíamos. Nuestros padres poco sabían de él y nosotras no teníamos mucho interés en que ellos lo supiesen. A pesar de ello, De es una de las pocas personas que conozco que se llevaba tan bien con nuestros padres.
Pasados unos años, cuando contaba Deyanella con quince, decidió hablar con él. De le dijo a John que le gustaba, pero la respuesta que John le dio a De no fue la esperada por ella. John le dijo que tenía novia, Jessica, la chica más guapa de la clase.
Y De llegó llorando pero no me contó nada. Aquella noche, nadie en casa durmió. Mientras De dormía, de su boca salía todo tipo de maldiciones contra Jessica y contra el mismo John. A la mañana siguiente, teníamos la sensación de que se nos fuese a caer el mundo encima. Estábamos cansados y sentíamos el dolor de De cómo si fuese nuestro.
-¡De! ¡Espera!- la llamé a gritos de camino a clase.-¡De, quieres contarme lo que te pasó ayer para que te pasases la noche lanzando sapos y culebras para Jess...
-¡ ¡ ¡NO TE ATREVAS A NOMBRARLA!!! ¿¡Me has oído!? ¡No la nombres! ¡Ni a él ni a ella ¡-entonces empezó a llorar. Y no paró.
Me empecé, entonces, a fijar en la expresión de la gente que pasaba a nuestro lado. Todos parecían cansados y tristes. Tuve una intuición. Y ésta nunca me fallaba. Pero era imposible. De no podía ser una...
-¿Qué eres De?- le pregunté un poco asustada. Ella lo percibió y me sonrió. Fue una sonrisa cansada, que mostraba todo lo que sentía. Pero, había algo en sus ojos, un destello, una llamita negra casi invisible.
-Que soy... -dijo dubitativa-Eso preguntas... no soy humana. Tampoco soy bruja... exactamente, soy más que una humana, pero menos que una bruja, aunque igualmente peligrosa para cualquiera que se atreva a desafiarme. No te asustes-añadió tras ver mi mirada llena de terror- Nunca te haría daño. A ti no. Nunca.
-Pero... -inspiré hondo.-¿Qué hay de Jess... digo... de Ella? ¿Y de Él?
-Ella... sufrirá por mi dolor más que nadie. Él... -lo dijo con un odio que ocultaba todo el amor que sentía por John- será torturado hasta que me demuestre que no siente nada por Ella.
-Pensaba que le amabas, pero ya veo que no, que era puro y simple capricho.
-No, -dijo con cariño- le amo. Por eso será el que más sufra.
-Eso no es amor, De, eso, mi querida hermana, eso es venganza.
-Llámalo como quieras. Mi amor por Él es real. Tan real como tú y yo. Tan real como el aire que respiras- Entonces soltó una sonora carcajada. Miré a mi alrededor por si alguien nos miraba, pero todos se sentían demasiado cansados y dolidos como para prestarnos atención.
-Acabas de decirme que no me harías daño, pero, mírame, mira a tu alrededor De, nadie es feliz, todos sufrimos tu dolor y el cansancio que ello acarrea. Dime De, ¿esta es tu idea de no herirme si sólo con lo que haces ahora ya me clavas un puñal en lo más profundo del alma? ¿Si con solo mirarte veo tu dolor llameando en tus ojos? No, esta no es la De que yo conozco. No eres buena, estás haciendo sufrir a la gente lo indecible sólo por tu propia satisfacción de ver a la gente consumida por TUS desgracias.
