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¿QUÉ BENEFICIOS SE OBTIENEN AL MATRICULARSE EN UN TALLER LITERARIO?

Preguntas como ésta, o tales como:
- ¿Es bueno matricularse en un taller literario?
- ¿Qué me aporta el matricularme en un taller literario?
- ¿Seguro que se puede aprender a escribir en un taller literario?

Preguntas similares y muchas más las he estado escuchando los últimos casi cinco años, los que tiene de vida el taller.
A quienes me las hacían, bien por correo electrónico, bien por teléfono, traté de sacarles de dudas lo mejor que supe o pude.
He de decir que, como tallerista que fui durante más de ocho años en uno de los más antiguos aparecidos en la ciudad de Madrid, más dos cursos más en una escuela de prestigio diré que:
1.- Los genios literarios, salvo muy raras excepciones no nacen, se hacen a base de esfuerzo y trabajo constante (al igual que cualquier trabajador en la disciplina que sea: para ser realmente bueno es preciso constancia y trabajo).
2.- En todas las universidades anglosajonas, los talleres literarios son una asignatura más en las facultades de letras.
3.- Cualquiera que sepa redactar medianamente bien, y que tenga inquietudes literarias, puede ser un magnífico alumno.
4.- A un taller literario hay que llegar con humildad y con el pensamiento de que se va a aprender, no creyéndose de entrada un Cervantes o mejor que el insigne manchego porque será un pésimo alumno que no se dejará corregir, se aburrirá y entorpecerá las clases.
5.- Quizá este punto debí ponerlo en el 1º o 2º lugar. Escribir es: CORREGIR, CORREGIR, CORREGIR y CORREGIR, de tal modo que el texto quede pulido, tanto como una pista de patinaje por la que, el lector, deslice la vista y no se encuentre obstáculo alguno que le haga desechar la obra que tiene entre manos bien por aburrimiento, falta de comprensión, exceso de rimas...
6.- Y por último, para no aburrir como pongo más arriba, quien desee escribir bien debe leer mucho y bien, es decir: beber de los autores clásicos y contemporáneos pero no sólo ir a conocer el argumento, sino ver las figuras retóricas empleadas, el tono, el estilo, las formas de lenguaje... Es necesario hacer un estudio en profundidad e, incluso, intentar parecérsele (con los ejercicios de intertextualidad).

Un saludo, Juana Castillo


sábado 11 de febrero de 2012

Una frase, una imagen

"En Egipto, se llamaba a las bibliotecas el Tesoro de los Remedios del Alma, en efecto cura... cura la ignorancia, que es la más peligrosa de las enfermedades.... y el origen de todas los demás". Jackes Benigne Bossuet.

Jacques-Bénigne Bossuet


viernes 10 de febrero de 2012

Proverbio judío

Jerusalem - Muro de las lamentaciones

No te acerques a una cabra por delante, a un caballo por detrás, y a un tonto por ningún lado.
 

miércoles 8 de febrero de 2012

Un poema de Alejandra Pizarnik

ALEJANDRA PIZARNIK
HIJA DEL VIENTO

Han venido.
Invaden la sangre.
Huelen a plumas,
a carencias,
a llanto.
Pero tú alimentas al miedo
y a la soledad
como a dos animales pequeños
perdidos en el desierto.

Han venido
a incendiar la edad del sueño.
Un adiós es tu vida.
Pero tú te abrazas
como la serpiente loca de movimiento
que sólo se halla a sí misma
porque no hay nadie.

Tú lloras debajo del llanto,
tú abres el cofre de tus deseos
y eres más rica que la noche.
Pero hace tanta soledad
que las palabras se suicidan.


martes 7 de febrero de 2012

200 aniversario del nacimiento de Charles Dickens

Charles Dickens
Dickens, Charles (Portsmouth, Inglaterra, 7 de febrero de 1812 – Gads Hill Place, Inglaterra, 9 de junio de 1870), novelista inglés y uno de los escritores más conocidos de la literatura universal. En su extensa obra, combinó con maestría narración, humor, sentimiento trágico e ironía con una ácida crítica social y una aguda descripción de gentes y lugares, tanto reales como imaginarios.
Nació el 7 de febrero de 1812, en Portsmouth, y pasó la mayor parte de su infancia en Londres y Kent, lugares que aparecieron con frecuencia en sus obras. Comenzó a asistir a la escuela a los nueve años de edad, pero sus estudios quedaron interrumpidos cuando su padre, un pequeño funcionario afable pero despreocupado, fue encarcelado, en 1824, por no pagar sus deudas. El joven Charles se vio obligado, pues, a mantenerse por sí mismo, y entró a trabajar en una fábrica de tintes. Esta desagradable experiencia, que más tarde describiría, sólo levemente alterada, en su novela David Copperfield (1849-50), le produjo una sensación de humillación y abandono que le acompañó durante el resto de su vida. Entre 1824 y 1826 asistió de nuevo a la escuela, aunque la mayor parte de su educación fue autodidacta. Entre sus libros favoritos se encontraban los de algunos de los grandes novelistas del siglo XVIII, como Henry Fielding y Tobias Smollet, cuya influencia se puede percibir con claridad en sus propios escritos. En 1827 consiguió un trabajo como secretario legal y, tras estudiar durante un breve periodo de tiempo el oficio, se convirtió en periodista en el Parlamento, lo cual le habituó a realizar precisas descripciones de hechos, cualidad que aplicaría posteriormente a su obra narrativa. En esa época conoció a María Beadnell, y se enamoró de ella, pero su familia lo rechazó como pretendiente de la joven, por lo que, tras cuatro años de relaciones, se separaron. Para entonces, él ya estaba trabajando como reportero en una publicación de su tío, The Mirror of Parliament, y para el periódico liberal The Morning Chronicle.
Oliver Twist

