¿QUÉ BENEFICIOS SE OBTIENEN AL MATRICULARSE EN UN TALLER LITERARIO?

Preguntas como esta, o tales como:
- ¿Es bueno matricularse en un taller literario?
- ¿Qué me aporta el matricularme en un taller literario?
- ¿Seguro que se puede aprender a escribir en un taller literario?

Preguntas similares y muchas más las he estado escuchando los últimos seis años, los que tiene de vida el taller.
A quienes me las hacían, bien por correo electrónico, bien por teléfono, traté de sacarles de dudas lo mejor que supe o pude.
He de decir que, como tallerista que fui durante más de ocho años en uno de los más antiguos aparecidos en la ciudad de Madrid, más dos cursos en una escuela de prestigio diré que:
1.- Los genios literarios, salvo muy raras excepciones no nacen, se hacen a base de esfuerzo y trabajo constante (al igual que cualquier trabajador en la disciplina que sea: para ser realmente bueno es preciso constancia y trabajo).
2.- En todas las universidades anglosajonas, los talleres literarios son una asignatura más en las facultades de letras.
3.- Cualquiera que sepa redactar medianamente bien, y que tenga inquietudes literarias, puede ser un magnífico alumno.
4.- A un taller literario hay que llegar con humildad y con el pensamiento de que se va a aprender, no creyéndose de entrada un Cervantes o mejor que el insigne alcalaíno porque será un pésimo alumno que no se dejará corregir, se aburrirá y entorpecerá las clases.
5.- Quizá este punto debí ponerlo en el 1º o 2º lugar. Escribir es: CORREGIR, CORREGIR, CORREGIR y CORREGIR, de tal modo que el texto quede pulido, tanto como una pista de patinaje por la que, el lector, deslice la vista y no se encuentre obstáculo alguno que le haga desechar la obra que tiene entre manos bien por aburrimiento, falta de comprensión, exceso de rimas...
6.- Y por último, para no aburrir como pongo más arriba, quien desee escribir, llegar a tener un estilo propio, debe leer mucho y bien, es decir: beber de los autores clásicos y contemporáneos pero no sólo ir a conocer el argumento, sino ver las figuras retóricas empleadas, el tono, el estilo, las formas de lenguaje... Es necesario hacer un estudio en profundidad e, incluso, intentar parecérsele (con los ejercicios de intertextualidad) y, cuando menos se lo espere, habrá llegado, si no a la cumbre, sí a empezar la escalada de esa montaña que, aunque parezca que no, se conseguirá con tesón.

Un saludo, Juana Castillo


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viernes, 26 de marzo de 2010

Un espacio, un personaje. Relatos de las alumnas del Taller

Imagen obtenida en Internet
Doña Clementina
Pepi Núñez Pérez

Desde que la niña murió, la vida de Doña Clementina se hizo aún más triste y monótona de lo que ya era. El invierno se le hizo interminable, apenas si fue al pueblo un par de veces, el resto lo pasó muerta de frío junto a la chimenea, intentando bordar, aunque a veces sus ateridos dedos no le obedecen.
Cuando llegó la primavera, una mañana, al ver que la escarcha ha desaparecido gracias a los rayos de sol, se decide a bajar al huerto. Pasea junto a los ciruelos, se fija en el tronco de uno de ellos y le parece ver un trozo de tela que asoma junto al árbol, se agacha y mueve un poco la tierra, allí encontró a la muñeca Pipa. La tomó con todo cariño y miró la rama seca que, después de permanecer el largo invierno bajo tierra, se encuentra rota. A pesar de ello, a Doña Clementina le parece hermosa, como si la mirase con los ojos de la niña. Se volvió a contemplar la ventana donde ésta solía asomarse, pero desde su muerte permanece cerrada. Tomó con sumo cuidado la frágil ramita con su tela descolorida por la humedad, y se encaminó a su casa. Subió a su dormitorio, en la cómoda buscó un pañuelo de seda, lo extendió sobre su cama y, con toda ternura, colocó a Pipa y la guardó en su armario. Después se sentó en el borde del lecho a pensar en lo que era su vida. Dios no le dio hijos. Su marido, un médico que con el paso del tiempo, se ha convertido en un hombre amargado por llevar tantos años en aquel pueblo, el cual, ya pocos recuerdan. Él no le permite tener amistad con nadie. Le comenta que ellos pertenecen a otra clase, no pueden mezclarse con aquellos campesinos, según él, ignorantes. Pero ella, durante toda la mañana y la tarde está sola en aquel enorme caserón. Cuando él vuelve, apenas habla, y después de la cena se pone a leer el periódico.
Recordó la noche en que le prohibió visitar más a la niña, al tiempo que le dijo, con toda frialdad, que la pequeña se iba a morir, que sus padres no tienen dinero, y que era lo mejor para todos. Piensa que ella fue cobarde, debió decir que, con sus ahorros, le podía pagar los medicamentos a la niña, pero no se atrevió a enfrentarse a él. Se sintió culpable de la muerte de la pequeña. Hasta ese momento se negó a pensarlo, pero ahora, es consciente de que, ya que su marido como médico no hizo nada, ella sí que pudo haberlo hecho. Las lágrimas se deslizan en silencio por sus mejillas. Se siente la persona peor del mundo. Se levanta, abre el ropero y saca el pañuelo que guarda la ramita seca, la abraza, como le hubiese gustado abrazar a la pequeña de rostro pálido y largas trenzas de cabellos apagados. Pone el envoltorio sobre la cama y baja la vieja maleta que lleva años sobre el armario. Empieza a sacar diferentes piezas de ropa y las coloca con cuidado en su interior, cuando ya está todo, encima de la ropa, pone la muñeca, cierra la maleta y se dirige a la cocina. Allí, dentro de una alacena disimulada tras unas latas, está la vieja caja donde esconde el dinero heredado de sus padres, lo saca todo y lo guarda en su bolso, es bastante, del otro, del que ha ahorrado del sueldo de su marido, de ese no quiso ni un céntimo.
Se fue al baño. Peinó su pelo, ya con algunas canas, y se refrescó la cara. Después quiso dar una última vuelta por cada habitación. De la salita se llevó las fotos de sus padres; de su dormitorio, la pequeña manta tejida por su difunta hermana; de la cocina, un hermoso mortero de hierro recuerdo de su tía. Todo lo puso en una bolsa. Empezó a bajar las escaleras con la maleta en una mano y la bolsa grande en la otra. De pronto recuerda todas aquellas hermosas sábanas y manteles que bordó durante tantos años sentada en el huerto. Sube por ellas, las coloca en otra bolsa y busca un papel donde escribe: Para que tengan un recuerdo de su vecina Clementina.
Se acerca a la puerta de la familia Mediavilla, y se las deja sobre un destartalado banco. Regresa a su casa, toma de nuevo la maleta y la bolsa y se encamina por el sendero que la lleva a la parada del viejo autobús, el que siempre pasa a las doce. Respira profundo, se dice que aún no es tarde para empezar a vivir una nueva vida. Seguro que hay muchas niñas enfermas en la ciudad a las que ella podrá cuidar y ayudar.
Por primera vez en su vida piensa que aún puede ser útil y libre de hacer lo que quiera.