De se marchó directa a la casa de John. "Tal vez" pensé "Tal vez él la haga entrar en razón". Entonces la seguí. Llegó a la puerta y miró fijamente a la puerta y esta salió volando por los aires. Ante semejante estruendo, toda la familia que residía en aquella vivienda salió a asomarse. Entonces, De empezó a brillar, no como una deidad, sino más bien, como una malvada criatura de la noche. Y John lo supo, supo que era a él a quien buscaba De. De alzó la mano, como queriendo agarrar algo, pero sin coger nada. John empezó a flotar sujetándose el cuello con ambas manos, como si le estrangulasen y De sonrió siniestramente. No, esa no era De. Ella no era así de malvada.
-De... me estoy ahogando. -John cayó al suelo con un golpe seco, pero poco después, volvía a estar flotando en el aire. -De... -dijo con esfuerzo -lo siento, para, por favor. Para -dijo en un susurro. John estaba usando la poca fuerza que le quedaba para intentar convencerla. -De... ¿Qué te está ocurriendo De? Estas enfadada, ¿verdad? Te entiendo, pero vengarte de mí no te va a ayudar. Mátame, venga, véngate de mí. Pero piensa primero, ¿Serías más feliz o más triste? Piénsalo, y después, podrás hacer lo que quieras conmigo. Piénsalo De... -John se desmayó. "¿Así es como lo amas? Tal vez hice la pregunta incorrecta. ¿Quién eres? Estoy segura de que tú no eres mi hermana."
-Me preguntaba cuanto tiempo tardarías en adivinarlo. Soy De, pero no lo soy.
-¿Quién eres pues? ¿Un demonio, un fantasma?
-Soy Venganza. La encargada de llevar a cabo la venganza que De no es capaz de llevar a cabo al saber que él -dijo señalando a John - prefirió a Jessica antes que a tu hermana. Eso soy.
Y ahora, me marcho.
Tuve una intuición y la agarré del brazo y, al instante, estábamos en una cueva. John estaba en el suelo inconsciente. Yo corrí hacia él, pero algo me detuvo.
-Me has seguido -dijo sorprendida. -No importa, te ataré a ti también. Acto seguido, estaba yo atada a un poste de madera. John tampoco estaba en el suelo, estaba atado a otro poste, justo frente a mí. Empezó a despertarse, y se sorprendió al descubrirse maniatado a un poste. Venganza hizo aparecer un chico espléndidamente guapo y apuesto, y le besó. Vi a John girar la cabeza hacia otro lado y apretar los puños con furia. Entonces, el chico desapareció, y Venganza comenzó la venganza de De. Al final, dejó a John desmayado.
-De, te quiero -Dijo John en sueños -Te quiero -dos lágrimas rodaron por sus mejillas.
-Te quiero De -dije yo.
Y todos los "Te quiero" del mundo entero volaron hacia De. Venganza se sujetó la cabeza entre las manos como si sufriese la más dolorosa de las torturas. Entonces, se desmayó, cayó mirando al cielo con una sonrisa en los labios y un par de lágrimas en las mejillas. Las cuerdas que nos ataban a los postes cedieron, y John, antes que nada salió corriendo hacia De, la abrazó y acarició hasta que despertó.
Desde entonces y hasta el final, John y De se amaron como ninguna pareja se amó, se amaba y se amará nunca. Sin embargo, De no olvidó nunca lo que le había hecho a John por venganza.