En diciembre de 1833, Dickens publicó, bajo el seudónimo de Boz, la primera de una serie de breves y originales descripciones de la vida cotidiana de Londres en The Monthly Magazine, una revista que editaba su amigo George Hogarth. Tras ello, un editor de la ciudad le encargó un volumen de nuevas notas en este estilo, que debían acompañar a las ilustraciones del famoso artista George Cruikshank. El éxito de este libro, titulado Los apuntes de Boz (1836), le permitió al novelista casarse con Catherine Hogarth en ese mismo año, y le animó a preparar una colaboración similar, esta vez con el conocido artista Robert Seymour. Cuando Seymour se suicidó, otro artista, H. K. Browne, apodado Phiz, que realizaría más tarde muchas de las ilustraciones de los últimos trabajos de Dickens, ocupó su lugar. El resultado de esta colaboración fue Papeles póstumos del club Pickwick (1836-1837), una obra en un estilo muy próximo al de los cómics, cuyo éxito consolidó la fama del novelista, e influyó notablemente en la industria editorial de su país, pues su innovativo formato, el de una publicación mensual muy poco costosa, marcó una línea que siguieron otras editoriales.
David Copperfield

La fama que le había producido este curioso proyecto se vio ampliada por las siguientes novelas que fue publicando. Hombre de enorme energía y talento, se dedicó a otras muchas actividades. Editó los semanarios Household News (1850-1859) y All the Year Round (1859-1870), escribió dos libros de viajes, Notas americanas (1842) e Imágenes de Italia (1846), administró asociaciones caritativas y luchó porque se llevaran a cabo reformas sociales. En 1842, impartió seminarios en los Estados Unidos en favor de un acuerdo internacional sobre propiedad intelectual y en contra de la esclavitud. En 1843 publicó Canción de Navidad, que se convirtió rápidamente en un clásico de la narrativa infantil. Las actividades extraliterarias de Dickens incluían la gestión de una compañía teatral que funcionó hasta la subida al trono de la reina Victoria, en 1851, y las lecturas de sus obras en Inglaterra y en Estados Unidos. Sin embargo, todos estos éxitos se vieron empañados por sus problemas familiares. La incompatibilidad de caracteres y la relación del autor con la joven actriz Ellen Ternan, llevaron a la disolución del matrimonio, en 1858, fruto del cual habían nacido diez hijos. Murió el 9 de junio de 1870 y fue enterrado cinco días más tarde en la abadía de Westminster.
Canción de Navidad 

A la vez que maduraba artísticamente, sus novelas se habían ido transformando de cuentos humorísticos, en la línea de Los papeles del club Pickwick- esta obra fue traducida al español del francés por Benito Pérez Galdós (1868) ya que el autor español no sólo admiraba a Dickens sino que le consideraba como uno de sus maestros- y Nicholas Nickleby (1837-1838), en obras de gran relevancia social, análisis psicológico y enorme complejidad narrativa. Entre sus obras más representativas se encuentran Casa desolada (1852-1853), La pequeña Dorritt (1855-1857), Grandes esperanzas (1860-1861) y Nuestro amigo común (1864-1865). Los lectores del siglo XIX y de comienzos del XX apreciaban más las primeras obras del autor, por su sentido del humor y su trasfondo trágico. Pero, aún reconociendo las cualidades de esta narrativa temprana, los críticos literarios de hoy en día sitúan por encima de ella a las obras de madurez, por su coherencia formal y su aguda percepción de la condición humana. Otras obras destacadas son Oliver Twist (1837-1839), La tienda de antigüedades (1840-1841), Barnaby Rudge (1841), Martin Chuzzlewit (1843-1844), Dombey e hijo (1846-1848), Tiempos difíciles (1854), Historia de dos ciudades (1859) y El misterio de Edwin Drood, que quedó incompleta.

Las imágenes han sido obtenidas en Internet. La biografía en la enciclopedia Encarta.

Fallece el pintor Antoni Tàpies

Ayer lunes, 6 de febrero de 2012, falleció en Barcelona -España-, a los 89 años de edad, el pintor Antoni Tàpies y Puig, Marqués de Tàpies, escultor, pintor, escritor de quien dejo esta biografía obtenida en la enciclopedia Encarta.

Tàpies, Antoni (Barcelona, 13 de diciembre de 1923 – Íb. 6 de febrero de 2012), pintor y escultor español, nacido en Barcelona, uno de los líderes del informalismo español, cuya influencia será decisiva a nivel internacional.

