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| Oasis en Libia - Imagen obtenida en Internet |
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lunes, 19 de mayo de 2014
Micro relato
El
agua del Paraíso - Anónimo árabe
Un
beduino seco y miserable, que se llamaba Harith, vivía desde siempre en el
desierto. Se desplazaba de un sitio a otro con su mujer Nafisa. Hierba seca
para su camello, insectos, de vez en cuando un puñado de dátiles, un poco de
leche: una vida dura y amenazada. Harith cazaba las ratas del desierto para
apoderarse de su piel y hacía cuerdas con las fibras de las palmeras, que
intentaba vender en las caravanas.
Sólo
bebía el agua salobre que encontraba en los pozos enfangados.
Un
día apareció un nuevo río en la arena. Harith probó aquella agua desconocida,
que era amarga y salada, e incluso un poco turbia. Pero le pareció que el agua
del verdadero paraíso acababa de deslizarse por su garganta.
Llenó
dos botas de piel de cabra, una para él y otra el califa Harun al-Rasid, y se
puso en camino hacia Bagdad. A su llegada, tras un penoso viaje, le contó su
historia a los guardias, según la práctica establecida, y fue admitido ante el
califa. Harith se postró ante el Comendador de los Creyentes y le dijo:
-No
soy más que un pobre beduino, ligado al desierto donde el destino me ha hecho
nacer. No conozco nada más que el desierto, pero lo conozco bien. Conozco todas
las aguas que allí se pueden encontrar. Por eso he decidido traértela para que
la pruebes.
Harun
al-Rasid se hizo traer un cubilete y probó el agua del río amargo. Toda la
corte lo observaba. Bebió un buen trago y su rostro no expresó ningún
sentimiento. Se quedó pensativo un instante y entonces con fuerza repentina pidió
que el hombre fuera llevado y encerrado, con la orden estricta de que no viese
a nadie. El beduino, sorprendido y decepcionado, fue encerrado en una celda.
-Lo
que nada es para nosotros lo es todo para él. Lo que para él es el agua del
Paraíso no es más que una desagradable bebida para nosotros. Pero tenemos que
pensar en la felicidad de ese hombre -dijo el califa a las personas de su
entorno, curiosos por su decisión.
Al
caer la noche hizo llamar al beduino. Dio la orden a sus guardias de que lo
acompañasen de inmediato fuera de la ciudad, hasta la entrada del desierto, sin
permitirle ver ni el río Tigris ni ninguna de las fuentes de la ciudad, sin
darle otra agua que la suya para beber. Cuando el beduino se iba del palacio en
la oscuridad de la noche, vio por última vez al califa. Éste le dio mil monedas
de oro y le dijo:
-Te
doy las gracias. Te nombro guardián del agua del Paraíso. La administrarás en
mi nombre. Vigílala y protégela. Que todos los viajeros sepan que te he
nombrado para tal puesto.
El
beduino, feliz, besó la mano del califa y regresó rápidamente a su desierto.
viernes, 10 de enero de 2014
Micro relato de Max Aub
Hablaba y hablaba...
Max Aub
Hablaba, y hablaba, y hablaba, y
hablaba, y hablaba, y hablaba, y hablaba. Y venga hablar. Yo soy una mujer de
mi casa. Pero aquella criada gorda no hacía más que hablar, y hablar, y hablar.
Estuviera yo donde estuviera, venía y empezaba a hablar. Hablaba de todo y de
cualquier cosa, lo mismo le daba. ¿Despedirla por eso? Hubiera tenido que
pagarle sus tres meses. Además hubiese sido muy capaz de echarme mal de ojo.
Hasta en el baño: que si esto, que si aquello, que si lo de más allá. Le metí
la toalla en la boca para que se callara. No murió de eso, sino de no hablar:
se le reventaron las palabras por dentro.
sábado, 16 de noviembre de 2013
Minicuento: El árbol que hablaba - Anónimo africano
EL ÁRBOL QUE HABLABA
Anónimo
africano
Había un lobo en la selva. Un
día, cuando estaba afuera paseando, encontró a un árbol que tenía unas hojas
que parecían caras de personas. Escuchó atentamente y pudo oír al árbol hablar.
El lobo se asustó y dijo:
-Hasta el día de hoy nunca me
había encontrado con algo tan raro como un árbol hablante.
Tan pronto como hubo dicho estas
palabras, alguna cosa que no pudo ver lo golpeó y lo dejó inconsciente. No
sabía durante cuánto tiempo había estado allí tendido en el suelo, pero cuando
despertó estaba demasiado asustado para hablar. Se levantó inmediatamente y
empezó a correr.