Amor y odio. Laura Gonzalo Barros.- Nacida en Madrid el 2 de febrero de 1995. Cursa actualmente 3o E.S.O. en el colegio Arcángel Rafael. Inglés en la academia Oxford y piano en la Academia Musical Serra. Mis principales aficiones son la lectura, la escritura, los juegos de ordenador, el esquí y el patinaje sobre ruedas y sobre hielo.


Nota.- Los relatos están copiados tal y como llegaron al concurso, sin corrección ortográfica ni estilística. Leído en la emisora de radio Onda Latina (www.ondalatina.es) el miércoles 28-IV-2010.

Para los que no estuvieron presentes en la entrega de premios "José Luis Gallego" 2010. Mi alocución a los presentes.

Después de abrir el acto Javier Burgos, Presidente del Jurado; yo, Juana Castillo, como Secretaria del mismo añadí estas palabras que transmito a todos los participantes que no pudísteis acompañarnos por motivos de lejanía o de horario:

Un año más nos reunimos para entregar los premios del concurso de relato breve “José Luis Gallego” que cumple su quinta edición.
Mi nombre es Juana Castillo Escobar, soy escritora, y la persona que lo coordina desde su nacimiento allá por enero de 2006. Hoy, Secretaria del Jurado.
Me acompañan: Javier Burgos Tejero, Profesor de secundaria, representante de la emisora “Onda Latina” y Presidente del Jurado. Las vocales: Arantxa Alonso García, portavoz de A.V.A.; Isabel Fraile Hernando y Susana Simón Cortijo, ambas escritoras y ganadoras, en su momento, de los premios de este concurso.
Haré un poco de historia y dejaré una reflexión.
- Los participantes de la Categoría Juvenil van en claro y preocupante descenso:
* En 2008 participaron 16 jóvenes de E.S.O. y Bachillerato.
* En 2009 participaron sólo 6.
* Este año, 2010, 5.
- Por el contrario, los adultos van en aumento, así como la mayor presencia de escritores frente a las escritoras.
* En 2006 hubo 6 participantes.
* En 2007 hubo 9 participantes.
* En 2008 subimos a 30 participantes.
* En 2009 llegamos a los 40.
* En 2010 hemos llegado a 68.
Esto es algo que a los patrocinadores nos alegra porque vemos que el concurso toma cuerpo y se hace un nombre, así como el nombre del barrio no sólo lo conocemos los que vivimos en él, sino que se pasea por España y traspasa nuestras fronteras.
Se han recibido relatos de todos los rincones de Madrid capital y de algún pueblo de los alrededores. También de Barcelona; Navarra; Canarias; Guadalajara; Ciudad Real; Alicante; Segovia; Albacete; Córdoba; Sevilla; Asturias; León; Granada; La Coruña; San Sebastián…
Y de: Argentina; Uruguay; Perú; Colombia…
Y, dentro del territorio español añadir que algunos de los participantes son de origen argentino, venezolano, cubano, mejicano, dominicano…
En cuanto a la reflexión va dirigida a los jóvenes, también a los mayores que os acompañamos: tenéis que leer más, que escribir más y jugar algo menos con la Nintendo, charlar por Facebook o Messenger o escuchar música con el MP3. Pensad, entre otras cosas que, si abandonáis el hermoso placer de escribir (aunque sólo sea media hora diaria) ¿quién contará e inventará esas historias a las que tanto os gusta jugar? ¿Quién escribirá los guiones de vuestras pelis y series favoritas? ¿Quién rimará los poemas, con mejor o peor letra para que, más tarde, se conviertan en canciones con las que brinquéis de placer?
Bien, creo que es todo lo que tengo que decir. Añado que, además de celebrar vuestros premios, adelantamos en unas horas la celebración del Día del Libro, así es que leeremos poemas. El escritor elegido es Miguel Hernández de quien, allá para el mes de octubre, se cumple el primer centenario de su nacimiento. Va por adelantado nuestro homenaje.
Ahora ya sí les cedo la palabra a mis compañeros.


Juana Castillo Escobar – Jueves, 22-IV-2010

Tras estas palabras se procedió a la entrega de premios y diplomas. Al finalizar el acto, después de unos minutos de descanso, dimos paso a la celebración adelantada del "Día del Libro". Se leyeron poemas del Miguel Hernández (en entradas posteriores los añadiré junto a los relatos de los consursantes que desearon participar en esta efeméride).

domingo, 2 de mayo de 2010

V Concurso de Relato Breve "José Luis Gallego" - RELATOS PARTICIPANTES, GANADORES Y FINALISTAS

ACTA levantada por el Jurado Calificador del V Premio de Relato Breve “José Luis Gallego” 2010 –Categoría: JUVENIL y ADULTOS -, convocado por la Asociación de Vecinos de Aluche (AVA) y por el Taller Literario “Pluma y Tintero”

A las 18,30 horas del sábado, 17 de abril de 2010, se reúnen:
Dña. Arantxa Alonso, representante de AVA.
Don Javier Burgos Tejero, profesor de Secundaria y representante de la emisora de radio Onda Latina.
Dña. Juana Castillo Escobar, cuentista madrileña, escritora y poetisa. Dña. Isabel Fraile Hernando, escritora.
Dña. Susana Simón Cortijo, cuentista madrileña, poetisa y escritora.


Punto 1.- Una vez reunidos se acuerda que el cargo de

- Presidente recaiga en Don: Javier BURGOS TEJERO

- Secretaria recaiga en Doña: Juana CASTILLO ESCOBAR

Vocales:

- Arantxa ALONSO GARCIA

- Isabel FRAILE HERNANDO

- Susana SIMON CORTIJO


CERTIFICAN:

Punto 2.- Que se reciben, hasta el día de la fecha estipulada en las bases del concurso:

- 5 relatos, categoría JUVENIL:

3 por Internet.
1 entregado en mano en AVA.
1 por correo certificado.