Intertexto inspirado en: "La rama seca" de Ana Mª Matute - Pepi Núñez 5/5/09

Un espacio, un personaje. Relatos de las alumnas del Taller

Jardín botánico Molino del Inca - Torremolinos - Málaga
La realidad de los sueños
Isabel Fraile Hernando



Todos los días, Daniel, el encargado del botánico, hace sonar la campana diez minutos antes del cierre para que los turistas abandonen el jardín. Cuando queda vacío, el hombre de tez morena, cabello cano, cejas pobladas y hombros caídos, recorre los senderos que cruzan el parque. Marcha pausado entre las columnas verdes de diferentes especies que flanquean los caminos.
Al laberinto de aligustre, lugar preferido por los foráneos, se accede nada más subir la escalinata, en el centro del laberinto una impresionante araucaria luce los siglos de su edad.
En más de una ocasión ha encontrado, en los bancos que rodean el interior del vericueto, bolsas de patatas fritas o frutos secos, latas, y alguna que otra botellita de plástico, olvidada por las parejas que eligen la intimidad de los setos para arrullarse como palomos.
Tras cruzar uno de los puentes de madera, que se mueve bajo sus pasos, algo más alto y a la izquierda, se halla el primero de los tres miradores desde donde se observa alguna de las fuentes, cascadas y estatuas de la quinta.
“Esta es, piensa, la mejor hora del día”. En su caminar silencioso le acompaña el dulce gorgoteo del agua que circula por todos lados con libertad canalizada.
A la derecha se encuentran las cárceles de los pajarillos, rebosantes de vida. Aunque se anuncia la prohibición de alimentarlos, o precisamente por eso, en el suelo se pueden ver restos de comida, migajas que él recoge mientras farfulla entre dientes.
Para el hombre este es su Paraíso, una burbuja suspendida en el tiempo. Fuera, a escasos metros de la tapia, el paisaje cambia de forma abrupta. La maleza se disemina rodeando las paredes encaladas del vergel como un invasor a la espera.
Daniel, lobo de mar impenitente, recaló en el pequeño pueblo costero tiempo atrás. Lo suyo fue amor a primera vista. Sin explicarse aquella fuerte atracción por el entorno verde, se convirtió en felino.
En aquella conversión puso su grano de arena, sin proponérselo, una mujer. Candela.
Ocho años antes. Medio día. Daniel enfila una calle cualquiera de la población en busca de alojamiento. Hace meses que no pisa tierra firme y eso desestabiliza su marcha. Alguna de las personas con las que se cruza le miran, tal vez pensando que el hombre está ebrio.
El sonido de su estómago avisa la hora. La calle no es muy ancha, pero sí empinada. Las casas blancas, son las típicas de un pueblo mediterráneo, con naranjos jóvenes plantados a lo largo de las aceras. Hasta allí aún no ha llegado el desorden urbanístico.
Unos metros más arriba, a la izquierda, el rótulo de un bar. La botica. En la puerta de al lado se puede leer Pensión, de la hoja cuelga un cartel: “Habitaciones libres”.
En el bar apenas unos pocos clientes, tras la barra está Candela. Es morena, de pelo rizado y ojos grandes como almendras. Se dirige a Daniel con una sonrisa que muestra unos dientes algo desiguales pero muy blancos.
-Buenos días. ¿Qué va a tomar?
Primero pide una botella de agua. Hace tiempo que dejó el alcohol, él no es de esos marinos que visitan los bares y tienen una mujer en cada puerto. Luego, tras comprobar los letreros que anuncian los platos, se decide por algo de carne.
-Si quiere puede sentarse, le serviré en un momento.
Mientras ella trastea en la cocina, se acomoda en una de las mesas cercana al ventilador, lejos de la puerta.
El momento pasa rápido y ya tiene la comida frente a él.
-Que aproveche.
-Gracias.
Así fue su primer encuentro. Después, a lo largo de los meses, surgió la amistad.
Llegaron las confidencias. Sin apenas darse cuenta se acostumbraron el uno al otro, la soledad hizo el resto.
La noche ha caído sobre el botánico. Daniel cierra la puerta del jardín y se dirige a la casa que comparte con Candela. Un día más, todo está en orden. Mientras, cada vez más cerca, la maleza rodea el vergel.

Un espacio, un personaje. Relatos de las alumnas del Taller

MELLERY
Zulma Fedrizzi


Delante, las hogueras del pueblo natal que la rechazaba.
En medio, el bosque. Lo más parecido a un hogar que había tenido.
Detrás, una fuerza invasora. Un puño creador de masacres. Un reguero de humo y chozas destruidas.
Criada a destajo por su tío, usada para cuidar las porquerizas de la granja y ahora regalada a un viejo molinero renegado que haría de ella un juguete de sus últimos años. Huyó de eso, por milagro, paradójicamente, por acción de la gran fuerza de odio y guerra traída por los invasores, que no eran peor a muchas fuerzas que moraban en su pueblo. Nada en ese pueblo andrajoso. Estaba más agradecida a los conquistadores que a ningún otro espíritu por su accionar. Fue su única salvación ante un destino ya marcado de antemano por su tío.
El bosque. Ese terreno era como la palma de su mano. Lo misterioso para otros no lo era para Ella. Seguiría viva, como siempre, como hasta ahora, desde que abrió sus ojos en esta realidad.
Pasaron un par de lunas y decidió investigar los alrededores. No captó mucho movimiento. Fue al río. Siguió su orilla hasta sentir el rugido de las pequeñas cataratas cerca. El agua y sus arco iris en las rocas del fondo. Sus pies sobre el lecho de piedras redondas y negras. Era un río hermoso, extraño. Nunca lo llamó por su nombre. El Norte, pero eso era poco para él. Un nombre ralo. Para ella era Katempory, el inestable, el tempestuoso, con grandes crecidas y furiosos estiajes. Katempory.
A lo lejos divisó una silueta desvanecida cerca de la orilla opuesta. Precisó su visión con ayuda de su mano izquierda, con igual resultado. Un bulto no muy grande. Tenía que ir. Con sus zapatos en mano y la rústica pollera sujeta, cruzó el río por una parte más baja. Utilizó grandes piedras a modo de puentes de ayuda y se detuvo cautelosa frente a la mancha grisácea. Secó sus pies con la pollera, se calzó los viejos zapatones de cuero y madera. Caminó en derredor de la figura, inerte, su cara semi-escondida contra la orilla arenosa. Cuando se dio cuenta de que era una mujer se apresuró a ir en su ayuda. Se sentó junto a ella y tomó su cara con las manos, no se veía herida pero respiraba con dificultad. Le bajó la capucha y descubrió un rostro muy anciano con un cabello blanco trenzado. Colocó su cabeza en su falda y comenzó a hablarle acarició su frente para aliviarla un poco. Allí se quedó un gran tiempo, sin respuesta alguna.
- ¿Se encuentra usted, bien? -Dijo Mellery, con suavidad. La anciana tan solo movió sus ojos y repitió algo en voz muy baja-. Tal vez usted vino con los extranjeros, y no habla mi lengua, pero ya encontraremos cómo comunicarnos.
- Tú siempre te has comunicado bien conmigo, Mellery.
- ¿Sabe mi nombre? ¿Estaba en Lett, mi pueblo, sin yo saberlo?
La anciana se sentó a su lado y tomó sus manos entre las suyas, rugosas y frías.
- Si y no. Siempre estuve aquí en el bosque, desde antes de que tú nacieras. Te he visto crecer bajo estas frondas, correr y nadar en el río. Te he visto llorar, te he visto…
- Discúlpeme, entonces, ¿por qué nunca lo noté y tal vez estuve cerca de su propiedad sin permiso?
- Todo el bosque es mi hogar y no es propiedad más que de sí mismo.
- Pienso igual, pero… ¿Dónde vive?
- Aquí y allá, como tú ahora.
- De seguro que me ha visto por todas partes. Pero siempre elijo la cueva cerca de la cascada para pasar la noche, me siento segura allí. ¿Cómo está? ¿Qué le ocurrió?
- Estoy bien pero necesito que me ayudes con algo. Ven conmigo...
Mellery ayudó a la anciana a pararse y se internaron en el bosque. Fueron hasta un claro donde la anciana era habitante de una pequeña choza humilde y muy iluminada. Se sentó en una diminuta silla junto al hogar y le indicó la leña para encenderlo.
– Esto es algo común para mí.
- ¿Cuidar a alguien?
- No, encender el fuego de otros. Lo he hecho siempre y nunca disfruté sus llamas.
- Aquí no será igual, por el tiempo que decidas quedarte.
Mellery, la miró, se dibujó una sonrisa y se sintió bien con la propuesta.
- ¿Podría quedarme aquí?
- Sí, si no te es molestia estar con una vieja...
- Gracias ¿Cómo sobrevivió a los invasores?
- No me ven -sus ojos hablaron antes que sus labios-. No me ven, como a una amenaza, susurró riendo.
- ¿Necesita algo del boque?
- Bayas de serbal, trae cuántas encuentres.
- Sé de un lugar que conozco bien, ¿Nada más?
- Por ahora, no. Luego veremos...
- ¿Podrá quedarse sola?
- No te preocupes y vuelve sana y salva.
Mellery corrió como el viento y juntó cuantas bayas entraron en su pollera andrajosa. Su vida cambia, muta. ¡Cuánto le gustaba conversar con alguien! ¡Tener un lugar dónde cobijarse! Juntó también un ramito de flores salvajes y las acunó un momento. Le pareció sentir pasos y se escondió. Los invasores instalados del otro lado de los cerros. De vez en cuando aparecían a buscar leña y cazar ciervos. Eran un grupo de cinco o seis. Mellery, no se movió hasta verlos lejos. Luego corrió. Encontró la cabaña. Golpeó la puerta.
- Adelante, niña, es tanto tu casa como la mía. ¡Adelante!
- Gracias, no estoy acostumbrada a...
- ¿A que te traten bien?
- Mira usted dentro de las almas, ¿no es así?
- ¿Te asusta?
- No. He visto lo peor reflejado en otros ojos, los suyos son extrañamente familiares y suaves. Su mirada abarca el bosque. Usted me agrada.
- Para quedarte debes hacer algo antes. No dudo de tu idoneidad, pero puedo equivocarme.
Mellery, se volvió.
– Tal vez nunca pueda estar en ningún lugar.
- Tal vez eres más que eso, eres más que una niña usada para criar cerdos.
- ¿Cómo lo sabe? Ya sé, leyó mi alma...
- Ven siéntate junto a mí. Cuéntame algo que no sepa.
- No sé qué no sabe.
- Bueno, con tiempo te darás cuenta. El agua hierve, ve y coloca las bayas en ella.
Mellery buscó las bayas, las limpió en una palangana y las fue poniendo de una en una en el agua en punto de ebullición. Les dio las gracias por brindarse, por estar allí para ellas. Cuando colocó la última las contempló saltó en una danza en el agua con ellas.
- ¿No es demasiada agua?
- Es la medida justa y tú lo has hecho a la perfección.
- ¿Me quedaré, entonces?
- Sí, si lo deseas.
- Gracias. ¿Me contarás para qué es?
- Mira y verás, es algo delicioso y especial. Muchos te dirán que es para protegerse de las Hadas Malignas. Pero esto es solo cuento -sopló sobre el agua muy caliente, el líquido se transformó en una jalea espesa y azulada–. Sácalo del fuego. Cuando se enfríe lo beberemos.
- ¿Para qué sirve?
- Cura enfermedades y te mantiene joven.
Mellery comenzó a reírse.
- No te rías, si supieras mi edad... Verías que no miento.
- ¿Qué hacía en el río?
- Te esperé. Era una prueba para ti.
- ¿Qué cosa?
- Ver cómo actuabas. Te quedaste conmigo me diste lo único que tienes.
- Que, ¿es...?
- Tu ternura. El río me habló de ti, es un buen amigo tuyo. Me dijo que eras de confianza, pero tenía que comprobarlo por mí misma.
Se sirvieron y paladearon un sabor único, suave y ligeramente ácido. Parecía alimentar algo más que su cuerpo.