El lobo estuvo pensando acerca de
lo que le había ocurrido y se dio cuenta de que podía usar el árbol para su
provecho. Se fue paseando de nuevo y se encontró a un antílope. Le contó lo del
árbol que hablaba, pero el antílope no le creyó.
-Ven y lo verás tu mismo -dijo el
lobo- pero cuando llegues delante del árbol asegúrate de decir estas palabras:
"Hasta el día de hoy nunca me había encontrado con algo tan raro como un
árbol hablante". Si no las dices, morirás.
El lobo y el antílope se
acercaron hasta el árbol que hablaba. El antílope dijo:
-Has dicho la verdad, lobo, hasta
el día de hoy nunca me había encontrado con algo tan raro como un árbol
hablante.
Tan pronto como dijo esto alguna
cosa lo golpeó y lo dejó inconsciente. El lobo cargó con él a su espalda y se
lo llevó a casa para comérselo. "Este árbol que habla solucionará todos
mis problemas", pensó el lobo. "Si soy inteligente nunca más volveré
a pasar hambre."
Al día siguiente el lobo estaba
paseando como de costumbre. Al cabo de un rato se encontró con una tortuga. Le
contó la misma historia que le había contado al antílope, y la llevó hasta el
lugar. La tortuga se sorprendió cuando vio al árbol hablante.
-No creía que esto fuera posible
-dijo- hasta el día de hoy nunca me había encontrado con algo tan raro como un
árbol hablante.
Inmediatamente fue golpeada por
algo que no pudo ver y cayó inconsciente. El lobo la arrastró hasta su casa y
la puso en una olla. Pensó en hacer una estupenda sopa.
El lobo estaba orgulloso de sí
mismo. Después del antílope y la tortuga cazó un ave, un jabalí, y un ciervo.
Nunca antes había comido mejor. Siempre usaba la misma estrategia. Contaba a
sus presas que debían decir que nunca antes habían visto a un árbol hablar y
que si no lo decían morirían. Todos ellos hicieron lo que el lobo les dijo y
todos ellos quedaron inconscientes. Luego el lobo cargaba con ellos hasta su
casa. Era un plan perfecto, él lo creía simple e infalible, y agradecía a las
estrellas el hecho de haber encontrado a ese árbol. Esperaba comer como un rey
durante el resto de su vida.
Un día, que se sentía con algo de
hambre, el lobo fue a pasear de nuevo. Esta vez se encontró con una liebre. El
lobo le dijo:
-Hermana liebre, he visto algo
que tú no has visto desde el tiempo de tus antepasados.
-Hermano mayor, ¿qué puede ser?
-preguntó la liebre.
-He visto un árbol que habla en
la selva -dijo el lobo.
Contó la misma historia de
siempre a la liebre y se ofreció para llevarla a ver ese árbol hablante. Fueron
juntos hasta el lugar. Cuando se acercaban al árbol el lobo le dijo:
-No olvides lo que te he contado.
-¿Qué me contaste? -preguntó la
liebre.
-Lo que debes decir cuando
llegues junto al árbol, o si no, morirás -dijo el lobo.
-¡Oh!, sí -dijo la liebre-.
Y empezó a hablar con el árbol.
-¡Oh!, árbol, ¡oh!, árbol -dijo-.
Eres un árbol precioso.
.No, esto no -dijo el lobo.
-Perdona -dijo la liebre.
Entonces habló de nuevo-. Árbol, ¡oh!, árbol, nunca pensé que pudieras ser tan
maravilloso.
-¡No, no! -dijo el lobo- no un
árbol precioso, un árbol hablante. Te dije que tenías que decir que nunca
habías visto antes a un árbol hablante.
Tan pronto como hubo dicho estas
palabras, el lobo cayó inconsciente. La liebre se fue andando y mirando hacia
el árbol y el lobo. Luego sonrió:
-Entonces, este era el plan del
señor Lobo -dijo-. Se pensaba que este lugar era un comedero y yo su comida.
La liebre se marchó y contó a
todos los animales de la selva el secreto del árbol que hablaba. El plan del
lobo fue descubierto, y el árbol, sin herir a nadie, continuó hablando solo.
martes, 17 de septiembre de 2013
Autores consagrados - Micro relato de Petronio
Epitafio de una perra de caza
Petronio
La Galia me vio nacer, la Conca
me dio el nombre de su fecundo manantial, nombre que yo merecía por mi belleza.