- 68 relatos, categoría ADULTOS:

50 por Internet.
03 entregados en mano en AVA.
15 por correo certificado.

Se anulan dos: el nº 39, “Una ciudad”, por tratarse de un poema. El nº 67, “Un barrio y un billete de 5” por enviarlo duplicado (por Internet y en mano, se califica el recibido el primero: por Internet).

Punto 3.- Que los títulos de los relatos son:

Categoría JUVENIL.

01.- MI AMOR (Torelló – Barcelona - España)

02.- NUEVAS ENERGÍAS (Madrid - España)

03.- UN SUEÑO MAGICO (Madrid – España)

04.- AMOR Y ODIO (Madrid - España).

05.- DIARIO DE UN TAL KILLER (Pamplona – Navarra - España)

Categoría ADULTOS

01.- LOS LUNES CON K (Madrid – España)

02.- CUBISMO AL ATARDECER (Madrid - España)

03.- RETALES EN UN BLOG (Madrid – España)

04.- ENTRE BARRIO Y OFICINA (Juana Koslay- San Luis - Rca. Argentina)

05.- JULIA (Las Palmas de Gran Canaria – Islas Canarias – España)

06.- A LA MEMORIA DE RAMON ALBIOL PONS (Madrid – España)

07.- LA VENTANA (Parla – Madrid – España)

08.- LA ESPINA DE UN PEZ PEQUEÑO (Madrid – España)

09.- SI ME QUIERES NO ME TRAIGAS TU PASADO (Barcelona – España)

10.- NATURALEZA PERDIDA (Manresa – Barcelona – España)

11.- ALUCHE EN MI MEMORIA (Madrid – España)

12.- CICATRICES (Madrid – España)

13.- ASUNCIÓN (Valdemorillo – Madrid – España)

14.- SANTA BARBARA BENDITA (Madrid – España)

15.- OJOS QUE NO VEN (San Sebastián - Guipúzcoa - España)

16.- BIMENSUAL (Burgos – España)

17.- LA ULTIMA I.T.V. (Malgrat de Mar – Barcelona – España)

18.- A LA VENTA (Costa del Silencio, Arona – Tenerife – Islas Canarias – España)

19.- LA MARIQUITA (Jaca – Huesca – España)

20.- MI BARRIO (Manzanares el Real – Madrid – España)

21.- MIRANDO ATRÁS (Manzanares – Ciudad Real – España)

22.- VERANEABAMOS EN EL PATIO DE CASA (Madrid - España)

23.- SILVESTRE (Madrid - España)

24.- RIO ANODINO (Torrelaguna – Madrid - España)

25.- CUESTION DE GRAVEDAD (José Mármol - Pcia. de Buenos Aires – Argentina)

26.- HORAS DE CIELO, HORAS DE RELOJ (Madrid – España)

27.- DESTINO (Montevideo - Uruguay)

28.- EL VISITANTE (Torrejón de Ardoz – Madrid – España)

29.- LA MUERTE DE CARLOS PEREYRA (Turdera - Lomas de Zamora - Buenos Aires – Argentina)

30.- OLGA Y JUAN (Madrid - España)

31.- CARTA DE DESPEDIDA “A LA VEJEZ VIRUELAS” (Alcalá de Henares – Madrid – España)
32.- CAUSA DE ADHESION (Surco – Lima - Perú)

33.- CARTA PARA UNA SOMBRA ALBRICIA (Alcalá de Henares – Madrid – España)

34.- EL RIMEL Y LA BROCHA DE AFEITAR (Godoy Cruz – Mendoza - Argentina)

35.- HERMINIA Y SUS VECINOS (Purchil – Granada – España)

36.- LA PRIMERA VEZ (Cándamo, Asturias, España)

37.- ILUCIONES OPTICAS (Madrid – España)

38.- ENTRE NOSOTRAS (Madrid - España)

39.- UNA CIUDAD (Segovia – España / Nulo por tratarse de un poema)

40.- ASUNTO DE ESTADO (Elche – Alicante – España)

41.- UN FUTURO SEGURO (Madrid – España)

42.- POSDATA: MIS SILENCIOS (Madrid – España)