Un espacio, un personaje. Relatos de las alumnas del Taller

Lago de Proserpina - Imagen obtenida en Internet
MI QUERIDO PAISAJE
Consuelo Gómez González




Van pasando los años y, a pesar de ello, el pellizco, ese aletear de mariposas en el estómago, el mismo que notas cuando estás enamorado, se asienta en el interior de Marina. Se emociona.
Desde aquel 2 de noviembre que, con sus padres, salió de su pueblo para ir a vivir a Madrid, ha venido año tras año a visitar a sus abuelos y hoy, cuando ellos ya no están, a pesar de las grandes ausencias, lo revive de nuevo. Sonríe al recordar aquella madrugada cuando, al acercarse el tren a Madrid, lo confundió con un cielo llenito de estrellas. Le contaron enseguida que eran las luces de Madrid de noche pero, en su recuerdo, aparece como el primer día.
Han dejado atrás la autopista y, ya en la carretera comarcal, el paisaje tan familiar y tan querido se presenta magnífico. Hoy, un día de otoño, aún cálido en estas tierras extremeñas, Marina puede ver, incluso con los ojos cerrados, cada palmo de los ocho kilómetros que la separan del pueblo.
Va dejando a su paso los queridos canchos, rodeados de encinas a un lado y otro de la carretera. Le acompañan durante buena parte del camino, hasta encontrar a la derecha la valla de madera que se abre para dejar paso a Proserpina, una gran laguna que llaman familiarmente charca. A la izquierda la estación de Aljucén, donde para el tren de ida y vuelta de Mérida a Badajoz. Es quizá de las pocas estaciones de ferrocarril que, por encontrarse en el campo, se libra de ser modernizada y conserva todo su encanto.
Le siguen las eras, donde todavía se puede ver algún aldeano arar, a la caída de la tarde, los campos sembrados de trigo y las viñas que, hasta donde se pierde la vista, están rebosantes en espera del momento de la vendimia.
Al pasar el puente del río Aljucén, que se anuncia con una colcha de juncos verdes y filas de adelfas desiguales y llamativas como si fueran las guardianas del río, recuerda con nostalgia aquellos momentos vividos aquí que, sin duda, fueron los mejores de su adolescencia.
Era por aquellos años una niña extremadamente delgada y no muy alta que, por esto mismo parecía más pequeña de lo que era. Casi siempre llevaba trenzas, unas largas trenzas rubias que enorgullecen a su madre tanto como le molestan a ella. “Menos mal que eso se arregló”, cavila. Hoy, quizá por aquellas trenzas, lleva siempre el pelo suelto.
Durante las vacaciones del colegio, todos los veranos sin faltar uno, vuelve para pasarlo aquí, desde el primer día hasta el último. Los paseos por la carretera hasta los canchos, donde las horas parecen segundos y siempre acababan riñéndole por llegar tarde a casa. Los baños en el río después de haber escuchado con mucha prisa y aparente atención las advertencias de su abuela. “Quién pudiera escucharla de nuevo”, piensa con tristeza.
- Ten cuidado con el agua y con las compañías.
- Sí abuela, descuida.
Ya se ve la entrada al pueblo. Las flores silvestres consiguen, con su abundancia y su perfecta colocación, que la carretera parezca una alfombra gris que llega hasta él, rodeada de color y olor a campo. Giramos a la derecha para tomar la glorieta que nos introduce en sus blancas calles. Hemos llegado.

domingo, 21 de marzo de 2010

Un espacio, un personaje. Relatos de las alumnas del Taller

Imagen obtenida en Internet
LA HABITACIÓN
Adriana-Cecilia Salcedo Jaramillo


El dormitorio de Margot tiene una magia poco usual. De hecho, fue inventado de una manera singular.
Ya el departamento es bastante grande, sobre todo la sala y el comedor que, sin tener división, se ve como una cancha de fútbol o una pista de baile. Las cuatro habitaciones, amplias y cómodas, ocupadas por sus tres hermanos y ella.
La preocupación y la alegría a la vez, nacieron con la evidencia de la llegada del menor de sus hermanos. Un año fuera del país resaltaba los ánimos de todos.
Después de darle varias vueltas al asunto, era claro, faltaba un dormitorio. Salió la gran idea, y Margot la propuso en casa. Todos se pusieron en campaña, levantaron una pared de un material ligero. Cosa de sacarla rápidamente por si el dueño de casa se opusiera con la propuesta, pero Don Mario dio el visto bueno. Con tal de darle una mano a su arrendataria, aceptó complacido.
La sala quedó acogedora. Y la quinta habitación, la de Margot, se mostró como si fuese la principal del departamento.
Pintó la pared nueva de un amarillo ocre, las otras tres paredes quedaron de color blanco. Consiguió un sofá cama que, al estirarlo, quedó como un buen colchón al ras del piso, también obtuvo un velador con algunos cajones. Su ropa era la interrogante. Tomó la maleta de siempre y allí guardó su vestimenta. Al cubrirla con una cobija hecha por manos mapuches, de diversos colores, le dio un encanto especial a su entorno. Mirando hacia la pared nueva, instaló su escritorio, el computador y, al costado, su lámpara de sal que, al llegar la noche, ilumina todo como una vela sin flamear.
El departamento quedó llenito a la llegada del menor de sus hermanos que, siendo muy joven, aprende a dibujarse como hombre, al igual que los demás.
Al contrario de Margot. Fue mujer adulta desde que lo recuerda.
Cuando el silencio acoge al descanso de todos, es cuando ella cierra su puerta. En una especie de rito, abre las cortinas gruesas, las amarra con alguna piola que encuentre por ahí y, al sentarse en su cama, prende una vela flameante y la lámpara de sal, un incienso le acompaña. Observa por el ventanal la noche santiaguina. Más de una lágrima se le escapa de aquellos ojos color café, su pelo largo y desordenado enmarcan el rostro angular, y su boca amplia a veces sonríe. Le ríe a la vida, y lagrimea sus desalientos. Al dormir se acurruca como una recién nacida, tratando de recuperar una niñez ausente.

martes, 15 de diciembre de 2009

Creación de un personaje y su entorno. Relato: "Una antigua amistad" por Milagros López - Madrid.