Sabía correr, sin ningún temor, a través de los más espesos bosques, y
perseguir por las colinas al erizado jabalí. Nunca las sólidas ataduras
cautivaron mi libertad; nunca mi cuerpo, blanco como la nieve, fue marcado por
la huella de los golpes. Descansaba cómodamente en el regazo de mi dueño o de
mi dueña y mi cuerpo fatigado dormía en un lecho que me habían preparado
amorosamente. Aunque sin el don de la palabra, sabía hacerme comprender mejor
que ningún otro de mis semejantes; y, sin embargo, ninguna persona temió mis
ladridos. ¡Madre desdichada! La muerte me alcanzó al dar a luz a mis hijos. Y,
ahora, un estrecho mármol cubre la tierra donde yo descanso.
viernes, 26 de julio de 2013
Minicuentos
Mensaje
Thomas Bailey Aldrich
Una mujer está sentada sola en
una casa. Sabe que no hay nadie más en el mundo: todos los otros seres han
muerto. Golpean a la puerta.
viernes, 17 de mayo de 2013
Micro relato: Yalal Al-Din Rumi
Salomón y Azrael
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| Yalāl ad-Dīn Muhammad Rūmī - Filósofo persa |
Yalal Al-Din Rumi
Un hombre vino muy temprano a
presentarse en el palacio del profeta Salomón, con el rostro pálido y los
labios descoloridos.
Salomón le preguntó:
-¿Por qué estás en ese estado?
Y el hombre le respondió:
-Azrael, el ángel de la muerte,
me ha dirigido una mirada impresionante, llena de cólera. ¡Manda al viento, por
favor te lo suplico, que me lleve a la India para poner a salvo mi cuerpo y mi
alma!
Salomón mandó, pues, al viento
que hiciera lo que pedía el hombre. Y, al día siguiente, el profeta preguntó a
Azrael:
-¿Por qué has echado una mirada
tan inquietante a ese hombre, que es un fiel? Le has causado tanto miedo que ha
abandonado su patria.
Azrael respondió:
-Ha interpretado mal mi mirada.
No lo miré con cólera, sino con asombro. Dios, en efecto, me había ordenado que
fuese a tomar su vida en la India, y me dije: ¿Cómo podría, a menos que tuviese
alas, trasladarse a la India?
martes, 9 de abril de 2013
Micro relato de Julio Cortázar
GRAFFITI
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| Julio Cortázar - Imagen obtenida en Internet |
Julio Cortázar
dedicó a Antoni Tàpies este cuento llamado Graffiti en el que el autor argentino
muestra la desesperación y angustia de su personaje ahogado en ginebra.
Volviste al
alba, después de que las patrullas ralearon en su sordo drenaje, y en el resto
de la puerta dibujaste un rápido paisaje con velas y tamajales; de no mirarlo
bien se hubiera dicho un juego de líneas al azar, pero ella sabría mirarlo. Esa
noche escapaste por poco de una pareja de policías, en tu departamento bebiste
ginebra tras ginebra y le hablaste, le dijiste todo lo que te venía a la boca
con otro dibujo sonoro, otro puerto con velas, la imaginaste morena y silenciosa,
le elegiste labios y senos, la quisiste un poco.
Grafitti, en
Queremos tanto a Glenda de Julio Cortázar.
lunes, 11 de febrero de 2013
Micro relato de Jorge Luis Borges
EL
AMENAZADO
Jorge Luis Borges
Es
el amor, tendré que ocultarme o huir. Crecen los muros de su cárcel, como un
sueño atroz.
La
hermosa máscara ha cambiado, pero como siempre es la única ¿de qué me servirán
mis talismanes; el ejercicio de las letras, la vaga erudición, el aprendizaje
de las palabras que usó al áspero norte para cantar sus mares y sus espadas, la
serena amistad, las galerías de la biblioteca, las cosas comunes, los hábitos,
el joven amor de mi madre, la sombra militar de mis muertos, la noche
intemporal, el sabor del sueño?.
Estar
contigo o no estar contigo es la medida de mi tiempo. Ya el cántaro se quiebra
sobre la fuente, ya el hombre se levanta a la voz del ave, ya se han oscurecido
los que me miran por las ventanas, pero la sombra no me ha traidor la paz.
Es,
ya lo sé, el amor; la ansiedad y el alivio de oír tu voz, la espera y la
memoria, el horror de vivir en lo sucesivo. Es el amor con su mitología, con
sus pequeñas magias inútiles.