Antoni Tàpies i Puig
Tàpies inicia su trayectoria artística en el año 1945, tras abandonar sus estudios de derecho y después de una convalecencia por una enfermedad pulmonar que le posibilita el reposo físico y psíquico necesario para el estudio y la reflexión intelectual. Es entonces cuando se acerca a la obras de filósofos como Friedrich Nietzsche, Miguel de Unamuno y Arthur Schopenhauer, poetas como Edgar Allan Poe, músicos como Richard Wagner o Robert Schumann, y artistas como Vincent van Gogh o la época surrealista de Pablo Picasso. Poco después descubriría a Jean Paul Sartre, cuyo existencialismo marcaría su trayectoria vital y artística.

Sobre la base del surrealismo funda en 1948, junto a un grupo de jóvenes artistas e intelectuales catalanes, el grupo Dau al Set, que plantea una opción artística y cultural vanguardista de ruptura con las corrientes convencionales que se desarrollaban por entonces en España. En 1950 se le concede una beca de estudios en París, donde toma contacto con las ideas revolucionarias de izquierda y con la pintura abstracta. Ese mismo año realiza su primera exposición individual.

Cruz sobre tierra
En 1951, Tàpies se desliga del grupo Dau al Set e inicia una evolución individual, optando por una línea informalista, abstracta, basada en las investigaciones sobre la materia pictórica como medio expresivo artístico: impone como valor total la materia frente a la forma. De ahí que su obra sea exponente de primer orden de la corriente matérica informalista. A lo largo de su trayectoria utiliza diversos procedimientos. En el collage mezcla elementos heterogéneos con la pasta pictórica aplicada directamente del tubo en forma de empastes gruesos y granulosos, sobre los que realiza huellas, incisiones, surcos y grietas, con los dedos y otros medios. Otras veces usa el grattage, que consiste en el rascado o rayado de superficies como cartón. El objetivo final es una pintura de relieves, orográfica, recreándose en la presentación de texturas rugosas, porosas o granulosas (matéricas en definitiva) que contrastan con superficies lisas, como se observa en su obra Blanco craquelado (1956). A partir de 1953 hace uso de la técnica denominada mixtura, consistente en la mezcla de pintura al óleo con polvo de mármol, cuya finalidad es, de nuevo, resaltar el carácter matérico de la obra, como en Negro con mancha roja (1954). Otras veces emplea el encolado de superficies.

En sus obras se repiten una serie de signos e imágenes que pertenecen al universo simbólico e interior del artista, con claras alusiones al universo, la vida, la muerte o la sexualidad. Entre ellos aparecen en sus composiciones figuras geométricas, más o menos difuminadas o distorsionadas, como el óvalo (Óvalo blanco, 1957), el círculo, el cuadrado (Puerta gris, hacia 1958), más tarde el triángulo (Forma triangular sobre gris, 1961); signos como la cruz, constante a lo largo de su carrera, que puede ser griega, latina, en aspa (Gran equis, 1962), en forma de T, ésta última asociada a la inicial de su apellido; números, letras, entre otros. En este sentido cabe citar Materia negra sobre saco (1960) y Cuerdas entrecruzadas sobre madera (1960). A partir de 1962 comienza una etapa en la que se produce la integración en la obra de objetos cotidianos como cuerdas, platos (Montón de platos, 1970), paja, junto a signos antropomórficos (pie, mano, dedos), como se observa en Blanco con pisadas, que denota un interés por plasmar la huella y presencia humana en sus obras; también aparecen temas y símbolos de carácter sexual (órganos sexuales masculinos y femeninos, paja, mantas, cama…) como en Paja sobre tela. Su gama cromática ha oscilado entre el monocromatismo y colorido neutro con predominio de grises, negros, blancos y ocres y la inclusión de un colorido más vivo, con rojos, naranjas, rosas, amarillos y azules.

A partir de la década de 1970 su obra presenta heterogeneidad estilística y, si bien sigue cultivando el informalismo, a veces presenta una realidad objetual integrada por la presentación de elementos cotidianos, por ejemplo en Materia gris en forma de sombrero.

Ropa interior
Tàpies ha sido considerado precursor del arte povera. Desde la década de 1950 su obra ha gozado de reconocimiento internacional, reflejado en el hecho de la organización de exposiciones sobre su obra por parte de grandes museos y galerías de arte del mundo entero. En 1958 recibió el Premio Carnegie y en 1967 el de la Bienal del Grabado de Liubliana. Son también numerosos los estudios teóricos realizados por especialistas sobre su obra. Además, ha realizado cerámicas, tapices y esculturas, entre las que cabe destacar su mosaico de la plaza de Sant Boi de Llobregat (Barcelona), sus esculturas públicas Homenaje a Picasso y Núbol i cadira (Nube y silla), ambas inauguradas en Barcelona en 1990, y su polémico Calcetín (1992), de 18 m de largo. En 1990 se inauguró en Barcelona la Fundación Tàpies, creada por iniciativa del propio artista para fomentar y difundir el conocimiento del arte contemporáneo, así como para exponer y conservar su propia obra.

  

Homenaje a Picasso

lunes 6 de febrero de 2012

Un micro relato de Ramón Gómez de la Serna

Aquella muerta

Ramón Gómez de la Serna

Aquella muerta me dijo:
-¿No me conoces?... Pues me debías conocer... Has besado mi pelo en la trenza postiza de la otra.





sábado 4 de febrero de 2012

A la hora de escribir los grandes maestros opinan...