43.- UN BARRIO Y UN BILLETE DE 5 (Madrid – España)

44.- BARRIO (Sevilla – España)

45.- GASPY (Madrid – España)

46.- SI PAPI (Madrid – España)

47.- LA ESTATUA VIVIENTE, EL CUBANITERO Y NUESTROS SUEÑOS (San Miguel de Tucumán – Argentina)

48.- SUSURRO DE CIPRESES (Santiago de Surco – Lima – Perú)

49.- HOY HE QUEDADO CONTIGO (Barcelona – España)

50.- LA CASA DE LA ESQUINA (Bogotá, Colombia)

51.- YO AQUÍ, TU ALLI (Madrid – España)

52.- VECINOS (Albacete – España)

53.- MUCHO TIEMPO PARA UNA FLOR CORTADA (Las Rozas – Madrid – España)

54.- EL CABALLERO (Madrid – España)

55.- LAS LAGRIMAS DE ALA (Córdoba – España)

56.- LENGUAS DE FUEGO MALDITO EN LAS AFUERAS DEL BARRIO (Albacete – España)
57.- UN DIA CUALQUIERA (Ponferrada – León – España)

58.- CICATRICES EN LA PIEL, HUELLAS EN EL ALMA (Madrid – España)

59.- DE MI PUEBLO A NUEVA YORK (Torrejón del Rey – Guadalajara – España)

60.- EL VIENTO DEL PASADO (Segovia – España)

61.- UN MIERCOLES DE CADA DOS (Madrid – España)

62.- EL CALLEJON (Madrid – España)

63.- REDEMPTION SONG (Madrid – España)

64.- LARGAR AMARRAS (Madrid – España)

65.- LOS PERROS (Madrid – España)

66.- RUMBA MADRILEÑA (Madrid – España)

67.- UN BARRIO Y UN BILLETE DE 5 (Madrid – España / Nulo por duplicado)

68.- CUENTO SIN TECHO (Ribeira – La Coruña – España)


Punto 3.- Que los relatos fueron leídos y calificados, individualmente, por cada miembro del Jurado y, sumadas las puntuaciones obtenidas por cada participante, se acordó que los premios recayeran en:

Categoría JUVENIL:

- Primer Premio: DIARIO DE UN TAL KILLER. Autora: Amaia GOÑI VEGA (Pamplona – Navarra - España)

- Segundo Premio: NUEVAS ENERGÍAS. Autora: Sara MARTÍN MENCHEN (Madrid
- España).

- Tercer Premio: UN SUEÑO MAGICO. Autora: María de la MATA FERNANDEZ (Madrid - España).

FINALISTAS:

- MI AMOR. Autora: Gemma PUIGDOMÈNECH REIG (Torelló – Barcelona -España).
- AMOR Y ODIO. Autora: Laura GONZALO BARROS (Madrid - España).
Categoría ADULTO

- Primer Premio: JULIA. Autora: María José Núñez Pérez (Las Palmas de Gran Canaria - España).

- Segundo Premio: CICATRICES. Autora: María Soledad LOPEZ GONZALEZ (Madrid - España).

- Tercer Premio: LOS LUNES CON K. Autor: Alberto de FRUTOS DAVALOS (Madrid - España).

FINALISTAS:

LA ULTIMA I.T.V. Autor: Juan RUSCALLEDA MASSO (Malgrat de Mar Barcelona).
RETALES EN UN BLOG. Autora: Elena PERALTA VALERO (Madrid - España).
LA ESPINA DE UN PEZ PEQUEÑO. Autora: Mónica PLAZA MURCIA (Madrid - España).
OJOS QUE NO VEN. Autor: Nicolás ESPOSITO CHEDEL (San Sebastián, Guipúzcoa). BIMENSUAL. Autor: Jorge SAIZ MINGO (Burgos - España).
EL VISITANTE. Autor: Javier MOLINA PALOMINO (Madrid - España).
OLGA Y JUAN. Autor: Fernando ROS MARI (Madrid - España).
CAUSA DE ADHESION. Autor: Javier-Alejandro MARISCAL CREVOISIER (Surco, Lima, Perú). BARRIO. Autor: Matías-Ramón GONZALEZ DIAZ (Sevilla - España).
UN MIERCOLES DE CADA DOS. Autora: María del Pilar ZAPATA BOSCH (Madrid - España). REDEMPTION SONG. Autora: Virginia ROCA MORALES (Madrid - España).
UN BARRIO Y UN BILLETE DE 5. Autor: César LILLO GIL (Madrid - España).