Hay
una esquina por la que no me atrevo a pasar. Ya los ejércitos se cercan, las
hordas (esta habitación es irreal; ella no la ha visto). El nombre de una mujer
me delata. Me duele una mujer en todo el cuerpo.
viernes, 4 de enero de 2013
Cuentos universales - Micro relato anónimo japonés
Los dos monjes y la hermosa
muchacha
Dos monjes, Tanzán y Ekido,
viajaban juntos por un camino embarrado. Llovía a cántaros y sin parar. Al
llegar a un cruce se encontraron con una preciosa muchacha, vestida con un
kimono y un ceñidor de seda, incapaz de vadear el camino.
-Vamos, muchacha -dijo Tanzán sin
más. Y, levantándola en sus brazos sobre el barro, la pasó al otro lado.
Ekido no dijo ni una sola
palabra, hasta que, ya de noche, llegaron al monasterio. Entonces no pudo
resistir más.
-Los monjes como nosotros -le dijo
a Tanzán- no deben acercarse a las mujeres, sobre todo si son bellas
jovencitas. Es peligroso. ¿Por qué lo hiciste?
-Yo la dejé allí -contestó
Tanzán-. ¿Es que tú todavía la llevas?
Anónimo japonés
lunes, 29 de octubre de 2012
Autores consagrados
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| Fernando Iwasaki |
Ya no quiero a mi hermano
«CARLITOS ESTÁ
AQUÍ», dijo la médium con su voz de drácula, y de pronto se transformó y puso
cara de buena. Entonces mamá le hizo muchas preguntas y el espíritu respondía a
través de la señora. Seguro que era Carlitos porque sabía dónde estaba el robot
y cuántas monedas había en su alcancía, dijo cuál era su postre favorito y
también los nombres de sus amigos.
Cuando la médium
nos miró haciendo las muecas de Carlitos papá empezó a llorar y mamá le pidió
por favor, por favor que no se fuera. Las luces se apagaban y encendían, los
cuadros se caían de las paredes y los vasos temblaban sobre la mesa. Me acuerdo
que la señora se desmayó y que una luz atravesó a mamá como en las películas.
«Carlitos está aquí», dijo con cara de felicidad.
Desde entonces
hemos vuelto a compartir el cuarto y los juguetes, el ordenador y la
Play-Station, pero la bicicleta no. Mamá quiere que sea bueno con Carlitos
aunque me dé miedo. No me gusta su voz de drácula. Y además huele a vieja.
Ajuar funerario- Fernando Iwasaki - de AVIÓN DE PAPEL
miércoles, 1 de agosto de 2012
Autores consagrados: micro relato de Jorge Luis BORGES
Argumentum ornithologicum
Jorge Luis Borges
Cierro los ojos y veo una bandada de pájaros. La visión dura un segundo o acaso menos; no se cuántos pájaros vi. ¿Era definido o indefinido su número? El problema involucra el de la existencia de Dios. Si Dios existe, el número es definido, porque Dios sabe cuántos pájaros vi. Si Dios no existe, el número es indefinido, porque nadie pudo llevar la cuenta. En tal caso, vi menos de diez pájaros (digamos) y más de uno, pero no vi nueve, ocho, siete, seis, cinco, cuatro, tres o dos pájaros. Vi un número entre diez y uno, que no es nueve, ocho, siete, seis, cinco, etcétera. Este número entero es inconcebible; ergo, Dios existe.
El Hacedor,
Madrid, Alianza 1972
jueves, 24 de mayo de 2012
Autores consagrados. Micro relato de Edgar Bayley
El mensaje
Edgar Bayley
El Dr. Pi entró en el motel.
Descansaría. Todo estaba preparado. Muy pronto estaría en otra tierra. Antes
debía recibir un mensaje. Una respuesta al que él había mandado. Observó su
habitación y lo atrajo un cortinado verde. Lo descorrió. Era la entrada a un
túnel iluminado.
-Está bien –dijo el Dr. Pi-. Es
lo convenido. Sacaré algunas fotografías mientras llega el mensaje.
Se escuchó un estruendo
subterráneo.
-Sí, no hay duda. Éste es el
lugar.