Ernest Hemingway

Ernest Hemingway

Para escribir me retrotraigo a la antigua desolación del cuarto de hotel en el que empecé a escribir. Dile a todo el mundo que vives en un hotel y hospédate en otro. Cuando te localicen, múdate al campo. Cuando te localicen en el campo, múdate a otra parte. Trabaja todo el día hasta que estés tan agotado que todo el ejercicio que puedas enfrentar sea leer los diarios. Entonces come, juega tenis, nada, o realiza alguna labor que te atonte sólo para mantener tu intestino en movimiento, y al día siguiente vuelve a escribir.



miércoles 1 de febrero de 2012

Encuesta respondida

La pregunta decía: Se quitó la vida llenándose los bolsillos de piedras y arrojándose al río en marzo de 1941, ¿a quién nos referimos?

Virginia Woolf

- Virginia Woolf

- Victoria Ocampo

- Juana de Ibarbourou

- Alfonsina Storni

Dábamos como posibles cuatro nombres femeninos, de los lectores que nos visitan solo dos respondieron, y acertaron la respuesta. Se trata de la escritora inglesa, Virginia Woolf, autora de Fin de viaje (1915), Noche y día (1919), El cuarto de Jacob (1922) y La Señora Dalloway (1925), entre otras obras, padecía de severas crisis depresivas. Virginia era una gran observadora de lo que ocurría a su alrededor, su obra muestra el mundo interno de los sentimientos, las frustraciones y los sufrimientos de las personas. Una mujer que contaba con una extrema sensibilidad que no le permitió disfrutar de su existencia. En marzo de 1941, en medio de una de esas crisis, decidió poner fin a su vida dejando una carta a su esposo, Leonard Woolf, en la que le decía: "Te debo toda la felicidad de mi vida (…) No creo que dos personas hayan podido ser más felices que nosotros".

http://es.wikipedia.org/wiki/Virginia_Woolf

martes 31 de enero de 2012

¿Sabías que...

Para continuar con la autora que estudiamos durante esta primera semana, esta ANÉCDOTA no tiene desperdicio:

Doña Emilia PARDO BAZAN solicitó en diversas ocasiones su ingreso como miembro de la Real Academia Española en una época en que ninguna mujer ocupaba un sillón en ella. Eran años en que algunas mujeres desplegaban sus energías en pro de avances sociales para la mujer en una lucha a la que la sociedad hacía oídos sordos. La Pardo Bazán fue una de aquellas incansables mujeres.

Juan Valera
Manuel Tamayo y Baus
Ante las reiteradas peticiones de ingreso en la institución, don Juan Valera sugirió una estratagema para disuadirla y hacerla callar de una vez. Comunicó al secretario de la Academia, don Manuel Tamayo y Baus, dramaturgo, que hiciese venir a la Academia a la escritora, le enseñase los sillones que se utilizaban, muy tradicionales, y que le dijese que no estaba entre sus atribuciones cambiarlos sin incurrir en falta, haciéndole ver que no podría sentarse en ellos cómodamente por ser su CIRCUNFERENCIA mayor que la de los señores académicos…, añadiendo que habría de encargarse un sillón especial, de características diferentes, que desentonaría con el conjunto y que eso sería imposible, para terminar haciéndole saber que, en verdad, la Academia gustosamente le ofrecería un asiento…, pero que lamentablemente no podría sentarse en él.

Gertrudis Gómez de Avellaneda

La excusa que se dio finalmente para denegar su ingreso fue que los estatutos de la institución lo prohibían y que ya se había denegado también con anterioridad el sillón a la cubana doña Gertrudis Gómez de Avellaneda.