Imagen obtenida en Internet
UNA ANTIGUA AMISTAD
Milagros López

Alba es una mujer morena, robusta, de piernas largas y de las que le da por reflexionar. Muchas veces se queda pensando en las cosas que le preocupan, que no son precisamente banales.
Desde niña ya siente gran inquietud ante las injusticias, ante las desigualdades sociales, y un sentimiento de rebeldía creció en su interior.
También desde niña aprendió a sentir que la amistad es un tesoro, y la solidaridad le surgió de forma natural, cosa que le resultó fácil puesto que pasó su infancia en un pueblo donde las gentes se ayudaban en las tareas del campo, se prestaban herramientas de trabajo o cualquier otra cosa necesaria. Su calidad de vida se deja ver en las relaciones que se establecen entre ellos. Alba lo captó rápido y bien.
Aún soplaban vientos de antaño, vientos del pueblo, que no terminaron, que aún están vivos hoy en el sentimiento de la gente, formas de vivir que la competitividad no ha conseguido adormecer.
Ese espíritu solidario y de andar por la vida con compañerismo con las personas con las que comparte momentos, vivencias, sentimientos, sentires…, es lo que la caracteriza.
Hoy, pasado el mediodía, Alba se dirige al bar donde ha quedado con su amiga Kandela (con K, como le gusta a ella), que la espera desde hace un rato.
- Hola, ¿qué tal estás?
- Bien –responde Kandela, con voz juvenil pese a su edad.
- Perdona que me haya retrasado.
- No te preocupes por el retraso. Estaba aquí ojeando esta revista.
- ¿Algo interesante?
- Sí, mira, un artículo sobre el No a Bolonia que tiene muy buena pinta.
- Si te parece bueno, cuando lo leas me lo pasas, que también es un tema del que me gusta estar bien informada.
Cuando se reúnen siempre disfrutan de muy buenos momentos y casi siempre les surge alguna sabrosa conversación.
Sentadas en la mesa que está junto a la ventana y, ante un humeante café, fuman un cigarro y charlan, parece que muy animadas.
De pronto, Alba le dice a su amiga:
- Hace tiempo que me pregunto por qué hay gente que, si no hay violencia y situaciones tensas, dice que se aburre.
Kandela se queda pensativa y observa la espiral que hace el humo del cigarro Mira a su amiga y ve que tiene un gesto de preocupación.
- No sé qué decirte. A lo peor es que tienen la mente muy retorcida, o quizá es que no han aprendido a hablar con razonamientos, o que aún no saben que si hay que luchar por algo, se lucha educando.
- Repíteme eso último, que suena muy bien.
- Pues eso, educando, sin reprimir. Hace falta explicar por qué eso sí y aquello no, permitiendo que se expresen con naturalidad durante el diálogo que surja para analizar el tema que se trate, o de lo que se trate.
Alba bebe un sorbo de café y recuerda:
- Por eso durante la Republica había gran consideración hacia el trabajo que hacían los maestros en las escuelas, yendo más lejos del simple hecho de enseñar a leer y escribir, enseñaban a pensar, a razonar. Ayudaron a desarrollar las habilidades creativas de sus alumnos. Los educadores tenían un papel fundamental en el proceso de transformación social. También trabajaban con los adultos, se formó la enseñanza de adultos donde se trataban diversos temas.
- Ya, y también las mujeres, las madres han sido desde antiguo educadoras de sus hijos.
- Pues, ya que lo mencionas, te contaré que, a veces, me viene el recuerdo de una conversación de hace tiempo, cuando nos preguntábamos cómo, siendo las mujeres educadoras de sus hijos, pueden ser transmisoras de actitudes machistas, cuando ellas han sido desde antiguo las principales sufridoras de esas actitudes.
- Te digo, Alba, que no todas las mujeres. Desde siempre ha habido mujeres que no han tragado con esas actitudes, aunque no fueran la mayoría. Mujeres que supieron defender la dignidad en la vida cotidiana. De algunas conocemos sus nombres, otras han sido anónimas.
- Tienes razón. Las ha habido y las hay.
- Pues vamos a celebrarlo y a tenerlo siempre presente.

lunes, 14 de diciembre de 2009

Creación de un personaje y su entorno. Relato: "Dos corazones, una pasión" por Marcos Alberto Paredes Calderón - Iquitos (Perú).

Imagen obtenida en Internet
Dos corazones, una pasión
Marcos Alberto Paredes Calderón