Introdujeron un sobre por debajo
de la puerta. Pi lo abrió. Era el mensaje esperado. Alguien había escrito SI en
rojo. Pi se desnudó, se dio un baño, se puso una escafandra y unas chinelas y
se internó por el túnel. Anduvo unos metros por una calle en declive y muy
ancha. A ambos costados había escaparates de tiendas, consultorios y galerías
de arte. Un hombre gordo, de baja estatura y con un largo guardapolvo blanco,
lo invitó a pasar a su consultorio.
-Aquí está su solución.
-No busco soluciones –dijo el Dr.
Pi-, busco a una morocha.
-Usted no escarmentará nunca
–replicó el gordo, molesto.
-El escarmiento no es mi oficio
–contestó el Dr. Pi y apresuró el paso.
La pendiente de la calle se hacía
cada vez más pronunciada. Las chinelas y la escafandra le estorbaban. Dejó todo
al gordo y avanzó desnudo y a grandes zancadas hacia el final del túnel. Allí,
junto a un muelle, Beatriz lo esperaba en una canoa. Pi la besó con intensidad
y rapidez y empuñando los remos dijo:
-Tenemos que llegar al golfo
antes que Edgar.
Transcripción de Vida y memoria del doctor Pi y otros
relatos
Buenos Aires, Ultimo Reino, 1983miércoles, 14 de marzo de 2012
Autores consagrados: Micro relatos
EL ECLIPSE
Augusto Monterroso
Cuando fray Bartolomé Arrazola se
sintió perdido aceptó que ya nada podría salvarlo. La selva poderosa de
Guatemala lo había apresado, implacable y definitiva. Ante su ignorancia
topográfica se sentó con tranquilidad a esperar la muerte. Quiso morir allí,
sin ninguna esperanza, aislado, con el pensamiento fijo en la España distante,
particularmente en el convento de los Abrojos, donde Carlos Quinto
condescendiera una vez a bajar de su eminencia para decirle que confiaba en el
celo religioso de su labor redentora.
Al despertar se encontró rodeado
por un grupo de indígenas de rostro impasible que se disponían a sacrificarlo
ante un altar, un altar que a Bartolomé le pareció como el lecho en que
descansaría, al fin, de sus temores, de su destino, de sí mismo.
Tres años en el país le habían
conferido un mediano dominio de las lenguas nativas. Intentó algo. Dijo algunas
palabras que fueron comprendidas.
Entonces floreció en él una idea
que tuvo por digna de su talento y de su cultura universal y de su arduo
conocimiento de Aristóteles. Recordó que para ese día se esperaba un eclipse
total de sol. Y dispuso, en lo más íntimo, valerse de aquel conocimiento para
engañar a sus opresores y salvar la vida.
—Si me matáis —les dijo— puedo
hacer que el sol se oscurezca en su altura.
Los indígenas lo miraron
fijamente y Bartolomé sorprendió la incredulidad en sus ojos. Vio que se
produjo un pequeño consejo, y esperó confiado, no sin cierto desdén.
Dos horas después el corazón de
fray Bartolomé Arrazola chorreaba su sangre vehemente sobre la piedra de los
sacrificios (brillante bajo la opaca luz de un sol eclipsado), mientras uno de
los indígenas recitaba sin ninguna inflexión de voz, sin prisa, una por una,
las infinitas fechas en que se producirían eclipses solares y lunares, que los
astrónomos de la comunidad maya habían previsto y anotado en sus códices sin la
valiosa ayuda de Aristóteles.
lunes, 6 de febrero de 2012
Un micro relato de Ramón Gómez de la Serna
Aquella muerta
Ramón Gómez de la Serna
Aquella muerta
me dijo:
-¿No me
conoces?... Pues me debías conocer... Has besado mi pelo en la trenza postiza
de la otra.lunes, 5 de diciembre de 2011
EL FARO
Juan José
Arreola
Lo que hace
Genaro es horrible. Se sirve de armas imprevistas. Nuestra situación se vuelve
asquerosa.
Ayer, en la
mesa, nos contó una historia de cornudo. Era en realidad graciosa, pero como si
Amelia y yo pudiéramos reírnos, Genaro la estropeó con sus grandes carcajadas
falsas. Decía: "¿Es que hay algo más chistoso?" Y se pasaba la mano
por la frente, encogiendo los dedos, como buscándose algo. Volvía a reír:
"¿Cómo se sentirá llevar cuernos?" No tomaba en cuenta para nada
nuestra confusión.
Amelia estaba
desesperada. Yo tenía ganas de insultar a Genaro, de decirle toda la verdad a
gritos, de salirme corriendo y no volver nunca. Pero como siempre, algo me
detenía. Amelia tal vez, aniquilada en la situación intolerable.