lunes 30 de enero de 2012

Trabajo sobre el texto a comentar: realizado por Francisca Gracián Galbeño

Francisca Gracián Galbeño

1.- Señala las figuras retóricas que hayas encontrado (metáforas, comparaciones, hipérboles…)
Fresco, retozón, chorreando juventud.- Metagoge
se dirige a la tierra.-  Personificación
perdido de gota y reuma.- Hipérbole
condenado a cerrar el ojo y estirar la pata inmediatamente.- Hipérbole
poseído de las férvidas ilusiones de la mocedad.- Hipérbole
no se le cuece el pan en el cuerpo.- Hipérbole
alzando no sin dificultad la mano derecha.- Personificación
desfigurada y llena de tofos gotosos.- Hipérbole
contesta en voz que silba pavorosa al través de las arrasadas encías.-Personificación
me puse tan sordo, que ni me enteraba siquiera!... Personificación
un acceso de tos horrible le doblega, zamarreándole como al árbol secular el viento huracanado.- Personificación
ni lleva pastillas de goma ni puede entretenerse en cuidar catarros y asmas, prosigue su camino murmurando con desaliento: Personificación
se le había caído el alma a los pies.- Hipérbole
creía herida su dignidad y ofendida su rectitud.- Metagoge
fatiga esta cavilación al muchacho.- Metagoge
era muy delicado y pundonoroso.- Metagoge
hállase resuelto a suprimirse, a disolverse en la nada, borrando antes con el dedo las cifras de su nombre ya escritas en la gigantesca y negra pizarra del Destino.- Personificación
vagando por las calles de populosa ciudad, cruza la primera puerta que ve franca, - Personificación
una vejezuela, seca como pergamino, - Comparación
En sus miembros paralizados sólo vive el dolor.- Metagoge
Tengo dentro un perro que me roe los huesos sin descanso... - Hipérbole
si usted gusta, puedo quitarme de en medio. Desaparezco por escotillón.-Personificación
cara amojamada de la vieja.- Metáfora
como anda tan ligero, presto deja atrás la ciudad.- Personificación
Sórdida estrechez.- Perífrasis
Su palidez verdosa, su temblor mercurial.- Perífrasis
El Año, espantado de tal vista, se acerca al que más tiembla.- Personificación
muñequillo de médula de saúco.- Metáfora
Apártase el Año, entre horrorizado y despreciativo, y con la rapidez propia de su marcha (el tiempo vuela, ya se sabe), al instante llega a orillas del mar, ve un presidio y se introduce en una de sus cuadras.- Personificación
Cuando el Año penetra en la cuadra, - Personificación
-discurre el Año entre sí-. - Personificación
el Año sonríe. - Personificación
recorre el Año los lugares en que se llora, - Personificación
el Año quiere reposar una hora en alguna casa alegre, rica y elegante, y se detiene en el palacio de un señor poderoso. - Personificación
«¿Qué dirá éste de mi proposición? -calcula el Año- Personificación
Y por chancearse, por curiosidad, ofrece el consabido trato. - Personificación
el Año Nuevo se encoge de hombros, alejase de la señorial mansión, y anuncia a son de trompeta,- Personificación
2.- ¿Sabrías enmarcar el relato dentro de uno de estos géneros?
- de miedo,
- fantástico, - Yo lo calificaría de fantástico
- de intriga,
- erótico,
- de ciencia ficción,
- cuento para niños,
- cuento realista…
3.- ¿Cómo es el lenguaje? ¿Actual o arcaizante?.- Arcaizante
4.- A pesar de ello, ¿es un texto comprensible en nuestros días?.-
5.- ¿Quién es el/la protagonista? El Año Nuevo
6.- ¿Da sensación de que hay muchos o pocos personajes? Muchos
7.- ¿Qué es lo que más te ha gustado? ¿Por qué? Lo que más me ha gustado es la metáfora de la historia. Yo lo veo como el símbolo de que el Año Nuevo nos trae, cada 1 de Enero una oportunidad de elección y renovación.
Tu opinión:
Aunque me resulte difícil todavía encontrar las figuras correctas e identificarlas, sí sé disfrutarlas cuando las leo. Creo que Emilia Pardo Bazán tenía, además de una gran inteligencia, una imaginación muy viva. Me gusta mucho la personificación en la literatura, me parece un recurso que da vida a una narración, y pocas veces se encuentran tantos casos de personificación juntos en un relato; o al menos, nunca antes había reparado en ello.

domingo 29 de enero de 2012

Trabajo sobre el relato de Emilia Pardo Bazán realizado por Isabel Fraile Hernando

Isabel Fraile Hernando
1.- Señala las figuras Retóricas que hayas encontrado:

Comparación:
Como al árbol secular, el viento huracanado
Seca como pergamino inmóvil
Danzando como si le hubiese picado la tarántula  maligna

Hipérbole:
Se le había caído el alma a los pies
Profundo espanto se pinta en la cara de la vieja
Tengo dentro un perro que me roe los huesos sin descanso

Metáfora:
No se le cuece el pan en el cuerpo
Gigantesca y negra pizarra del destino
En sus miembros paralizados solo vive el dolor
2.- Enmarcaría este relato dentro del Género  Fantástico.
3 El lenguaje es una mezcla  entre arcaizante y actual, aunque algunas palabras no se usan actualmente el texto es perfectamente comprensible en nuestros días.
5.- El protagonista es el Año Nuevo
6.- Hay gran cantidad de personajes. Reclusos de la cárcel, vieja, potentado..., etc.
7.- ¿Qué es lo que más te ha gustado. ¿Por qué? La clave de humor en que está escrito el relato.
Opinión:
Aunque a simple “lectura” el texto incita a la sonrisa, este pone de manifiesto el aprecio que los humanos tenemos por la vida. No importa las tribulaciones por las que a veces tenemos que pasar porque en el fondo siempre nos agarramos a la esperanza de que todo pueda mejorar. El punto de discordia en este planteamiento lo pone el potentado. Él, que teniendo todo para considerarse feliz, no valora nada de lo que posee y el tedio le lleva incluso a pensar en quitarse la vida. Un relato que no deja de tener su moraleja.

jueves 26 de enero de 2012

Trabajo sobre el texto a comentar: Mª José Núñez Pérez

Mª José Núñez Pérez

1.- Señala las figuras retóricas que hayas encontrado (metáforas, comparaciones, hipérboles…)

Fresco, retozón, chorreando juventud, el Año Nuevo,  Personificación

(Todo el relato está personificado)

No se le cuece el pan en el cuerpo  Metáfora

 voz que silba pavorosa   Metáfora

zamarreándole como al árbol secular el viento huracanado  Comparación

la gigantesca y negra pizarra del Destino. Metáfora

 seca como pergamino, Comparación

 En sus miembros paralizados sólo vive el dolor.  Personificación

Tengo dentro un perro que me roe los huesos sin descanso... Hipérbole

Profundo espanto se pinta en la cara amojamada de la vieja.  Hiperbole

se dirigen a hundirse en las entrañas de la mina,  Metáfora

A vivir semejante, será preferible el nicho. Comparación

los campos que riega el sudor del labriego Metáfora

2.- ¿Sabrías enmarcar el relato dentro de uno de estos géneros?