Lagunilla es un hermoso lago, rodeado de vistosos arbustos, muy concurrido por las personas de todas las clases y lugares. Quizás el más conocido de todo Iquitos. El clima poco importa a los jóvenes para visitarlo en las noches de bohemia. Un fastuoso local sirve de concentración, limita con las aguas a través de su inmensa terraza. En Laguna Verde es afrodisíaco ver sus palmeras y la arena que orla su orilla, juega un papel muy importante en la vida de todo lugareño y en sus recuerdos inmortales.
- ¡Una fiesta!, ¡no lo pierdo por nada en este mundo! –Exclama Fabiola, morena de rostro largo y ojos pequeños–. Bacán, ahí estaré sin falta –luego, despide a Luisa con un beso en la mejilla mientras el viento matutino ondula su vestidura, un polo ancho, algo simple, denotando en ese afán su esbelta figura–. Nos encontramos en Lagunilla.
-¡Vale! –Le responde Luisa, mientras baja las pequeñas gradas de la casa de su inseparable amiga.
- ¡Que noticia maravillosa! –Exclama Fabiola al quedarse sola.
Faltan pocas horas para la diversión prometida y Fabiola no piensa mucho para decidir: “Qué va, hoy faltaré al trabajo”. Se toma todo a la ligera. “La vida se vive solo una vez”, es su frase predilecta con la que justifica su existencia disipada. Tiene que preparar todo para asistir a su velada, sin vicios, pero con mucha bulla y desenfrenados bailes de posturas eróticas, prohibidas en las fiestas de familias de alta alcurnia y en algunas reuniones de padres cucufatos.
“Fiebre alta y reposo absoluto”, fue su autodiagnóstico y la mentira que le exige su conciencia parrandera. Todo está planeado, recoge su pequeño vestido negro, tipo minifalda, y lo abraza con mucha alegría.
- ¡Lagunilla, mi lugar preferido! –Exclama–. Sin lugar a dudas hoy será el día.
Ya en la noche, al llegar, ve que la fiesta es todo un éxito. Se escucha en los parlantes el sonido de la música. Las parejas, entre arrumacos, danzan al ritmo de la melodía y al compás armonioso de las figuras que tocan sus cuerpos calientes. Ella, con traje exótico, que escogió exigida por el agobiante calor. Quiere impresionar. Siente que sus ansias locas forman un torbellino de ilusiones en su cabeza, pero se obliga a esperar, no pretende ser impaciente.
- ¡Fabiola! –grita Luisa, esforzando su voz para que la escuche–, vamos, te pierdes lo mejor de esta juerga...
- ¿Ya llegó? –Inquiere algo incrédula.
Caminan hacia el balcón que da al gran lago, entre empujones y risotadas. Algo común en ella, presa de los nervios.
- ¡Lo mejor! –Le dice su amiga-. ¡Aprovecha tu oportunidad! ¡Será la última que tengas!
Se encuentra atónita, petrificada, mientras lo mira: un apuesto joven de tez blanca y cara larga, cabello negro, corto, lacio y desordenado, algo revuelto. “Dios mío”, piensa en ese momento.
En el fondo, la muchacha liberal, guarda un corazón destrozado. Todos los fines de semana, después de los desvelos y fiestas sin sentido, llora muy triste. Se promete una y otra vez que se armara de valor y decirle que lo ama en silencio. Para ella gozar es sólo verlo; cegada, refresca su memoria y recuerda aquel día de febrero, cuando lo conoce, y la sonrisa que él le dio para hechizarla completamente.
- ¡Anda! –Le insta su amiga.
“Con mucho cariño”, piensa de nuevo. Tres años que parece una loca, lo sigue a cuanta fiesta él concurre, “y con mucho dolor”. Cierra sus ojos y entre el gentío alborotado, comienza a caminar a ciegas. Queda decidida en recoger cada pedazo de corazón que quedará después de aquel bochorno, que seguro lo esperaba y, de pronto...
- ¡Fiebre alta..., y reposo absoluto! -La susurran.
Abre los ojos al instante, es Ignacio, su jefe. Un hombre testarudo, pero siempre rechazado por ella.
- ¡Fue una de aquellas calenturas pasajeras...! –Responde con mucha pena.
- Anda ven...
Caminan algunos metros, él habla, la música se entromete, y ella no lo escucha, pero no importa, era mucho tiempo que no lo presta atención y no quiere empezar en ese instante, sabe que es su última noche de bohemia obligada. ¡Su amado se iba y, talvez, jamás volverá!
- Hay alguien que desea conocerte. Hoy fue al trabajo..., y tú brillabas por tu ausencia –dijo su jefe, mientras se acercan al grupo donde se encuentra él.
Ella mira al apuesto joven que contempló antes. Sus ojos pequeños, color pardo, la observan sin disimulo.
“Divino”, piensa Fabiola, tan cerca y tan lejos de su amado. Siente que el pecho se le abre y que del corazón adormecido, con mucho pavor, brotan borbotones de lágrimas rojas.
- ... Insiste en conocerte –continúa Ignacio-. Se irá por mucho tiempo..., ganó una beca de estudios..., bendito Juan. No lo trates como a mí. Yo sólo lo quise ayudar.
- ¡Él! –Exclamó asustada.
Quiso marcharse pero ya era muy tarde. El pequeño espacio fue el culpable de que sus miradas no se desprendieran ni un segundo.
Pobre muchacha, alargó su enfermedad, desconocía que su cura estaba a unos pasos; en su trabajo, en su jefe. ¡Se encuentra confundida!
“Maldita tarada”, piensa autoinculpándose. Luego, tiene un aire de misericordia “Pobre chico, él también andaba en mi búsqueda...”.
- Ahora entiendo, quisiste ayudar pero yo... ¡Disculpa!, no pretendí ser arrogante... –Él le respondió con un ademán y después, los presentó.
- Hola –dijo Juan muy parco, mientras le extendía la mano. Luego le susurra algo a su amigo, quien se ríe y se marcha dejándolos solos en el balcón, por donde resplandece la luna y algunas estrellas que bailan a su alrededor.
- Es hermoso contemplarlos, es augurio de felicidad –le dice Fabiola embobada.
- Sí, sí..., es de buen auspicio. ¡Esta es la fuente de mis deseos! –Exclama Juan–. Tiré varias monedas desde este sitio... Todas por un solo pedido.
- ¿Qué le pediste? –Inquiere ella.
- Tan sólo besarte, sería un buen comienzo...
Juan y Fabiola se conocen aquella noche, mientras el cielo amenaza con llover y sólo cayó una garúa infinitesimal. El suelo está mojado, no de la imperceptible llovizna, sino de pequeñas lágrimas que brotan de los ojos de los jóvenes llenos de júbilo y pasión.

viernes, 27 de noviembre de 2009

Creación de un personaje y su entorno. Relato: "Apenas una ventana", de Isabel FRAILE HERNANDO, Madrid.

Imagen obtenida en Internet
Apenas una ventana
Isabel Fraile Hernando



El dolor de Severo se acentúa cerca de la media noche. Su piel está más amarilla que de costumbre, los ojos, saltones de por sí, parecen a punto de salir de las cuencas. Las orejas despegadas se trasparentan. El hombre se pone como puede el abrigo ajado, tantea el bolsillo y, una vez se asegura del contenido, abre la puerta. Ya en el rellano enciende la luz. Un silencio absoluto le abraza. Mira por el hueco de la escalera mientras baja los cuatro pisos.
Hace frío en la calle y apenas se cruza con unos pocos viandantes, su destino es la farmacia más próxima. A Severo le aterran los médicos, pero sobre todo los hospitales.
Cuando era adolescente le operaron de fimosis y recuerda aquello como una experiencia traumática. Sin embargo, en estos últimos meses está inquieto por su salud. Su vientre ha tomado un tamaño que no está acorde con el resto del cuerpo. El ombligo parece un botón de grandes dimensiones. Además, observa con preocupación una mancha rojiza bastante fea en su pierna derecha y el cinto le avisa de una pérdida de peso.
Desde el final de la calle, la cruz verde le hace guiños. Los cierres de la farmacia están echados, pero entre los hierros se puede observar la limpieza aséptica del local.
Severo toca el timbre, al poco una muchacha se acerca al ventanuco por donde se despachan las urgencias. La joven aparenta treinta años. Es alta, rubia, tiene el pelo muy largo. En su rostro, la mandíbula perfecta, cejas finas y labios en forma de corazón, además, bajo la bata blanca se adivina un cuerpo bien formado de pechos pequeños. El pimpollo sonríe dejando al descubierto unos dientes perfectos, como si fueran un reclamo de clínica dental.
- ¿Qué necesita? -Pregunta con amabilidad.
Al gavilán de antaño no le pasa desapercibida la presa.
- Pues la verdad no sé muy bien. Tal vez usted pueda aconsejarme. Desde hace unos días me duele de forma terrible la zona del abdomen, y lo tengo muy inflamado.
- Lo siento pero…, creo que estará bien que le vea un doctor. Puede acercarse a las urgencias del ambulatorio.
La farmacéutica intuye, por su aspecto, que la cosa pinta fea.
- Perdone señorita…
- Bárbara.
La joven no acostumbra a dar su nombre, pero nota en la voz de Severo algo que confunde con desamparo.
- ¿Entonces…, Bárbara, no puede darme nada para el dolor?
- ¿Cuánto tiempo lleva así?
- Algo más de dos meses.
- Espere un momento.
La mujer busca entre las estanterías.
- Aquí tiene. Este calmante es algo fuerte, puede tomar un máximo de tres al día, pero le recomiendo que vaya a su médico.
Sin perder la sonrisa, Bárbara cierra de nuevo la pequeña ventana.
La calle sigue desierta y Severo vuelve a casa mientras piensa en la joven. Si la hubiera pillado tiempo atrás, seguro que no habría podido escapar a sus encantos. Ahora es un cincuentón al que abandonó su mujer, que aparenta sesenta, siendo generoso.
“Que me quiten lo bailao”. Esa era su frase favorita de hace años. Al recordarla un rictus surca su rostro por que la vida se encargó de quitarle algo más que “lo bailao”.
___________
Nota.- El personaje femenino lo tomé prestado de Consuelo Gómez.

Creación de un personaje y su entorno. Relato: "Más que amigos", de Consuelo GÓMEZ, Madrid.

Imagen obtenida en Internet
MAS QUE AMIGOS
Consuelo Gómez


Lleva horas sentada en su paraíso, esa playa es su refugio. Tan abstraída está en sus recuerdos, que no se da cuenta del tiempo transcurrido.