Todo lo cual como Secretaria doy fe.
Firmado en Madrid a 17 de abril de 2010. Presidente, JAVIER BURGOS TEJERO Secretaria, JUANA CASTILLO ESCOBAR Vocales: ARANTXA ALONSO GARCIA, ISABEL FRAILE HERNANDO y SUSANA SIMON CORTIJO.

Lecturas autores consagrados: comentario de texto al relato de Ítalo CALVINO, El jardín encantado, por Isabel Fraile


1-.Figuras retóricas:
Metáforas:
Abajo había un mar todo escamas azul oscuro, azul claro.
Los rieles eran relucientes y quemaban.
Algas que dibujaban la orilla del mar. El sol se oscureció de nubes
Onomatopeya!:Deng!
Comparaciones:
Parecía una cigüeña de hierro que hubiera cerrado bruscamente el pico
Se enroscaba como el ángulo de una hoja de papel.
Chirriaba en cada una de las vueltas como una especie de silbido.
Las manos como peces rosados.

Personificaciones:
Después volvió el silencio.
El tren, tal vez corría con la locomotora apagada.
El vapor invisible que temblaba sobre las piedras del camino.

Oxímoron:

Un sonido sordo y prolongado

Enumeración: Era como si anduviese de puntillas. Como si temiera que alguien pudiera venir de repente a expulsarlo. Como si sintiera que el libro, la mecedora, la mariposa, y el jardín con juegos, la piscina y las alamedas…

2 Cuento realista

3El lenguaje es actual y perfectamente comprensible.

4 Los protagonistas son los dos amigos.

6 Hay pocos personajes: El niño de la casa grande y un par de criados que sacan las bandejas de la merienda.

7Me gusta la frescura con que está narrado.

Opinión: Una historia llena de camaradería e inocencia en igualdad de “condiciones” entre estos dos pequeños. Aunque desde el principio, he creído intuir un segundo sentido por parte del escritor. Por un momento relacioné el jardín, con un pequeño paraíso terrenal. La parte de implícita culpa que sienten estos dos pequeños al estar trasgrediendo algo que no le es permitido.
También ha llamado mi atención el “pobre niño rico”. Prisionero al igual que las mariposas que cuelgan de la pared.


Isabel Fraile Hernando

Lecturas autores consagrados: comentario de texto al relato de Ítalo CALVINO, El jardín encantado, por Zulhma Fedrizzi

EL JARDIN ENCANTADO
Italo Calvino
Zulhma Fedrizzi


Trabajo sobre los textos a comentar:
1.- Señala las figuras retóricas que hayas encontrado (metáforas, comparaciones…)

Imagen de movimiento: ...caminaban por las vías del tren.

Descripción: Abajo había un mar todo escamas azul oscuro azul claro; arriba un cielo apenas estriado de nubes blancas. Los rieles eran relucientes y quemaban.

Enumeración: Por las vías se caminaba bien y se podía jugar de muchas maneras: mantener el equilibrio, él sobre un riel y ella sobre el otro, y avanzar tomados de la mano. O bien saltar de un durmiente a otro sin apoyar nunca el pie en las piedras.

Onomatopeya: ¡Deng!

Comparación: Parecía una cigüeña de hierro que hubiera cerrado bruscamente el pico.

Oxímoron: Parecía oír ya el oscuro resoplido que venía del túnel.

Personificación: ... vérselo venir encima, escupiendo humo y fuego, las ruedas tragándose los rieles implacablemente.
... corría con la locomotora apagada, sin ruido, y saltaría de pronto sobre ellos.

Descripción: Pero en cierto lugar la sombra de los árboles terminaba y se encontraron a cielo abierto, delante de unos bancales de petunias y volúbilis bien cuidados, y senderos y balaustradas y espalderas de boj. Y en lo alto del jardín, una gran casa de cristales relucientes y cortinas amarillo y naranja.

Imagen auditiva: ... chirriaba a cada vuelta de las ruedas con una especie de silbido.