- de miedo,

- fantástico,  Fantástico

- de intriga,

- erótico,

- de ciencia ficción,

- cuento para niños,

- cuento realista…

3.- ¿Cómo es el lenguaje? ¿Actual o arcaizante? Me parece arcaizante

4.- A pesar de ello, ¿es un texto comprensible en nuestros días?  Si

5.- ¿Quién es el/la protagonista? El protagonista es el Año Nuevo

6.- ¿Da sensación de que hay muchos o pocos personajes? Hay muchos

7.- ¿Qué es lo que más te ha gustado? ¿Por qué? Todo, es uno de esos relatos que se leen con agrado desde la primera línea.  Me gusta el final, donde el año nuevo,  ya medio loco nos da a entender que  los pobres, pese a sus miserias, saben apreciar  mucho más  la vida que los ricos.

Tu opinión: Me encanta el ingenio, la chispa, la maravillosa forma de describir que posee la autora, lo bien que utiliza las figuras retóricas.  Nos lleva de paseo junto al Año Nuevo, para mostrarnos  los deseos de vivir de los que parecen más desdichados, para después mostrarnos el aburrimiento del señor rico en su palacete. Aparte me encantan los relatos en los que aparece la personificación, en este caso dando vida al nuevo año.

miércoles 25 de enero de 2012

Hechos históricos acaecidos en España durante la época en que vivió Emilia Pardo Bazán

Época contemporánea


El discurrir histórico de la España contemporánea dibujó una entrecortada senda debido a que el afianzamiento del nuevo orden liberal, a partir del segundo tercio del siglo XIX, chocó con múltiples resistencias emanadas de distintos flancos (carlismo, poderes fácticos, viejos estamentos privilegiados). Las manifiestas interferencias entre los poderes civil, militar y religioso se traducen a lo largo de dicha centuria en una cadena de desencuentros y tensas relaciones entre la Iglesia y el Estado (proceso desamortizador), unidos a intermitentes pronunciamientos militares de matiz conservador o progresista, artífices de los relevos gubernamentales y los sucesivos vaivenes constitucionales. Fracasada la experiencia democrática del Sexenio Democrático, tan esperanzadora como meteórica (1868-1874), el régimen oligárquico de la Restauración introdujo a España en el umbral del siglo XX sin consolidar el ensayado bipartidismo ni asentar un sistema de partidos garante de la reclamada estabilidad en la vida pública.

La falta de una correcta ubicación institucional, a estas alturas de la contemporaneidad, junto a los llamativos reveses extrapeninsulares cosechados en las últimas décadas (el desastre colonial de 1898, Annual y otros sonados fracasos en la guerra de Marruecos), provocaron una paulatina militarización de la monarquía de Alfonso XIII hasta desembocar en la dictadura de Primo de Rivera (1923-1930).


Consolidación del nuevo orden liberal (1833-1874)

Isabel II
El reinado de Isabel II abarca el segundo tercio del siglo XIX, desde 1833 hasta la revolución de 1868, que obliga a la reina a salir del país en pos de una ‘España con honra’.
Previamente, se estableció una etapa de minoridad y regencia de María Cristina y del general Baldomero Fernández Espartero, clausurada en 1843 al proclamarse oficialmente la mayoría de edad de la heredera del trono con apenas 13 años. Las notas más sobresalientes del legado político isabelino fueron el desmantelamiento de los fundamentos económicos y jurídicos del Antiguo Régimen, perfilado por los partidarios de la Constitución de 1812 o doceañistas (disolución del régimen señorial, desvinculaciones y proceso de desamortización), y la puesta en marcha de una revolución burguesa imperfecta, pero que provoca cambios cualitativos en la organización social (sociedad clasista) y política (constitucionalismo), las relaciones de producción (economía capitalista), y las estructuras mentales (utilitarismo y mentalidad burguesa entusiasta de la propiedad y el ahorro).
Baldomero Fernández Espartero

Comprobada la tibieza del Estatuto Real de 1834, la última Carta Otorgada de la monarquía española por la que la regente, en plena Guerra Carlista, decide desprenderse de algunas atribuciones, sucesivos textos constitucionales de talante moderado (Constitución de 1845) o progresista (Constitución de 1856), fijaron las reglas del juego político de esta etapa. Todos ellos coincidían en limitar el voto a los varones que reunieran determinados requisitos económicos o sociales (sufragio censitario), sin aceptar la participación popular en la vida pública ni resistirse a volcar en el articulado constitucional sus ideologías y programas políticos; de ahí la escasa vigencia y trasiego de estas normas fundamentales, al arbitrio de coyunturas políticas. Los roces entre los poderes militar y civil en la España isabelina fueron permanentes, con implicaciones de carácter personal y liderazgo político de insignes militares al frente de los principales partidos (Leopoldo O’Donnell, Ramón María Narváez, Baldomero Fernández Espartero), al igual que el contexto bélico y la sobreactuación del Ejército se convirtieron en componentes habituales del paisaje peninsular. Algo parecido ocurrió con la Iglesia, aferrada desde tiempos inmemoriales a sus amortizados patrimonios y privilegios (manos muertas), y cuyo pulso con el Estado a raíz de la desamortización de Juan Álvarez Mendizábal acabará en amistosa reconciliación plasmada en el Concordato de 1851, vigente hasta el franquismo.