El bufete de abogados de la calle Lagasca tiene mucho desorden, le falta una persona que organice el trabajo. El único que hacía algo al respecto era Arturo y el mes pasado dejó el despacho. Una empresa muy conocida en Cádiz le tienta con una buena oferta y decidió aceptarla.
Para Bárbara, la marcha de su compañero ha sido un duro golpe. Aunque entiende que para su futuro profesional será muy importante esta experiencia, le echa de menos. Arturo estuvo ahí para ayudarla cuando se incorporó al trabajo recién acabada la carrera. Gracias a él empezó a ejercerla.
Fue el uno de junio de 1990 –hace ya diecinueve años- cuando Bárbara entró por primera vez en la oficina. La esperaban para hacerle una entrevista. Tenía, con los nervios, las manos temblorosas. A pesar de que su padre es un prestigioso abogado, no ha querido refugiarse en “papá” y depender de él para abrirse camino.
Su presencia física era impecable, veinticuatro años, rubia, alta, delgada, en fin, casi perfecta y ya entonces sabía que, en ocasiones, eso puede ser negativo. Depende de la persona que te entreviste. A ella la recibió un hombre de unos treinta años, apuesto y que, sin ser guapo, era atractivo y muy amable.
- Buenas tardes, soy Arturo Cifuentes. ¿Bárbara?
- Sí, buenas tardes, tengo cita a las cinco, creo que me he adelantado un poco.
- Perfecto. Pasemos a mi despacho.
La reunión fue muy bien. Desde el primer momento Arturo consiguió que sus nervios desaparecieran por completo y le dieron el puesto. Entre ellos surge una gran amistad.

Hoy, tantos años después, se encuentra aquí, en su playa maravillosa. No hay nadie porque hace un día frío para esta zona. Ha quedado con Arturo, por fin van a volver a verse. Mientras le espera sigue absorta en sus recuerdos.

Acostumbrada a contar con su apoyo desde el principio, cuando se fue, resultó muy duro afrontar sola los casos que tenía pendientes. Atravesó una etapa muy difícil. Se dio cuenta de lo importante que era Arturo para ella, en todos los sentidos. En breve aprovechará las vacaciones para ir a verlo.
Pocos meses después de la marcha de Arturo recibieron en el despacho una noticia que cayó como una bomba.
La periodista Aurora Alonso firma un artículo en el Diario de Cádiz informando que, la empresa donde Arturo trabaja en la actualidad, está imputada por un caso de fraude fiscal. Su nombre figura como máximo responsable, a juzgar por las filtraciones que se reflejan en el artículo.
El bufete de Bárbara no cuenta en ese momento con abogados suficientemente expertos en temas empresariales como para ocuparse de este caso. Ella acudió desesperada a su padre y éste accedió a llevarlo con su prestigioso equipo de colaboradores.
Trabajaron en su defensa pero, en definitiva, a pesar de disponer de todos los medios, declaran a Arturo culpable de los cargos que se le imputan. El juró que lo utilizaron para firmar documentos que ya estaban tramitados cuando se incorporó a la Empresa. Al parecer lo hizo por orden directa del Presidente de la Compañía, de quien él nunca dudó.
Años después, se desestiman todos los recursos interpuestos contra la sentencia, Arturo ingresa en prisión y Bárbara continúa con su trabajo. Le esperará.

Hoy, por fin, Arturo sale en libertad. No ha consentido que Bárbara le recoja en la puerta de la cárcel y van a encontrarse en la playa. Ella lleva horas allí sentada. Tienen mucho de que hablar y lo harán…

jueves, 26 de noviembre de 2009

Creación de un personaje y su entorno. Relato: "Fuego rojo", de Zulma FEDRIZZI, Argentina.

Paisaje asturiano
FUEGO ROJO
Zulma Fedrizzi


Se organizó una fiesta para celebrar el final de la construcción de la muralla periférica. Cib no iba a participar pero su aya sugirió que era conveniente.
- ¿Ir? ¿Qué se supone que haga? Mirar sentada. Me hace acordar a cuando espiaba la vida de los otros en Lett. Eso me hace doler el estómago.
- ¡No es de muerte! ¡Puedes resistirlo! Un grupo de mujeres trajo esto para ti: un hermoso y suave vestido -Cib lo miró un momento, se acercó y tocó su tela.
- Nunca tuve algo así.
- Te lo mereces. Te ayudaré a ponértelo.
Cib se lo puso y salió. Fue al río a verse en el reflejo de su agua, a contarle de su nueva imagen. Rió como una niña perdiéndose entre los pliegues de tela, besó las aguas y volvió a la aldea.
Los aldeanos, bullentes en su algarabía. Unos y otros se acercaron con admiración a Cib, pero fueron rechazados. Trazaba círculos con un palito en la tierra suelta cuando alguien se sentó junto a ella. Un aroma fresco de pinos le hizo levantar la cabeza. Vio su mirada de agua limpia.
- ¿Bailas?
- Aunque quisiera, debo admitir que no sé cómo. Me siento extraña aquí.
- Puedo enseñarte.
- Acepto.
Giraron y giraron. Reían al sacudir el suelo bajo sus pies. En un rincón su aya era espectadora complacida. Casi el fuego estaba extinto cuando Cib lo tomó de la mano y cruzó el bosque hasta el río. Allí, junto a su orilla y bajo las estrellas, cantaron canciones antiguas y los encontró el sueño.
Cib despertó sola. Volvió y preguntó a su aya por él. Ella con sonrisa diáfana negó con la cabeza. Nadie supo informarle. Poco duró su cavilación pues llegó un centinela con la noticia de que un grupo hostil se acercaba. Cada guerrero fue a su puesto de defensa.
Atacaron como un viento frío. Combate cuerpo a cuerpo fuera de la empalizada. Dentro los más débiles estaban a salvo. Invasores con aliento de muerte y ojos huecos. Varias lunas duró el asedio. Muchos murieron y las hogueras se renovaban por ciclos.
- Debes vencerlos desde su núcleo -le dijo su aya-. Solo así acabará. Tú eres la líder. El pueblo ve a través de tus ojos. Eres la elegida de las Diosas y, bien lo sabes, del Espíritu del Río.
En un claro del bosque fingió perder su equilibrio, no dudaron y le asestaron un duro golpe en la cabeza. Despertó confusa y encerrada en una jaula de madera dentro de una choza de cueros apestosos, humo y olor acre. El lugar era un agujero irrespirable.
- ¡Al fin despierta! -rugió un hombre acercándose. Su piel oscura con grasa y tizne de hoguera. Los dientes con manchas de oro. Notó que ella miraba sus dientes-. Esto… ¿Ves? El oro, la piedra de poder de los dioses, eso quiero. Aquí hay, nos lo aseguran nuestras brujas y tú sabes dónde.
- No sé de qué habla.
- Bien. ¡Si lo deseas así! -Acercó un hierro rojo a su brazo y la marcó-. ¡Con esto ya eres más presa que otra cosa! Si eliges el camino del dolor. ¡Que así sea! No resistirás mucho...
- No creas... Tal vez tú no resistas - se acercó a la reja-. Tal vez hay otras maneras.
- Estás en lo correcto, perra roja. ¡Te rindes ante el más fuerte! -Despacio acarició su brazo que caía fuera de la jaula-. Eso me agrada...
- ¡A mi no! -Rugió Cib, sujetó la garganta del guerrero y la pudo oír crujir como una cáscara vieja.
Buscó entre las chozas y vio una pintada con sangre fresca y calaveras en su entrada. Fue hacia allá. Dentro: un altar a los Dioses Oscuros, ofrendas de oro y de carne humana. Incendió el lugar. Mató a los sacerdotes. Los despojó de líderes y de fe.
Se retiraron. El amanecer se hizo presente mudo. Encontró cadáveres y cansancio.
Cib llegó a su hogar y abrazó a su aya. Buscó agua fresca y puso un ramo de flores silvestres en la mesa. El fuego nuevo crepitaba adobando néctar de bayas de serbal. Se sirvió un vaso. Amaba beberlo despacio.
Transcurrió un tiempo de paz. El bosque estaba libre de seres oscuros y el río conservaba sus secretos.
Una mañana despertó. La anciana estaba de pie junto a ella con el vestido entre las manos.
- Es tu hora.
- ¿Qué ocurre? ¿Hay problemas?
- No, niña, alguien ha venido a visitarte.
- ¿Quién?
- Cierto guerrero de mirada clara, trajo flores frescas y espera afuera por ti.
- ¿Qué cosa?
- Lo que oíste.
- Y… ¿Debo ir? -Dijo sonrojada.
- Si, debes ir. Te ayudaré a vestirte -Cib le dio un gran abrazo a la anciana y besó sus cabellos de plata.
- Te amo, aya hermosa, siempre hubiese querido ser tu hija.
- Y lo eres. Ahora ve, que te espera…
- ¿Te volveré a ver?
- ¡Siempre! Si tú lo deseas.
- Siempre, será, entonces -susurró emocionada.
Abrió la puerta y allí estaba el guerrero de mirada cristalina.
- Buena mañana, hermosa Cib. Duro has trabajado y vengo por ti para que descanses como te mereces.
- Gracias por venir por mí y por traer flores.
Él le besó suavemente la mano y la invitó a caminar.
– Iremos a las cascadas...
- Ya lo suponía.
- Te agradezco todo.
- Yo debo decir eso.
El camino se llenaba de flores a su paso, cubiertas con finas gotas de rocío.
– ¿No me preguntas cómo me llamo?
- Te llamas Katempory. ¿Me equivoco?
- No, tienes razón, ese es el nombre que tú me diste y el que deseo tener. El otro es un nombre antiguo, que solo a ti susurraré para que guardes en tu corazón. Y para los aldeanos solo soy, el río.
Desaparecieron de la mano bajo las cascadas.
Todos conocen de la Ondina que custodia el oro del río. Nadie se acerca a él, todos cuentan la leyenda.