Hace ya algún
tiempo que la actitud de Genaro nos sorprendía. Se iba volviendo cada vez más
tonto. Aceptaba explicaciones increíbles, daba lugar y tiempo para nuestras más
descabelladas entrevistas. Hizo diez veces la comedia del viaje, pero siempre
volvió el día previsto. Nos absteníamos inútilmente en su ausencia. De regreso,
traía pequeños regalos y nos estrechaba de modo inmoral, besándonos casi el
cuello, teniéndonos excesivamente contra su pecho. Amelia llegó a desfallecer
de repugnancia entre semejantes abrazos.
Al principio
hacíamos las cosas con temor, creyendo correr un gran riesgo. La impresión de
que Genaro iba a descubrirnos en cualquier momento, teñía nuestro amor de miedo
y de vergüenza. La cosa era clara y limpia en este sentido. El drama flotaba
realmente sobre nosotros, dando dignidad a la culpa. Genaro lo ha echado a
perder. Ahora estamos envueltos en algo turbio, denso y pesado. Nos amamos con
desgana, hastiados, como esposos. Hemos adquirido poco a poco la costumbre
insípida de tolerar a Genaro. Su presencia es insoportable porque no nos
estorba; más bien facilita la rutina y provoca el cansancio.
A veces, el
mensajero que nos trae las provisiones dice que la supresión de este faro es un
hecho. Nos alegramos Amelia y yo, en secreto. Genaro se aflige visiblemente:
"¿A dónde iremos?", nos dice. "¡Somos aquí tan felices!"
Suspira. Luego, buscando mis ojos: "Tú vendrás con nosotros, a dondequiera
que vayamos". Y se queda mirando el mar con melancolía.
viernes, 28 de octubre de 2011
Autores consagrados. Micro relato de Rabindranath TAGORE
Los barcos de papel
Rabindranath Tagore
Todos los días echo mis barcos de papel al río, donde flotan y, uno tras otro, son arrastrados por la corriente.
En ellos he escrito, con grandes letras
negras, mi nombre y el nombre de mi pueblo.
Confío en que alguien los encontrará, en un
país lejano, y así sabrá quién soy.
Cargo mis barquitos con flores de shiuli
cogidas en nuestro jardín, y espero que estas flores abiertas al amanecer
tendrán la suerte de llegar al país de la noche.
Después de haber echado al agua mis barcos de
papel, levanto los ojos al cielo y veo que las nubecillas preparan sus velas
blancas y combadas.
Tal vez algún amiguito juegue conmigo desde
el cielo, lanzándolas al viento, para que compitan con mis barcos...
Cuando llega la noche, hundo la cabeza entre
mis brazos y sueño que mis barcos de papel bogan sin cesar, cada vez más lejos,
bajo la claridad de las estrellas de la medianoche.
Las hadas del sueño viajan en ellos, y llevan
por carga sus cestos llenos de ensueños.
sábado, 10 de septiembre de 2011
Autores consagrados: micro relato de Jorge Luis Borges
EL AMENAZADO
Jorge Luis Borges
Jorge Luis BorgesEs el amor, tendré que ocultarme o huir. Crecen los muros de su cárcel, como un sueño atroz.
La hermosa máscara ha cambiado, pero como siempre es la única ¿de qué me servirán mis talismanes; el ejercicio de las letras, la vaga erudición, el aprendizaje de las palabras que usó al áspero norte para cantar sus mares y sus espadas, la serena amistad, las galerías de la biblioteca, las cosas comunes, los hábitos, el joven amor de mi madre, la sombra militar de mis muertos, la noche intemporal, el sabor del sueño?
Estar contigo o no estar contigo es la medida de mi tiempo. Ya el cántaro se quiebra sobre la fuente, ya el hombre se levanta a la voz del ave, ya se han oscurecido los que me miran por las ventanas, pero la sombra no me ha traidor la paz.
Es, ya lo sé, el amor; la ansiedad y el alivio de oír tu voz, la espera y la memoria, el horror de vivir en lo sucesivo. Es el amor con su mitología, con sus pequeñas magias inútiles.
Hay una esquina por la que no me atrevo a pasar. Ya los ejércitos se cercan, las hordas (esta habitación es irreal; ella no la ha visto). El nombre de una mujer me delata. Me duele una mujer en todo el cuerpo.