Si exceptuamos el Bienio Progresista (1854-1856) y algunos tramos del periodo subsiguiente de gobierno de la Unión Liberal, el moderantismo es la ideología dominante en la monarquía isabelina, que encontró en la emblemática Década Moderada (1844-1854) sus más duraderas realizaciones. Sirvan de muestra, al margen de la histórica creación de la Guardia Civil, la centralización administrativa y jerarquización burocrática acometidas durante dicho periodo, de probada eficacia en connivencia con las oligarquías locales, y el centralismo asumido en la estructuración territorial del Estado, contrario al hecho diferencial y partidario del modelo uniforme. La confusión entre unidad y uniformidad fue un rasgo sustancial del liberalismo doctrinario decimonónico.

Juan Bautista Topete
La sublevación gaditana desatada en septiembre de 1868, con el brigadier Juan Bautista Topete a la cabeza, en pocos días llevó al exilio a la reina en medio de una gran expectación e incertidumbre. Detrás de estos acontecimientos revolucionarios se vislumbraba la incidencia desarticuladora de la crisis financiera de la década de 1860, junto al desprestigio interno de un régimen favorecedor de las clases propietarias y el descrédito personal de la propia Isabel II. El mayor problema estribaba en que, bajo la Gloriosa (nombre con el que se conoce la revolución de 1868), se plantearon muy diferentes soluciones a los males de la patria. Mientras que el general Juan Prim, cerebro pensante del golpe militar y redactor del Manifiesto, defendía una monarquía democrática en la línea modernizadora occidental, para políticos de la talla del líder catalán Francisco Pi i Margall, la receta idónea era el republicanismo como nueva forma de gobierno. Similar divorcio interpretativo se detectaba entre la tendencia reaccionaria de las guarniciones militares más significativas, monárquicas pero no isabelinas, y la opinión mayoritaria de la población civil, que exigía transgredir ésta y otras barreras seculares.

El Sexenio Revolucionario (1868-1874) presentó una cambiante morfología política, como acreditaron sus variados sistemas políticos: regencia de Francisco Serrano, monarquía democrática de Amadeo de Saboya y I República de tinte federal, unitario y presidencialista. Ahora bien, estas céleres transformaciones resultaban en buena medida epidérmicas, por cuanto pervivían hipotecas y numerosos rasgos de continuidad con la etapa anterior (aparato estatal, entramado socioeconómico), que explican a la postre el fracaso de este primer intento por consolidar un Estado democrático y de derecho en España. Ése era el objetivo de la Constitución de 1869, la primera en proclamar el sufragio universal masculino, la libertad de cultos pública y privada, y otros derechos fundamentales como los de reunión y asociación, claves para la formación del incipiente movimiento obrero en su vertiente política y sindical.
Amadeo I de Saboya

La renuncia irrevocable al trono de Amadeo I en febrero de 1873 supuso, en plena combustión política y con fundadas dudas sobre su legalidad constitucional, la paradoja histórica de que unas Cortes mayoritariamente monárquicas votaran, en un alarde de pragmatismo, la instauración de un régimen republicano. La meteórica experiencia de la I República, cuyo advenimiento transaccional provino de una negociación política, no consiguió traducir sus propuestas en una estabilidad parlamentaria, ni afianzar la España progresista soñada por una generación incapaz de traspasar el umbral de una revolución teórica. Por el contrario, la radicalización y el mesianismo revolucionario que ahogaron la fórmula federal contenida en el proyecto constitucional, cristalizaron en la revolución cantonal, un cóctel de frustraciones de índole regional, social y política. Las tropas del general Pavía dentro de las Cortes, en enero de 1874, se encargaron de poner el broche final a esta fugaz experiencia, a la vez que el pronunciamiento golpista del general Arsenio Martínez Campos en Sagunto (Valencia) unos meses después, disipó toda duda sobre el futuro próximo. Así se cierra esta página de la historia de España, donde la clase obrera comprendió que la burguesía nunca haría su revolución, y el regionalismo probó el sabor amargo tanto del centralismo como de la atomización cantonal.
 