Zulma
Noviembre 2009

Creación de un personaje y su entorno. Relato: "Un día con esperanzas", de Pepi NÚÑEZ PÉREZ, Las Palmas de Gran Canaria.

Playa de Las Canteras - Las Palmas de Gran Canaria
(Foto familiar, agosto 2001)
Un día con esperanzas
Pepi Núñez Pérez

Como cada mañana Irma se despierta antes de que suene el reloj. Con un movimiento rápido desconecta la alarma del mismo. Se levanta casi de un salto. Sus pasos ligeros se dirigen al gran ventanal. Sube el estor y una amplia sonrisa se dibuja en su boca. Frente a ella, la playa en total calma y aún con el reflejo anaranjado del reciente amanecer la espera. Pasa al aseo y se pone el bañador, después un chándal, ya empieza a refrescar, se calza las zapatillas de deporte, coge la toalla y se dirige a la mesita de la entrada, toma las llaves, abre la puerta y sale alegre, dispuesta a bajar las escaleras con pequeños brincos, como cuando era una niña de siete años y siempre los saltó de dos en dos.
Al llegar a la Avenida, el aire algo más fresco por el estrenado otoño termina de despejarla. Como siempre se encamina primero al Auditorio, mientras respira el olor a mar que tanto le gusta. Camina una hora diaria. Cuando llega frente a su casa, sudorosa, baja a la arena, se quita la ropa deportiva y se sumerge en el agua casi helada, pero que a ella le da energía hasta que llega la noche. Sale, se seca, se sienta un rato en silencio frente al mar y, después de unos minutos de calma, repasa mentalmente lo que tiene que hacer. Después vuelve al apartamento, se ducha y, envuelta en un albornoz blanco, se va a la pequeña cocina donde prepara el desayuno. Se lo lleva en una bandeja a la terraza, y allí lo saborea, mientras contempla la playa.
Cuando termina de comer, deja recogida la loza y ya pasa a vestirse para ir al trabajo. Le gusta ir bien, pero informal, siempre con un toque hippie: una falda larga, amplia, de suave caída que disimule sus caderas, es de color negro; la camiseta amarilla de amplio escote que deja ver su piel morena, elige una pasmina oscura con dibujos amarillos. Se pone unas sandalias con algo de tacón, se mira los pies y piensa que tiene que encontrar tiempo para que le corten las uñas y le den un buen repaso a los talones, que se ven agrietados, siempre con sus prisas se olvida de ellos. Pasa a maquillarse un poco, sabe que se conserva muy bien. Sus hermosos ojos no necesitan nada para realzarlos, así que sólo se da un toque de brillo en los labios. El pelo corto, ya casi seco, lo puede peinar con mucha facilidad. Un toque de perfume suave, unas joyas de fantasía, y descuelga su enorme bolso, le gusta llevar de todo un poco. Sale y se encamina al Instituto.
La mañana se le pasa muy rápida. Es profesora de literatura y disfruta impartiendo sus clases, por fortuna, tiene un grupo de alumnos estudiosos y nada conflictivos.
Termina a las dos. Hoy es miércoles, no podrá ir a su casa, ni darse otro baño en la playa, este día le toca reunirse con sus compañeras de los diferentes partidos políticos, a los que cada una pertenece, allí comentarán el tema que hoy se discutirá en una emisora local de televisión. Irma está muy implicada con los más desfavorecidos, el tema del debate le interesa mucho, es sobre los indigentes. Su partido pide que se hagan albergues donde puedan dormir, asearse y tener un plato de comida caliente. Después de esta crisis, cada vez son más las personas que pernoctan en la calle. Pero sabe que es difícil, siempre están escasos de dinero.
El día que se reúnen comen en un restaurante cercano a donde se graba el programa. Cuando llega, ya están sus tres compañeras de debate sentadas en la mesa. Después de los saludos, Irma pregunta:
– ¿Se sabe algo de los presupuestos para asuntos sociales?
Sus compañeras le dicen que no con la cabeza, Irma se sienta al tiempo que especifica.
- Hoy me van a oír, pienso contar todas las calamidades que he visto durante la semana, si ellos no hacen nada, estoy segura que las personas que ven nuestro debate nos apoyarán con sus llamadas al programa.
- Irma, con esta crisis tenemos que ser más flexibles -comenta Elena.
- Te aseguro que para nada -contesta Irma–. Voy a contar el caso de Sergio. Este pobre hombre, si continúa en la calle, lo más probable es que amanezca muerto. Me gustaría que los que tienen altos cargos, en vez de estar sentados en sus cómodos sillones, en despachos de lujo, se dieran una vuelta a pie por cualquiera de nuestros barrios.
- Sabes que tienen otras cosas más interesantes que hacer, como jugar al golf o almuerzos en hoteles de todo lujo. Te aseguro que en los lugares que ellos frecuentan, no se van a encontrar a personas como Sergio -apostilla Marta.
Irma se deja caer hacia atrás en la silla. A veces, en ocasiones como esta y pese a su enorme vitalidad, se encuentra derrotada.
- ¿Saben? -dijo con los ojos entornados-, lo llevé a un laboratorio, le pagué unos análisis… Mis temores eran ciertos. Su hígado está muy mal, su color amarillento me hizo sospechar, al igual que su vientre abultado. Un amigo médico le recetó unos medicamentos. También se los compré, pero no puede seguir durmiendo en la calle. Los vecinos nos preocupamos de que coma caliente. Hace mucho que Sergio deambula por
la playa, pero tiene derecho a pasar los días que le queden bien atendido, no descansaré hasta conseguirlo.
Elena, al igual que el resto de las compañeras, la escucha en silencio. Luego ella le dice:
- Irma, de verdad que no entiendo, con lo guapa que eres y lo bien que te conservas, cómo no te buscas un hombre con quien salir a pasear, en vez de estar todo el día buscando a personas como Sergio.
Irma sonríe.
– Hace diez años…, tal vez, ahora ya no. La vida ha sido generosa conmigo. Mi trabajo me gusta. Vivo junto al mar. Tengo muy buenos amigos, pero me preocupan los sin techo, por eso me metí en política. En realidad, aquí, en el partido, yo soy la voz de los que nada tienen, por eso sigo. Aparte, estos pequeños debates que hacemos, nos permiten que nuestras quejas lleguen a la gente llana, la que de verdad nos entiende.
Irma mira el reloj y poniéndose en pie dice:
- ¡Chicas, ya es la hora!, les ruego que cada una me ceda dos minutos de su tiempo, le he prometido a Sergio que esta noche dormirá en una cama y lo voy a conseguir como sea.
Las cuatro mujeres se levantan y se dirigen al estudio de grabación, cada una lleva una carpeta llena de problemas, Irma también, pero esta tarde, su prioridad se llama Sergio.

Pepi Núñez 05/11/09


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EFEMÉRIDES QUE NO DEBEN DE SER OLVIDADAS

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14 de Febrero - DÍA DE SAN VALENTÍN

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Picad sobre la imagen para saber más de la historia del santo y de esta efeméride.