Descripción: Se acercaron a la casa de puntillas. Mirando entre las tablillas de una persiana vieron, dentro, una hermosa habitación en penumbra, con colecciones de mariposas en las paredes.

Retrato: ... un chico pálido. Debía de ser el dueño de la casa y del jardín, agraciado de él. Estaba tendido en una mecedora y hojeaba un grueso libro ilustrado. Tenía las manos finas y blancas y un pijama cerrado hasta el cuello, a pesar de que era verano.

Imagen Visual: El sol se oscureció de nubes.

2.- ¿Sabrías enmarcar el relato dentro de uno de estos géneros?

- de miedo,
- fantástico,
- de intriga,
- erótico,
- de ciencia ficción,
- cuento para niños,
- cuento realista…

3.- ¿Cómo es el lenguaje? ¿Actual o arcaizante? El lenguaje es actual. Fluído.

4.-¿Es un texto comprensible en nuestros días? Muy comprensible. Fácil de leer. Claro. Llevadero

5.- ¿Quién es el/la protagonista? Aparecen dos niños. Giovannino y Serenilla.

6.- ¿Da sensación de que hay muchos o pocos personajes? Son pocos. Pareja de niños. Un niño solitario dentro de la casa. El jardín es otro protagonista, sin él, no habría desarrollo del argumento.

7.- ¿Qué es lo que más te ha gustado? ¿Por qué? Me gustó la descripción de ese trozo de infancia. Me sorprende este relato tan fresco encuadrado en esta época tan materialista. Me hace recordar mis sueños de niñez.

Tu opinión:
Se puede ver como *la descripción de una tarde de juegos de un día de verano. También me hace pensar si realmente fue así o los dos niños inventaron ese jardín.
*El niño solitario puede ser otra invención de Giovannino y Serenella.
*Tal vez este niño solitario los imagine a todos y a todo. Puede ser él quién esta jugando a imaginar ese lugar, porque parece no sentirse parte de allí.
*Giovannino está solo y recrea ese mundo y la situación, sobre todo esa excelente amiga que lo sigue incondicionalmente y que pese a todo, nunca llora, lo que recalca más de una vez.
Una buena historia.
La interpretación final depende de la imaginación de quien la lee.

Lecturas autores consagrados: comentario de texto al relato de Ítalo CALVINO, por Pepi Núñez.

Trabajo sobre los textos a comentar:

1.- Señala las figuras retóricas que hayas encontrado (metáforas, comparaciones…)

Un mar todo escamas azul oscuro, azul claro.

Parecía una cigüeña de hierro que hubiera cerrado bruscamente el pico.

... del vapor invisible que temblaba sobre las piedras del camino.

Parecía oír ya el oscuro resoplido que venía del túnel y vérselo venir encima, escupiendo humo y fuego, las ruedas tragándose los rieles implacablemente.

... pitas grises, erizadas de púas impenetrables.

2.- ¿Sabrías enmarcar el relato dentro de uno de estos géneros?

- de miedo,

- fantástico, (no estoy muy segura)

- de intriga,

- erótico,

- de ciencia ficción,

- cuento para niños,

- cuento realista…

3.- ¿Cómo es el lenguaje? ¿Actual o arcaizante? Actual

4.- A pesar de ello, ¿es un texto comprensible en nuestros días? SI

5.- ¿Quién es el/la protagonista? Los niños Giovannino y Serenella

6.- ¿Da sensación de que hay muchos o pocos personajes? Pocos, aparte de los niños, se nombran a dos criados y al niño que está dentro de la casa.


7.- ¿Qué es lo que más te ha gustado? ¿Por qué? El que esté contado con esa visión inocente de la mirada de unos niños

Tu opinión: Me ha parecido un relato bello, tierno, narrado de una forma ágil, pero sin dejar de describir la belleza del jardín, el cual me parece algo fantástico, ya que es muy extraño que nadie note la presencia de los niños en el. Al mismo tiempo parece decir, que ese lujo tiene al niño del pijama prisionero dentro de la maravillosa casa. Los protagonistas lo notan y vuelven a su mundo real, donde pueden jugar a tirarse algas a la cara, o a cualquier juego que les venga a su imaginación.

