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¿QUÉ BENEFICIOS SE OBTIENEN AL MATRICULARSE EN UN TALLER LITERARIO?

Preguntas como ésta, o tales como:
- ¿Es bueno matricularse en un taller literario?
- ¿Qué me aporta el matricularme en un taller literario?
- ¿Seguro que se puede aprender a escribir en un taller literario?

Preguntas similares y muchas más las he estado escuchando los últimos casi cinco años, los que tiene de vida el taller.
A quienes me las hacían, bien por correo electrónico, bien por teléfono, traté de sacarles de dudas lo mejor que supe o pude.
He de decir que, como tallerista que fui durante más de ocho años en uno de los más antiguos aparecidos en la ciudad de Madrid, más dos cursos más en una escuela de prestigio diré que:
1.- Los genios literarios, salvo muy raras excepciones no nacen, se hacen a base de esfuerzo y trabajo constante (al igual que cualquier trabajador en la disciplina que sea: para ser realmente bueno es preciso constancia y trabajo).
2.- En todas las universidades anglosajonas, los talleres literarios son una asignatura más en las facultades de letras.
3.- Cualquiera que sepa redactar medianamente bien, y que tenga inquietudes literarias, puede ser un magnífico alumno.
4.- A un taller literario hay que llegar con humildad y con el pensamiento de que se va a aprender, no creyéndose de entrada un Cervantes o mejor que el insigne manchego porque será un pésimo alumno que no se dejará corregir, se aburrirá y entorpecerá las clases.
5.- Quizá este punto debí ponerlo en el 1º o 2º lugar. Escribir es: CORREGIR, CORREGIR, CORREGIR y CORREGIR, de tal modo que el texto quede pulido, tanto como una pista de patinaje por la que, el lector, deslice la vista y no se encuentre obstáculo alguno que le haga desechar la obra que tiene entre manos bien por aburrimiento, falta de comprensión, exceso de rimas...
6.- Y por último, para no aburrir como pongo más arriba, quien desee escribir bien debe leer mucho y bien, es decir: beber de los autores clásicos y contemporáneos pero no sólo ir a conocer el argumento, sino ver las figuras retóricas empleadas, el tono, el estilo, las formas de lenguaje... Es necesario hacer un estudio en profundidad e, incluso, intentar parecérsele (con los ejercicios de intertextualidad).

Un saludo, Juana Castillo


lunes 23 de enero de 2012

Músicos del siglo XIX contemporáneos a Emilia Pardo Bazán - Trabajo realizado por Francisca Gracián Galbeño

En el siglo XIX sobresalen fundamentalmente dos movimientos estéticos terminantemente opuestos: el Romanticismo y el Impresionismo. El primero basado en el principio Rousseauniano "siento luego existo" mientras que el segundo, separándose del vetusto clasicismo y el deslumbrante Romanticismo, no buscaba la razón ni la sensación, buscaba la crítica al pasado por la crítica misma.
Emilia Pardo Bazán nace en un siglo con una herencia musical muy rica, de músicos que ya habían dejado el legado de su talento, los más cercanos a ella fueron: Berlioz; 1.803-1.869; Liszt, 1.809-1.886; Mendelsohn, 1809-1847; Schuman, 1.810-1.856; Chopin, 1.810-1.849; Wagner, 1.813-1.883; Verdi, 1.813-1.901; Weber, 1.786-1.826; y otros. Más cercanos a su tiempo fueron:
Saint- Saëns, 1.835-1.921. Obras: La Danza Macabra, Suite Argelina, Noche en Lisboa, Jota aragonesa, El Carnaval de los animales, además de conciertos para piano y Sinfonías.
Jules Massenet, 1.842-1.912. Obras: Fedra, Meditación de Thais, Claro de Luna, de Wherter, y la más popular, Manon.
Gabriel Fauré, 1.848-1.924. Obras: Penélope, Prometeo, Réquiem, y Cuarteto de cuerda en mi menor, opus 121, entre otras.
 
Y los españoles:
 
Isaac Albéniz, 1.860-1.909, con una extensa y magnífica obra, entre la que destaca Iberia, cuaderno de 12 piezas.
Enrique Granados, 1.867-1.916, con las Danzas Españolas las Tonadillas y las dos suites para piano Goyescas.
Manuel de Falla, 1.876-1.946, con La Vida Breve, las Cuatro piezas españolas, Siete canciones populares españolas,  El Amor Brujo, Noches en los jardines de España, y El Sombrero de Tres Picos, entre otras.
Hay otros muchos músicos extranjeros, y sobre todo, españoles: Ruperto Chapí, Teobaldo Power, Francisco Tárrega, Joaquín Turina, porque fue un tiempo de mucha creatividad, pero la lista se haría demasiado larga.
Francisca Gracián Galbeño
 
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