21 de marzo: Día Mundial de las Personas con Síndrome de Down

21 de marzo: Día Mundial de las Personas con Síndrome de Down
(Pica sobre la imagen).

21 de Marzo-Día Internacional para la Eliminación de la Discriminación Racial

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(Pica sobre la imagen)

Agua para todos

Agua para todos
22 de Marzo, día Mundial del Agua

17 de Junio

17 de Junio
Día Mundial de lucha contra la Desertificación y la Sequía (Pica sobre la imagen)

22-IV-2011 - Día Mundial de la Tierra

22-IV-2011 - Día Mundial de la Tierra
(Pica sobre la imagen)

25 de Noviembre Día Internacional Contra la Violencia Hacia la Mujer

25 de Noviembre Día Internacional Contra la Violencia Hacia la Mujer
TODOS LOS DÍAS SON 25 DE NOVIEMBRE

Día de los derechos del Niño: 20-XI-09

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Convención sobre los Derechos del Niño. (Pica sobre la foto).

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El libro es un lujo que sólo se huele

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Parece un espacio mágico arrancado de El Cairo de Naguib Masouf o el Bagdad de Las mil y una noches, un remanso de paz en el que no se escuchan los cláxones de los automovilistas impetuosos que parecen dialogar entre ellos desde sus bocinas. La librería Behzad es un oasis, un lugar hermoso y desordenado repleto de libros, cuadros, mapas, postales, fotografías y polvo, sobre todo mucho polvo (el sello de Kabul), en el que cada objeto parece guardar un equilibro perfecto con el que tiene al lado. (Pica sobre la imagen).

Tras los pasos de la sutil memoria de Machado en Segovia - 26-IX-2010

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Escultura homenaje a Machado delante del Teatro Juan Bravo de Segovia. El escritor vivió 13 años en la ciudad castellana, en la que conoció a Guiomar y vivió grandes momentos pero con la que mantuvo una relación en cierto modo distante. (Pica sobre la imagen).

ARQUEOLOGÍA

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La civilización 'yope' muestra sus tesoros. En la foto Juego de Pelota en la zona arqueológica de Tehuelco - México. (Pica sobre la foto).

El almacén de las momias

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Los periodistas que estuvieron presentes describen emocionados una escena que bien podría haber salido de 'En busca del Arca Perdida' o cualquiera de sus secuelas. El interior de la tumba faraónica, 2.600 años en la oscuridad, sólo estaba iluminado por antorchas y por los focos de las cámaras de televisión invitadas al evento. (Pica sobre la imagen).

La Unesco protegerá los yacimientos del fondo del mar a partir de enero

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20 países la han ratificado, entre ellos España, Cuba, Ecuador, México, Panamá y Paraguay. (Pica sobre la foto).

ARTE

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'La duquesa de Osuna' - Museo Romántico. Retrato familiar de la Duquesa de Osuna como dama de la Orden de Damas Nobles de la Reina María Luisa, Agustín Esteve (1796-1797).

Una «Capilla Sixtina» de 3.500 años

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«¡Alá u-Akbar!» (¡Dios es el más grande!) es lo que exclamó rais Ali Farouk cuando entró, junto a José Manuel Galán, a la cámara mortuoria de Djehuty. Ante sus ojos se revelaba una imagen que nunca nadie «hubiera imaginado en sueños encontrar: una Capilla Sixtina del 1500 a.C», confesaba ayer Galán, director de la campaña arqueológica hispano-egipcia que lleva por nombre Proyecto Djehuty y que desde hace ocho años se desarrolla en la necrópolis de Dra Abu el-Naga, en la orilla occidental de Luxor (antigua Tebas)... (Pica sobre la imagen).

La casa de la playa de Diego Rivera

La casa de la playa de Diego Rivera
Las autoridades mexicanas estudian la compra de una casa con vistas al mar en Acapulco, propiedad de los herederos de la fallecida coleccionista Dolores Olmedo, en cuyas paredes su amigo, el pintor Diego Rivera (1886-1957), dejó cinco murales con motivos prehispánicos. (Pica sobre la imagen).

Las entrañas de la Alcazaba de Almería

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La Alcazaba de Almería abre al público uno de sus rincones más secretos: las mazmorras. La actividad denominada El espacio del mes, con la que el monumento ofrece una lectura más detallada sobre algún elemento del recinto con visita guiada, se ha ampliado ante la expectación que ha levantado este lugar de cautiverio. Las mazmorras pueden verse los miércoles, jueves y viernes de septiembre a las 18.30. (Pica sobre la imagen).

Revolución en el museo de Orsay

Revolución en el museo de Orsay
"Quiero que el siglo XIX no se acabe nunca". La frase, en palabras de Guy Cogeval, director del Museo de Orsay, resume la misión que se ha marcado: poner patas arriba el mayor museo mundial de arte del XIX. Una auténtica revolución que ya ha comenzado y que supondrá el salto al siglo XXI de una institución que nació en 1986 como una de las mayores apuestas francesas en la historia del arte. Uno de los beneficiados será España: un centenar de joyas de Orsay aterrizarán el año próximo en la Fundación Mapfre de Madrid, como primera etapa de todo un periplo internacional. (Pica sobre la imagen).

Si es un 'miguel ángel', es un chollo

Si es un 'miguel ángel', es un chollo
'El tormento de San Antonio', la que se supone que es la primera obra de Miguel Ángel Buonarroti, elaborada cuando tenía unos 12 años, ha sido comprada por un museo de Texas (EE UU), señala The Guardian. (Pica sobre la foto)

CIENCIA Y TECNOLOGÍA

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Descubren el planeta extrasolar más pequeño, algo mayor que la Tierra. (Pica sobre imagen).

Así eran los primeros relojes

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Es un pequeño objeto dorado que Cosimo I de Medici, Duque de Florencia, levanta con la mano derecha en un óleo pintado en 1560 por Maso da San Friano. Este mecenas de las ciencias del siglo XVI mira al espectador 450 años después con cierta arrogancia. No es para menos, sostiene una pieza de tecnología punta de su tiempo: un reloj. (Pica sobre la foto).

Detectan una especie de peces destructores en las costas del Caribe de Guatemala

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Guatemala, 13 sep (EFE).- Un grupo de biólogos marinos detectó la presencia de una especie de peces destructores en las costas del Caribe guatemalteco, cuya masiva reproducción podría poner en peligro al ser humano. (Pica sobre la imagen).

El gran cometa Donati como lo trazó William Dyce

El gran cometa Donati como lo trazó William Dyce
El artista escocés pintó el cuadro sólo meses después del descubrimiento de este cuerpo celeste por un astrónomo italiano. (Pica sobre la imagen)

La historia de Urania, musa de la astronomía

La historia de Urania, musa de la astronomía
La creación de esta divinidad menor hija de Zeus demuestra la importancia de esta ciencia desde la antigüedad -Año internacional de la Astronomía-. Los griegos de la antigüedad plasmaron los grandes misterios de la creación en una gran variedad de mitos. La Teogonía escrita por el poeta beocio Hesíodo en el siglo VII a. C. contiene los primeros relatos estructurados sobre el origen del universo, los dioses y el ser humano, partiendo de mitos y poemas procedentes de una tradición oral. Las musas eran divinidades menores hijas de Zeus y la titánide Mnemósine (la Memoria). Según Hesíodo eran nueve: "Ella dio a luz a nueve jóvenes de iguales pensamientos, aficionadas al canto y de corazón alegre, cerca de la más alta cumbre del nevado Olimpo". Se movían entre el Olimpo, al que eran llamadas a menudo por Zeus para alegrar sus fiestas, y el monte Helicón, donde formaban bellos coros y recorrían sus ríos y valles. (Pica sobre la imagen)

La NASA difunde unas fotos tomadas por las nuevas cámaras del telescopio Hubble

La NASA difunde unas fotos tomadas por las nuevas cámaras del telescopio Hubble
Washington, 9 sep (EFE).- La NASA difundió hoy espectaculares fotografías de galaxias, estrellas y nebulosas captadas por las nuevas cámaras del telescopio espacial Hubble. (Picad sobre la imagen para saber más)