El régimen oligárquico de la Restauración (1875-1923)

De la mano de Antonio Cánovas del Castillo, España retornó en 1875 a la forma de gobierno tradicional y a la dinastía borbónica con la figura de Alfonso XII, hijo de la destronada Isabel II. Liquidada la tercera Guerra Carlista y obtenido el beneplácito internacional para la opción restauradora, las preocupaciones de los nuevos gobernantes se centraron en olvidar las turbulencias del Sexenio Revolucionario y redactar un texto constitucional ajustado a las necesidades del momento.
Antonio Cánovas del Castillo

La Constitución conservadora de junio de 1876, la más sólida del panorama nacional al mantenerse en vigor hasta el golpe militar de 1923, regulaba una monarquía limitada en la cual la Corona se reservaba amplias prerrogativas merced al control del poder ejecutivo (nombramiento y cese del gobierno) y de la vida parlamentaria (disolución de las Cámaras, sanción y promulgación de las leyes). La defensa de la soberanía conjunta (Rey-Cortes), de la que Cánovas era su principal valedor, sintonizaba con la reeditada confesionalidad del Estado, la imprecisión a la hora de regular los derechos ciudadanos, pendientes por tanto del desarrollo normativo posterior, y un sinfín de calculados silencios, que hacían de la ambigüedad la clave de su dilatada vigencia. El bipartidismo de inspiración británica con conservadores y liberales turnándose en el poder, encontró en Cánovas y en Práxedes Mateo Sagasta a los carismáticos dirigentes de este sistema oligárquico y caciquil, que funcionó con escrupulosa regularidad hasta el nuevo siglo. La desaparición de ambos líderes y el fraccionamiento de sus respectivos partidos, víctimas de ambiciones y luchas intestinas, dieron al traste con este viciado aunque eficaz diseño político.
Alfonso XII y su segunda esposa Mª Cristina de Hasburgo-Lorena

El aislamiento internacional de España durante la centuria decimonónica, absorta en la resolución de sus problemas domésticos, determinó en estos años canovistas una política exterior pragmática, ecléctica y refinadamente pesimista (“no tienen alianzas los que quieren, sino los que pueden”, en palabras del líder conservador). El recogimiento exterior resultaba forzoso para este atípico Estado colonialista, confiado en sus derechos históricos y carente en sus posesiones ultramarinas de la imprescindible presencia militar y fuerza efectiva, como pronto tuvo ocasión de comprobar.


El 98 español se inscribe dentro de la redistribución colonial internacional motivada por la expansión imperialista, con notas peculiares pues se trataba de una guerra con Estados Unidos cuyo epicentro estaba en Cuba, ante la que se inhibieron las potencias occidentales. La pérdida de los restos del viejo imperio de ultramar (Cuba, Puerto Rico y Filipinas), no exenta de enajenaciones y transferencias respecto a las islas Palau, Marianas y Carolinas en la lejana Micronesia, sumió al pueblo español en una profunda crisis al haberse planteado el resultado como una disyuntiva entre la victoria o el deshonor patrio. De ahí que este 98, el ‘Desastre’ por antonomasia, sea el único no aceptado del cúmulo de reveses que sufrieron en idéntica fecha países como Portugal o Francia, significativos de la potencialidad de los nuevos colosos internacionales y del eclipse latino.

El impacto de esta liquidación colonial en la sociedad española, al margen de las secuelas económicas derivadas de la supresión de mercados y el reajuste hacendístico, suscitó una profunda autocrítica sobre las causas y posibilidades de remedio de tantas flaquezas. El movimiento regeneracionista, que tuvo en Joaquín Costa a su figura más señera, mostró un talante positivo al esforzarse en adecuar la gobernación a lo gobernado y proponer, desde posiciones muy dispares, medidas para el saneamiento de España. Ahora bien, intramuros, los problemas estructurales resultaban difíciles de erradicar. En el terreno social, por el manifiesto fracaso del modelo armonizador propuesto para atajar el conflicto entre el capital y el trabajo, y en el plano ideológico, por el agotamiento del juego político de la Restauración; en definitiva, por el hundimiento de las principales señas de identidad del sistema.

Alfonso XIII

Flanqueado el siglo XX, la subida al trono de Alfonso XIII en 1902 dio comienzo a un reinado donde iban a resultar fallidos los intentos de Antonio Maura y José Canalejas de desterrar el caciquismo y lograr la ansiada regeneración nacional. Acontecimientos como la Semana Trágica de 1909, que alió a los socialistas con los republicanos en contra del gobierno, o la interpretación de ataque frontal a la Iglesia y ruptura de relaciones con Roma a raíz de la Ley del Candado de 1910, evidenciaban la visceralidad con que todavía se abordaban algunos temas sin resolver y las aludidas interferencias de poderes, rasgo medular de la contemporaneidad española.
La coyuntura exterior, desde la gran guerra que desbarató la vida de los europeos, a los contratiempos marroquíes, cada vez más dolorosos para España, contribuyó a agravar el deterioro de la política nacional, con gabinetes de gestión y concentración que, a duras penas, capearon el temporal frente a una sociedad por momentos desencantada. La crisis de 1917, una compleja revolución militar, burguesa y proletaria que estuvo a punto de hacer saltar por los aires la monarquía alfonsina, concluyó con la cesión del poder civil ante las imposiciones militares. Las presiones de las Juntas de Defensa sobre un ejecutivo impotente, acarrearon una imparable militarización de la vida pública, agudizada por sucesos como el desastre de Annual de 1921. En medio del descontento generalizado, el desgaste de la Corona y la falta de credibilidad de las instituciones abrieron de nuevo la puerta a los golpistas ante la claudicación vergonzante del poder civil.





Datos obtenidos en la Enciclopedia Encarta `99

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Juana Castillo Escobar


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