La hermosa máscara ha cambiado, pero como siempre es la única ¿de qué me servirán mis talismanes; el ejercicio de las letras, la vaga erudición, el aprendizaje de las palabras que usó al áspero norte para cantar sus mares y sus espadas, la serena amistad, las galerías de la biblioteca, las cosas comunes, los hábitos, el joven amor de mi madre, la sombra militar de mis muertos, la noche intemporal, el sabor del sueño?
Estar contigo o no estar contigo es la medida de mi tiempo. Ya el cántaro se quiebra sobre la fuente, ya el hombre se levanta a la voz del ave, ya se han oscurecido los que me miran por las ventanas, pero la sombra no me ha traidor la paz.
Es, ya lo sé, el amor; la ansiedad y el alivio de oír tu voz, la espera y la memoria, el horror de vivir en lo sucesivo. Es el amor con su mitología, con sus pequeñas magias inútiles.
Hay una esquina por la que no me atrevo a pasar. Ya los ejércitos se cercan, las hordas (esta habitación es irreal; ella no la ha visto). El nombre de una mujer me delata. Me duele una mujer en todo el cuerpo.
jueves, 30 de junio de 2011
Autores consagrados: micro relato de Augusto MONTERROSO
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El paraíso imperfecto
Augusto Monterroso
-Es cierto -dijo mecánicamente el hombre, sin quitar la vista de las llamas que ardían en la chimenea aquella noche de invierno-; en el Paraíso hay amigos, música, algunos libros; lo único malo de irse al Cielo es que allí el cielo no se ve.
jueves, 19 de mayo de 2011
Autores consagrados: micro relato de Wu Ch`eng-en
Imagen obtenida en Internet

La sentencia
Wu Ch`eng-en
Wu Ch`eng-en
Aquella noche, en la hora de la rata, el emperador soñó que había salido de su palacio y que en la oscuridad caminaba por el jardín, bajo los árboles en flor. Algo se arrodilló a sus pies y le pidió amparo. El emperador accedió; el suplicante dijo que era un dragón y que los astros le habían revelado que al día siguiente, antes de la caída de la noche, Wei Cheng, ministro del emperador, le cortaría la cabeza. En el sueño, el emperador juró protegerlo. Al despertarse, el emperador preguntó por Wei Cheng. Le dijeron que no estaba en el palacio; el emperador lo mandó buscar y lo tuvo atareado el día entero, para que no matara al dragón, y hacia el atardecer le propuso que jugaran al ajedrez. La partida era larga, el ministro estaba cansado y se quedó dormido.
Un estruendo conmovió la tierra. Poco después irrumpieron dos capitanes, que traían una inmensa cabeza de dragón empapada en sangre. La arrojaron a los pies del emperador y gritaron:
-¡Cayó del cielo!
Wei Cheng, que había despertado, la miró con perplejidad y observó:
-Qué raro, yo soñé que mataba a un dragón así.
domingo, 10 de abril de 2011
Autores consagrados: micro relato de Yalal Al-Din Rumi
Imagen obtenida en Internet
Salomón y Azrael Yalal Al-Din Rumi
Un hombre vino muy temprano a presentarse en el palacio del profeta Salomón, con el rostro pálido y los labios descoloridos. Salomón le preguntó:
-¿Por qué estás en ese estado?
Y el hombre le respondió:
-Azrael, el ángel de la muerte, me ha dirigido una mirada impresionante, llena de cólera. ¡Manda al viento, por favor te lo suplico, que me lleve a la India para poner a salvo mi cuerpo y mi alma!
Salomón mandó, pues, al viento que hiciera lo que pedía el hombre. Y, al día siguiente, el profeta preguntó a Azrael:
-¿Por qué has echado una mirada tan inquietante a ese hombre, que es un fiel? Le has causado tanto miedo que ha abandonado su patria.
Azrael respondió:
-Ha interpretado mal mi mirada. No lo miré con cólera, sino con asombro. Dios, en efecto, me había ordenado que fuese a tomar su vida en la India, y me dije: ¿Cómo podría, a menos que tuviese alas, trasladarse a la India?
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El libro es un lujo que sólo se huele
Parece un espacio mágico arrancado de El Cairo de Naguib Masouf o el Bagdad de Las mil y una noches, un remanso de paz en el que no se escuchan los cláxones de los automovilistas impetuosos que parecen dialogar entre ellos desde sus bocinas. La librería Behzad es un oasis, un lugar hermoso y desordenado repleto de libros, cuadros, mapas, postales, fotografías y polvo, sobre todo mucho polvo (el sello de Kabul), en el que cada objeto parece guardar un equilibro perfecto con el que tiene al lado. (Pica sobre la imagen).