Pepi Núñez 28/3/2010
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EFEMÉRIDES QUE NO DEBEN DE SER OLVIDADAS

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14 de Febrero - DÍA DE SAN VALENTÍN

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Picad sobre la imagen para saber más de la historia del santo y de esta efeméride.

21 de marzo: Día Mundial de las Personas con Síndrome de Down

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21 de Marzo-Día Internacional para la Eliminación de la Discriminación Racial

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(Pica sobre la imagen)

Agua para todos

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22 de Marzo, día Mundial del Agua

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Revolución en el museo de Orsay

Revolución en el museo de Orsay
"Quiero que el siglo XIX no se acabe nunca". La frase, en palabras de Guy Cogeval, director del Museo de Orsay, resume la misión que se ha marcado: poner patas arriba el mayor museo mundial de arte del XIX. Una auténtica revolución que ya ha comenzado y que supondrá el salto al siglo XXI de una institución que nació en 1986 como una de las mayores apuestas francesas en la historia del arte. Uno de los beneficiados será España: un centenar de joyas de Orsay aterrizarán el año próximo en la Fundación Mapfre de Madrid, como primera etapa de todo un periplo internacional. (Pica sobre la imagen).

Si es un 'miguel ángel', es un chollo

Si es un 'miguel ángel', es un chollo
'El tormento de San Antonio', la que se supone que es la primera obra de Miguel Ángel Buonarroti, elaborada cuando tenía unos 12 años, ha sido comprada por un museo de Texas (EE UU), señala The Guardian. (Pica sobre la foto)

CIENCIA Y TECNOLOGÍA

CIENCIA Y TECNOLOGÍA
Descubren el planeta extrasolar más pequeño, algo mayor que la Tierra. (Pica sobre imagen).

Así eran los primeros relojes

Así eran los primeros relojes
Es un pequeño objeto dorado que Cosimo I de Medici, Duque de Florencia, levanta con la mano derecha en un óleo pintado en 1560 por Maso da San Friano. Este mecenas de las ciencias del siglo XVI mira al espectador 450 años después con cierta arrogancia. No es para menos, sostiene una pieza de tecnología punta de su tiempo: un reloj. (Pica sobre la foto).

Detectan una especie de peces destructores en las costas del Caribe de Guatemala

Detectan una especie de peces destructores en las costas del Caribe de Guatemala
Guatemala, 13 sep (EFE).- Un grupo de biólogos marinos detectó la presencia de una especie de peces destructores en las costas del Caribe guatemalteco, cuya masiva reproducción podría poner en peligro al ser humano. (Pica sobre la imagen).

El gran cometa Donati como lo trazó William Dyce

El gran cometa Donati como lo trazó William Dyce
El artista escocés pintó el cuadro sólo meses después del descubrimiento de este cuerpo celeste por un astrónomo italiano. (Pica sobre la imagen)

La historia de Urania, musa de la astronomía

La historia de Urania, musa de la astronomía
La creación de esta divinidad menor hija de Zeus demuestra la importancia de esta ciencia desde la antigüedad -Año internacional de la Astronomía-. Los griegos de la antigüedad plasmaron los grandes misterios de la creación en una gran variedad de mitos. La Teogonía escrita por el poeta beocio Hesíodo en el siglo VII a. C. contiene los primeros relatos estructurados sobre el origen del universo, los dioses y el ser humano, partiendo de mitos y poemas procedentes de una tradición oral. Las musas eran divinidades menores hijas de Zeus y la titánide Mnemósine (la Memoria). Según Hesíodo eran nueve: "Ella dio a luz a nueve jóvenes de iguales pensamientos, aficionadas al canto y de corazón alegre, cerca de la más alta cumbre del nevado Olimpo". Se movían entre el Olimpo, al que eran llamadas a menudo por Zeus para alegrar sus fiestas, y el monte Helicón, donde formaban bellos coros y recorrían sus ríos y valles. (Pica sobre la imagen)

La NASA difunde unas fotos tomadas por las nuevas cámaras del telescopio Hubble

La NASA difunde unas fotos tomadas por las nuevas cámaras del telescopio Hubble
Washington, 9 sep (EFE).- La NASA difundió hoy espectaculares fotografías de galaxias, estrellas y nebulosas captadas por las nuevas cámaras del telescopio espacial Hubble. (Picad sobre la imagen para saber más)