Tras los pasos de la sutil memoria de Machado en Segovia - 26-IX-2010
ARQUEOLOGÍA
El almacén de las momias
Los periodistas que estuvieron presentes describen emocionados una escena que bien podría haber salido de 'En busca del Arca Perdida' o cualquiera de sus secuelas. El interior de la tumba faraónica, 2.600 años en la oscuridad, sólo estaba iluminado por antorchas y por los focos de las cámaras de televisión invitadas al evento. (Pica sobre la imagen).
La Unesco protegerá los yacimientos del fondo del mar a partir de enero
ARTE
'La duquesa de Osuna' - Museo Romántico. Retrato familiar de la Duquesa de Osuna como dama de la Orden de Damas Nobles de la Reina María Luisa, Agustín Esteve (1796-1797).
Una «Capilla Sixtina» de 3.500 años
«¡Alá u-Akbar!» (¡Dios es el más grande!) es lo que exclamó rais Ali Farouk cuando entró, junto a José Manuel Galán, a la cámara mortuoria de Djehuty. Ante sus ojos se revelaba una imagen que nunca nadie «hubiera imaginado en sueños encontrar: una Capilla Sixtina del 1500 a.C», confesaba ayer Galán, director de la campaña arqueológica hispano-egipcia que lleva por nombre Proyecto Djehuty y que desde hace ocho años se desarrolla en la necrópolis de Dra Abu el-Naga, en la orilla occidental de Luxor (antigua Tebas)... (Pica sobre la imagen).
La casa de la playa de Diego Rivera
Las entrañas de la Alcazaba de Almería
La Alcazaba de Almería abre al público uno de sus rincones más secretos: las mazmorras. La actividad denominada El espacio del mes, con la que el monumento ofrece una lectura más detallada sobre algún elemento del recinto con visita guiada, se ha ampliado ante la expectación que ha levantado este lugar de cautiverio. Las mazmorras pueden verse los miércoles, jueves y viernes de septiembre a las 18.30. (Pica sobre la imagen).
Revolución en el museo de Orsay
"Quiero que el siglo XIX no se acabe nunca". La frase, en palabras de Guy Cogeval, director del Museo de Orsay, resume la misión que se ha marcado: poner patas arriba el mayor museo mundial de arte del XIX. Una auténtica revolución que ya ha comenzado y que supondrá el salto al siglo XXI de una institución que nació en 1986 como una de las mayores apuestas francesas en la historia del arte. Uno de los beneficiados será España: un centenar de joyas de Orsay aterrizarán el año próximo en la Fundación Mapfre de Madrid, como primera etapa de todo un periplo internacional. (Pica sobre la imagen).
Si es un 'miguel ángel', es un chollo
CIENCIA Y TECNOLOGÍA
Así eran los primeros relojes
Es un pequeño objeto dorado que Cosimo I de Medici, Duque de Florencia, levanta con la mano derecha en un óleo pintado en 1560 por Maso da San Friano. Este mecenas de las ciencias del siglo XVI mira al espectador 450 años después con cierta arrogancia. No es para menos, sostiene una pieza de tecnología punta de su tiempo: un reloj. (Pica sobre la foto).
Detectan una especie de peces destructores en las costas del Caribe de Guatemala
El gran cometa Donati como lo trazó William Dyce
La historia de Urania, musa de la astronomía
La creación de esta divinidad menor hija de Zeus demuestra la importancia de esta ciencia desde la antigüedad -Año internacional de la Astronomía-. Los griegos de la antigüedad plasmaron los grandes misterios de la creación en una gran variedad de mitos. La Teogonía escrita por el poeta beocio Hesíodo en el siglo VII a. C. contiene los primeros relatos estructurados sobre el origen del universo, los dioses y el ser humano, partiendo de mitos y poemas procedentes de una tradición oral. Las musas eran divinidades menores hijas de Zeus y la titánide Mnemósine (la Memoria). Según Hesíodo eran nueve: "Ella dio a luz a nueve jóvenes de iguales pensamientos, aficionadas al canto y de corazón alegre, cerca de la más alta cumbre del nevado Olimpo". Se movían entre el Olimpo, al que eran llamadas a menudo por Zeus para alegrar sus fiestas, y el monte Helicón, donde formaban bellos coros y recorrían sus ríos y valles. (Pica sobre la imagen)
















